La liturgia del día de hoy es muy pedagógica, se inicia a oscuras; así están los hombres cuando falta la fe en Cristo. Luego el fuego, el Cirio Pascual, símbolo de Cristo que resucita glorioso. Cristo, luz de la humanidad dispersa. Cristo, ilumina las tinieblas del corazón. Cristo, ilumina a cada persona que está en el mundo. Cristo, ha resucitado verdaderamente, la muerte no tiene más poder sobre Él.
Esta verdad cambia el mundo, hace que toda la historia de la humanidad adquiera un nuevo rumbo. Cada uno puede preguntarse si de verdad quiere seguir a ese Cristo Resucitado.
Estudiemos y meditemos la verdad sobre Jesucristo y su Iglesia
Juan Pablo II nos aconsejaba hace años que deberíamos estudiar, meditar con más tiempo y con más profundidad la verdad sobre Jesucristo ¿Quién es? ¿De dónde viene? ¿Para qué ha venido? ¿Dónde está? ¿Qué quiere de mí? ¿Dónde lo encuentro?
El Papa Benedicto XVI, en su libro “Jesús de Nazaret”, sobre la vida de Jesucristo nos da una enseñanza maravillosa. Por eso, hoy en esta noche de fiesta te aconsejo: ‘medita la vida de Cristo, conócela, procura vivirla e imitarla’. Ahí está el secreto de todo.
Y también nos decía Juan Pablo II: “estudia, medita y profundiza sobre la verdad de la Iglesia”. ¿Qué es la Iglesia? ¿Dónde está la Iglesia? ¿Por qué la Iglesia? ¿Quién dirige la Iglesia? ¿Está Jesucristo en la Iglesia? ¿Cuántos sacramentos tiene la Iglesia? Toda esa vida espiritual, jerárquica, de sacerdotes y obispos, la vida de la gracia.
Hermanos, en un mundo que presume de una gran capacidad de modernidad y de estudio, donde se analiza y se investiga todo. ¿Y la Iglesia? Nuestros abuelos tal vez conocían mejor la Iglesia que nosotros. Y hace trescientos años probablemente también lo sabían mejor; y a veces, – hay que decirlo- nuestra Madre, la Iglesia es muchas veces ignorada.
Son muchas preguntas que nos vienen a la mente, y hoy con esta luz, con este Cirio Pascual estamos diciendo que esta verdad ilumina tu inteligencia, tu voluntad y te muestra el camino para aprender a vivir. Me pregunto ¿Conozco quién es Jesús? ¿Conozco a mi madre la Iglesia? ¿La conozco bien?
Y la tercera dimensión que nos decía el Papa en aquella ocasión: “estudiar también la verdad sobre el hombre”. ¿Quién es? ¿Cómo es la persona? ¡Somos imagen y semejanza de Dios! Lo hemos leído ahora en el Génesis. Con la venida de Jesucristo hemos pasado a ser hijos de Dios, hermanos en Cristo. En el Evangelio el mismo Jesús Resucitado le dice a María Magdalena: “Vete y anuncia a mis hermanos”.
En el Evangelio, antes de la resurrección, solía llamarnos amigos. Viene la resurrección y ya nos llama hermanos. Soy hermano de Cristo. Soy hijo de Dios, hermano en Cristo. Adoptado por la gracia.
Gran Misión de Lima: Tiempo para conocer mejor las verdades de nuestra fe
¡Que grandeza la vocación del hombre! ¿Qué es la libertad? ¿Qué es la felicidad? ¿Cómo se logra vivir en la verdad? ¿Por qué a veces esos sentimientos cambiantes? Hermanos, hay que conocer y estudiar la verdad sobre el hombre, sobre cada uno de nosotros.
La Iglesia tiene que enseñarla y aprenderla de modo sistemático. Para ello tenemos el Catecismo de la Iglesia Católica, el Compendio más resumido. Por ello, la Gran Misión de Lima, nos invita a estudiar, a prepararnos. Y convoco a los padres de familia, a los profesores, colegios, escuelas, institutos superiores, universidades, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, y a los medios de comunicación a esta gran cruzada para dar a conocer estas verdades que son la luz que ayudan a vivir mejor, que dan paz, que es la grandeza que nos trae la resurrección.
Es cierto que no sólo basta con conocer la verdad, no basta sólo conocer quién es Jesucristo, quién es la Iglesia, quién es la persona. Hace falta también amarla. Amar a Jesucristo, amar a la Iglesia, amarnos entre nosotros. Hay épocas de la historia en las que hay que aprender lo más elemental, y esta es una de ellas: hay que aprender a amar. Se nos ha olvidado, y estamos confundiendo cualquier inclinación con el amor. Y hemos visto en estos días del Triduo Pascual que el amor de Cristo ¡es Entrega! ¡Muerte! ¡Sufrimiento! ¡Alegría!
La luz del Cirio Pascual nos recuerda que estamos llamados a la santidad
Por eso, para ser sus discípulos, deja que esta luz que viene del fuego, que viene de la cruz y que hoy nos habla de alegría y de gozo queme nuestros pecados. Yo no me cansaré de repetirlo porque me conozco, todos los días, hermanos, tenemos que luchar contra el pecado. No contra el otro ¡No!, contra problemas que surgen cada día en las calles ¡No! ¡Luchar contra el pecado! Para que seamos gente que ama, que respeta, que obedece, que es más generosa, que evita el odio, la cólera, el grito, la flojera, la vanidad, la soberbia ¡Cuesta!
Y esa lucha exige de nosotros sacrificio. Por eso, esta luz que ilumina, también es fuego que quema. Que hoy, quememos todos en el gozo de la resurrección esas cenizas de nuestra vida pasada, de nuestros rencores, de nuestros egoísmos. Surjamos con una vida nueva, que viene de Cristo.
Por eso, la luz de este Cirio Pascual que refleja la Resurrección de Cristo, nos dice una verdad muy sencilla: ‘estamos llamados a ser santos’, estamos llamados a vivir la vida de Cristo, estamos permanentemente en ese caminar para ir acercándonos a la luz, a Cristo. Lo comemos en la Eucaristía, ¡Sí!; nos lava en el Bautismo, ¡Sí!; nos sana en la Confesión; nos fortalece en la Confirmación; nos ayuda en la fidelidad matrimonial; nos pone la huella del carácter, la potencia para poder ser sacerdotes en el orden; y nos acompaña y nos asiste en el camino a la otra vida, en la Unción a los Enfermos. Y, ese camino de Cristo va iluminando, señalándonos esos mandamientos, acompañándonos en cada rincón de la vida. ¡Que bonito es ser cristiano!
El relativismo intelectual y pragmático distorsiona la verdad
Es verdad que nos encontramos en un momento en el que hay un relativismo intelectual, donde la verdad depende de cada uno. Cada uno dice su teoría y se queda tan tranquilo. Yo me pongo a pensar, y ¿Por qué no se hace lo mismo en la economía, en la matemática, en la geografía?
Y cuando hablamos de la verdad, la verdad de Cristo, la verdad de tu vida, la verdad de la fe y la verdad de la Iglesia, vemos y leemos que cada uno dice lo que más le viene a la cabeza. Unos con más entusiasmo, otros con un poco de ignorancia, y cada uno va diciendo lo que le parece. Y estamos hablando de verdades ¡importantísimas!
Hermanos ¿Por qué esa enfermedad?, ¿Ese relativismo moral, en el que las verdades sobre la verdad y el bien se discuten? Jesucristo hoy, me dice: ‘Cree en mí, he resucitado, te garantizo que todas mis enseñanzas son verdad’.
Y también nos encontramos no sólo en un relativismo intelectual, sino pragmático. Cada uno busca el bien por el camino que quiere. La familia es un bien, la educación es un bien, la paz en un bien, la verdad es un bien. Jesucristo nos anima a buscar la verdad y el bien. Todo esto nos lleva a una conclusión: debemos reafirmar la primacía de los bienes espirituales sobre los bienes materiales. O como decía el Papa Juan Pablo II, del “ser sobre el tener”.
Como Pastor de la Iglesia los animo a cultivar esa formación espiritual, a leer el catecismo, a tener momentos de oración, a no darles todo lo material a sus hijos porque los malogran.
Oportunidad para renovar nuestro bautizo
Por otro lado, en esta liturgia vamos a recibir en la Iglesia a un grupo de personas que van a recibir los Sacramentos de la Iniciación: el bautismo, la confirmación y la Eucaristía. El Bautismo, que nos sana del pecado y nos eleva a la condición de hijos de Dios. También un llamado a todos a renovar con frecuencia nuestro bautismo ¿A qué me he comprometido? Es una manera de vivir cristianamente. En la Gran Misión de Lima haremos un esfuerzo muy especial en enseñar bien cada uno de los Sacramentos de la Iniciación para los que van a recibirlos y para los que ya lo han recibido.
Hermanos, hoy suenan las palabras dichas por Jesús a estas mujeres: “no tengan miedo, y comuniquen a mis hermanos que vayan a Galilea, ahí me verán”. La alegría, ¡Qué precio tan alto ha pagado Dios para darnos esta alegría!
Seamos conscientes de que nuestra vida puede ser una maravilla o puede ser caminar en tinieblas. María, ¡qué buena es!, ¡como nos enseña como criatura a perseverar! Ha sido fiel, ha cumplido la palabra, ha estado al lado de la cruz, ha acompañado a los discípulos y se ha quedado con ese testamento de su Hijo: “Ahí tienes a tus hijos”. Nosotros; y nosotros con esa maravillosa responsabilidad: “Ahí tienes a tu madre”.
La devoción a María es señal clarísima de ser fieles a Jesucristo Resucitado. Por eso, obras son amores y no buenas razones. A todos ¡Muy feliz Pascua de resurrección! ¡Jesucristo ha resucitado! ¡Jesucristo está con nosotros!, nuestra vida no tiene motivo más que de alegría. La Iglesia nos acoge como buena madre. Vayamos por esa senda, aprendamos el arte de vivir con Cristo, nuestro Hermano.
Así sea.