Queridos hermanos todos en Cristo:
En esta Santa Misa de Acción de Gracias, celebramos la Fiesta de la ciudad de Lima. Y lo celebramos mirando con esperanza su desarrollo material y su desarrollo espiritual. La gran familia limeña está de fiesta y se encuentra hoy con ese pasaje del Evangelio, un paralítico que es traído por sus amigos, introducido por el techo y cuando lo ponen delante de Jesús, lo primero que le dice es: “Tus pecados te son perdonados”.
La gente se sorprende, murmura: ¿Quién es éste que perdona los pecados? Y entonces Jesús le dice: “¡Levántate!, ¡Anda, para que vean que tengo fuerza sobre la enfermedad! Lo más grandioso que hizo Jesús para ese enfermo -que la gente piensa que tiene una gran ansiedad por caminar- Jesús que conoce los corazones sabe que ese hombre, en primer lugar quiere tener paz en el alma. Y esa paz se la han quitado sus pecados.
Esta escena del Evangelio de hoy, me lleva a meditar sobre esa misma situación en la vida diaria. Tantas veces el reclamo material, el hambre, la salud, la vivienda busca una rápida respuesta y se nos olvida la dimensión ética, moral, la educación, el comportamiento, y vemos como situaciones que complican la vida en la ciudad y en el país, dependen de una educación en el sentido más amplio, no solamente de un aula en primaria o secundaria.
Un consenso por el patrimonio de valores morales
Cuando preguntamos a la gente por nuestra ciudad, está contenta y se alegra de ver sus calles, plazas, parques, sus programas de vivienda, pero se queja fuertemente de la inseguridad, de la delincuencia. Se queja del caos vehicular que hace perder miles de horas a todos cada día, se queja del abuso de quien invade calles o de quien pone el ruido a todo volumen; se queja del desorden moral, eso no se arregla con leyes ni con represión. Eso se arregla si lográsemos convocar un gran consenso en la que todos estuviésemos de acuerdo que la delincuencia a los niveles que se tienen es inaceptable.
No es un problema ni judicial, ni policial solamente, es la ciudadanía. Pongámonos de acuerdo en hacer de nuestra ciudad una casa común, en la que todos cuidamos la moralidad pública. Los desafíos de las grandes urbes se desbordan del ordenamiento jurídico tradicional, van más allá, por lo tanto la ciudadanía también tiene que responder con creatividad e ir más allá: padres de familia, la misma Iglesia, y todos los elementos de la sociedad para hacer de la calle un lugar más seguro; para hacer del sistema vehicular, que evidentemente es complejo, un tema en que lo que no se tolera es el abuso y el maltrato de unos por otros. Esto lo comenta el Santo Padre Benedicto XVI cuando dice “si el progreso técnico y material no va unido a un progreso en la formación y comportamiento ético de las personas”, es decir, logrando que crezca ese hombre interior para que sea honesto, un buen vecino, para que no tenga éxito el sinvergüenza.
La ciudad tiene un gran desafío este año. Me atrevería a sugerir que esos valores cívicos, éticos, morales nos permitan acoger estas grandes reuniones que están programadas en una ciudad que vive en paz, que progresa cuando todos se ajustan a unas normas comunes, que impiden el individualismo egoísta, que mantiene un ambiente sano y productivo de relaciones humanas.
Impulsar la participación de todos
Por eso, hoy en este día de fiesta al agradecer a las autoridades el esfuerzo que realizan, al comprender lo difícil de la tarea que tienen encomendada, también con entusiasmo hay que seguir impulsando más participación para lograr un consenso que ayude a esa libertad para que no se convierta en arbitrariedad. Ese consenso por el patrimonio de valores morales, una ley no escrita pero una ley muy práctica, muy necesaria que nos hace mejores.
Señor alcalde, lo felicito, le agradezco su trabajo, su entusiasmo, impulsemos esta cruzada para que todos los limeños nos sintamos convocados a este gran acuerdo de valores que hay que definirlos e implementarlos; no es el momento ya de pensar en el marco jurídico, el marco policial, el marco político, ¡No!, estamos en una gran familia en donde el amor del padre, de los hijos, la colaboración de los vecinos, todo confluye a hacer de la familia un ambiente de paz, esto es lo que hoy deseo para la gran ciudad de Lima.
Invoquemos a nuestra Madre para que nos proteja, nos bendiga y los llene de entusiasmo en su tarea municipal.
Así sea.