Queridos hermanos en Cristo Jesús:
De una manera muy sencilla el pasaje de la Transfiguración, momento en el que Jesucristo se presenta delante de los apóstoles en su dimensión divina, es primero, para que crean en Él: “soy Hijo de Dios”; por otro lado para que no tengan miedo porque les ha anunciado que tiene que morir, que la resurrección viene después de la muerte; y en tercer lugar porque quiere también invitarnos a la vida eterna. Motivos muy actuales para nosotros, para que creamos en la Palabra de Dios.
Tres preguntas para reflexionar
Si leyéramos la Palabra de Dios cinco minutos todos los días, para hacernos estas tres preguntas: Primero, ¿Qué dijo Dios en ese momento que lo estamos leyendo? Vamos a ubicar qué me dice Dios en ese momento. En segundo lugar, ¿Qué me dice Dios ahora?; y en tercer lugar ¿qué respuesta surge en tu alma ante esa palabra de Dios, ante ese ponerlo en el día de hoy, para ti con nombre y apellido?, ¿qué me dice Dios hoy?, veremos que cada uno tiene una respuesta de Dios muy personal.
A la luz de este pasaje de la transfiguración, si cada día medito y le dedico unos minutos para estudiar “qué dijo”, para luego pensar “hoy, qué nos dice”, y en un tercer momento “qué me quiere decir”, en esos diferentes momentos la Palabra de Dios debe ser para nosotros una guía. Se habla mucho pero no se practica la Palabra de Dios, la verdad es esa, se interpreta, se comenta, se dice, se habla. Lo que el Señor quiere es algo más vivo, que se vea en tu vida que lees, meditas la Palabra de Dios, que se vea con tus obras ‘este ama a Jesús’.
En primer lugar el creer, en segundo lugar para que los apóstoles no tengan miedo, sabiendo Jesús que iba a ser muerto en la cruz, iba a ser maltratado, iba a caer en la desgracia humana, los poderosos iban a triunfar sobre Él, el escándalo de su derrota iba a crear una interrogante, ¿Era el Mesías?, ¿Era el Hijo de Dios?, iba a empezar la gran persecución. Los apóstoles se iban a desbandar con miedo a la muerte, al qué dirán, a los poderosos, a la injusticia, y por eso el Señor les muestra la grandeza de su divinidad para que en ese momento de duda puedan estos tres apóstoles recordar que esto es un paso para la Gloria.
Hermanos, en nuestra vida es igual. Cada día hay que morir un poco a esos caprichos, a esa comodidad, a esa flojera, a esos ataques desordenados de las pasiones, no es que alguien te moleste, tenemos en el propio cuerpo ese principio de corrupción, la inclinación al pecado y por lo tanto hay motivos para que tengamos ¡temor! de nuestra debilidad; si no fuera por el anuncio de Dios tenemos motivos en la vida diaria para decir: no cumplo lo que prometo, no hago lo que debo; veo tantas cosas en los demás que están mal y se va creando un clima de temor o de dejadez.
El Señor nos dice: No temas, aquí estoy
Hoy, el Señor nos dice de una manera clara: “No temas, aquí estoy, este es mi Hijo el amado, mi predilecto, escuchadlo”. Me anima a decir: yo he vencido al mundo, pero esa derrota del mal pasa por el sufrimiento, la tribulación, el arrepentimiento, el dolor, la penitencia, es el camino. No es que yo pueda, solos no podemos, podemos con Cristo. Necesidad de la oración, de la confesión, del rezo de Rosario, de conocerte cada día un poco más, pero temor ¡No!
Finalmente viene el tercer motivo, Jesús nos invita al esplendor de la gloria eterna, no nos obliga. La vida humana, hermanos, es el camino obligado para ir a esa vida eterna, por lo tanto ¡no es mala!, pero tiene barrancos, huecos, oscuridades, tribulaciones, enfermedad, maltrato, calumnias, pecados, momentos difíciles en los que tengo que renovar mi confianza en el Señor: ‘te amo, te pido perdón, te pido tu ayuda, el camino se me hace oscuro, angosto, empinado’; Él está a mi lado y me dice: Ese camino del hogar, del trabajo, de la juventud, de la ancianidad, esa enfermedad, ese amigo bueno, ese amigo no tan bueno, la realidad de nuestra vida, es el camino para ir a la vida eterna; depende cómo lo recorres, lo que no puedes es evitarlo.
Y el Señor dice: ¡No!, la materia prima para esa santidad es tu horario, tu carácter, tus amigos, tu trabajo, esos momentos de enfermedad o de oscuridad, ¡ese es el camino!, y lo que te voy a preguntar no es si tuviste tres o cuatro enfermedades, sino ¿cómo las recibiste?, ¿cómo te uniste a mí en esos momentos de dolor?, ¿confiabas en mí?, en las caídas y momentos oscuros de tu vida te acordaste del dolor del arrepentimiento, acudiste a ese sacramento de la reconciliación, fuiste donde ese amigo a pedirle perdón, te reconciliaste con tu marido, con tu esposa, supiste decirle a tu padre: perdóname fallé, llegué tarde, no te obedecí, te mentí; supimos reaccionar, allí está el tema, el Señor no se va a detener a complicarte, a condenarte y molestarte, lo que te va a preguntar en esos momentos es: ¿Dónde estaba yo?
La fe católica: ilumina de verdad el camino de la vida
La fe católica ilumina de verdad el camino de la vida. Amamos al mundo apasionadamente, pero nos damos cuenta que ese mundo nos presenta escándalos para alejarnos de Dios, no porque sea malo, porque nosotros los hombres lo hacemos malo.
Familias: pongan mucho empeño en ese amor y educación a los hijos, en esa obediencia a sus padres; gobernantes: pongan mucho empeño en la responsabilidad que la comunidad les ha entregado, serán objeto de un exigente examen. Quienes son humildes y sencillos y no tienen esa responsabilidad, muchas veces serán tratados con más misericordia.
Aceptemos nuestra vida tal como es
Aceptemos nuestra vida tal como es, luchemos para vivir más cerca de Jesús, en la palabra: léela, medítala, ponla en práctica; en la oración; en la frecuencia de los sacramentos, y luego vive intensamente tu vida, no te dejes abatir por tus pecados, por tus desánimos, por las dificultades ¡ese es el campo de entrenamiento!, y recuerda ese pasaje del Evangelio, donde Pedro nos dice: ¡“Qué bien se está aquí”! Esa vocación a la gloria eterna que tenemos en el alma tiene que ser muchas veces el estímulo para luchar. ¡Cuánto me amas Señor!, ¡Cuánto amor me espera!, y yo aquí en esta batalla diaria. La Cuaresma poco a poco me va llevando a esa mirada de la Pascua en dónde por la Muerte y la Pasión paso a la Resurrección.
Le pedimos a Nuestra Madre, ‘Condúcenos por ese camino que a veces se hace oscuro, que parecería que no puedo’. María nos acompaña y nos fortalece para que en este pasaje de la Transfiguración aprendamos a meditar la palabra de Dios a intimar con Jesús Eucaristía, Jesús Reconciliador, Jesús en el hermano, en el familiar, en el amigo, en el enfermo, y verás ¡Qué maravilloso premio nos espera después de esta lucha!
Así sea.