Muy queridos hermanos en Cristo:
Hemos podido seguir en estos días por televisión la visita del Santo Padre a Estados Unidos, y vimos con mucha alegría como nos llena de esperanza con una sola idea: “En Cristo está todo”. Cuando nos alejamos de Cristo las cosas van mal, cuando nos acercamos a Cristo las cosas van bien.
Justamente, hemos celebrado el cumpleaños del Santo Padre y también el tercer año de su pontificado. Por eso, les recuerdo que para estar cerca de Cristo, el camino es su Vicario en la tierra: el Papa. Conocer su doctrina, leerla, estudiarla, rezar por el Papa, es una obligación grande para todos los católicos.
Cristo es la palabra revelada de Dios en Jesucristo
Hoy, en el evangelio encontramos algo muy cercano a nuestra vida. Los apóstoles han vivido con Cristo, han visto los milagros, han visto resucitar muertos, han escuchado su palabra, han visto perdonar pecados, han visto la multiplicación de los panes, han estado junto a Él día y noche, saben de su amor, de su bondad, conocen su doctrina. Y, ¿qué ocurre? Que pese a todo cuando el Señor está hablando con ellos, se da cuenta que entre sus discípulos tiembla el corazón, tienen miedo; entre sus discípulos falta la fe, no creen en Él.
Cuando nosotros de una manera tal vez demasiado fácil decimos ‘yo creo, yo estoy decidido, yo pongo en práctica, yo soy un hombre bueno, yo busco a Dios, yo quiero a la Iglesia’; no será bueno volver a preguntarse ¿Es verdad todo lo que dices? Porque esos hombres escogidos por Dios, que han estado muy cerca de él, ¡no les pasa lo mismo! ¿Tú serás mejor que los apóstoles? O hay mucha vanidad, soberbia o ligereza. Vale la pena preguntarse cómo es mi acto de fe: ¿Es una confianza en mi manera de pensar? ¿Es un acto de fe que ante una dificultad se quiebra? ¿Es un acto de fe que se acomoda según las circunstancias? O, es un acto de fe ¡en Cristo!, sólo en él ¡hasta la muerte! ¿Puedes demostrar que crees en Él hasta la muerte? ¿Lo pones en práctica en tu vida diaria?
Los apóstoles que se creían muy fuertes, muy audaces; sin embargo, tiembla su corazón, no están tan seguros. Y cuando Jesús les dice que va a prepararles un lugar en la vida eterna, dudan más ¡De qué habla! Y, nosotros ¿creemos en la vida eterna sin haberlo visto, sin haber estado con él? ¿Estás seguro? ¿Cómo se explica que cometamos pecado si creemos en la vida eterna? ¿Cómo podemos explicar que en nuestra vida hay tantos rincones que no tienen nada que ver con la vida eterna? ¿Cómo hacemos?.
El acto de fe hay que revisarlo, el don de la fe es algo que Dios nos da, pero ¿Cómo respondemos? Los santos respondieron con una fe hasta la muerte, acogieron la fe, vivieron la fe. Y cuando llegó el momento entregaron su vida, su trabajo. Pero, en nosotros como es la respuesta ¿Cómo anda tu fe? ¿Por qué crees? ¿Por qué te gusta, por qué estás de acuerdo? O, ¿crees por nuestro Señor Jesucristo? Es el único motivo para creer ¡Creo por Jesucristo! No creo porque me gusta tu idea, ni porque me han conversado, ni porque estoy de acuerdo ¡No! ¡Creo porque es la palabra revelada de Dios a través de su Hijo Jesucristo, que no engaña! Si Jesús me pide todo, ¡lo doy todo! Esa palabra de Dios se manifiesta en nosotros a través de los sacramentos, de la palabra revelada, la Sagrada Escritura leída y estudiada, meditada a través del Magisterio de la Iglesia que nos enseña el Santo Padre y los obispos unidos al Papa. Está muy claro por donde viene esa fe en Jesucristo, todo lo demás es adorno.
Jesús nos dice que es Él es el Camino, la Verdad y la Vida
Después de escuchar a Jesús, interviene Tomás: Señor, ¿No sabemos hacia donde vas? ¿Cómo podemos saber el camino? No le creen, pero son sinceros y le preguntan; y Jesús les responde: “Yo soy el camino, la Verdad y la Vida”. El camino por los sacramentos; la verdad por la palabra revelada; la vida por esa amistad de la oración con Cristo realmente presente en la eucaristía, no hay más caminos. Allí se mide si sigo verdaderamente a Cristo.
Y luego que les ha explicado esto, Felipe no cree, insiste; y le dice: Señor, muéstranos al Padre y nos basta. ¡No cree! Todo lo que no ve no cree, enfermedad muy actual, sólo creo lo que veo y sólo acepto lo que me gusta. ¡La cruz! depende, ¡La verdad! depende. Hermanos, esto es el relativismo.
Por eso, Jesús les dice: “Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí” –y todavía le dice- “sino me creen, crean en las obras”. Obras de apostolado, de oración personal, de amor al prójimo. Y termina diciendo: “El que cree en mí también él hará las obras que yo hago y aún mayores, por sus frutos los conoceréis” ¿Qué frutos? Frutos de bondad, de verdad, de justicia, de educación, de respeto, de amor a Dios, de oración, de generosidad, de conversión, de perdón, de humildad, de alegría, ¡Frutos de la Gran Misión de Lima! Esos son los frutos que el Señor espera de nosotros como muestra de que creemos en Él.
Vamos a pedirle a nuestra Madre que nos ayude a seguir ese camino tan claro: Yo soy el Camino ¡Jesús! Yo soy la Verdad ¡Cristo Revelado! Yo soy la Vida ¡La Eucaristía, Oración! No hagamos de la religión algo complicado, allí están las líneas muy claras; y si quiero estudiar ¡El Catecismo de la Iglesia Católica! Y todo esto, hermanos nos llena de gozo, de frutos y nos llena de la alegría de colaborar con Cristo en la extensión de la fe católica.
Así sea.