Queridos hermanos todos en Cristo:
Hoy al cumplirse cinco años de haber recibido el encargo de pastorear esta parroquia, en primer lugar, le damos gracias a Dios porque durante este tiempo las zonas se han acercado más a Dios, han encontrado paz y las familias han encontrado la luz a través de este trabajo apostólico.
Podemos repetir las palabras del Salmo: “El Señor es mi luz y mi salvación”. Una cosa pide el Señor, habitar en Su Casa. Damos gracias a Dios, también a ustedes que han colaborado para hacer de la Casa de Dios una casa de encuentro, de oración, de conversión, Han sido muy generosos al colaborar cada uno en la medida de sus posibilidades. Que Dios les pague.
Iniciativa de Dios: llamada a vivir unidos a Él
Mi especial agradecimiento a la generosidad de nuestros hermanos de Pro Ecclesia Sancta, teniendo tantas responsabilidades, dedicarle sacerdotes, comunidad, trabajo, esfuerzo. Ello es parte de lo que la Iglesia nos enseña, justamente en el pasaje de San Pablo de hoy: ‘vivamos unidos’; si cada uno con lo que aporta en la Iglesia, si vivimos unidos en ese amor a Cristo, a nuestra Madre la Virgen del Carmen; si vivimos como una comunidad que brota de la Eucaristía, cuando comulgamos, surge por iniciativa de Dios una llamada a vivir unidos a Él. Entonces si todos estamos unidos a Él, ese común denominador nos hace hermanos en la unidad, en Cristo; Hijos de Dios en Cristo, la unidad la hace Él.
No es solamente ser buenos, es dejar principalmente que la Eucaristía, Cristo con su cuerpo, sangre, alma y divinidad ponga esa semilla en tu alma, en tu pensamiento para que seas un elemento de unidad, porque si estoy con Él voy a mi esposa, hijos, trabajo diciendo ¡unidad!
No es una estrategia política, o de un grupo, ¡No!, es un deseo de Dios para que todos seamos uno, nos dice Jesús: “Como yo estoy en mi Padre, y mi Padre vive en mí”, la unidad es tan importante que es condición para la vida, es fundamental para la familia estar unidos a Cristo. Por eso se entiende que puedan decir: Cardenal ¿y, los que no viven con Cristo?” ¡Están muertos!
Cuando falta la vida en Cristo surgen todas estas obras de la muerte: el odio, la violencia, la mentira, la injusticia, la venganza, el egoísmo, la droga, se rompen los hogares; cuando falta la unidad en Cristo surgen estas consecuencias, ¡no nos sorprendan! No somos profetas de desgracias, pero no nos podemos callar. San Pablo lo tiene que decir a la primera comunidad: “Hombres del mundo, no anden impíos, estén bien unidos con un mismo pensar, con un mismo sentir, he escuchado que están discutiendo diciendo yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, y preguntaré, ¿están unidos a Cristo?”.
En este lugar, en la casa de Dios, procuren recibir con frecuencia la Eucaristía con el alma limpia; y de allí brota una fuerza interior que es de Cristo que llama a la unidad, a saber escuchar, a saber perdonar, a saber convencer.
El Evangelio nos describe cómo Jesús sale a predicar, sale a sembrar y nos dice: “Conviértanse, estén cerca del Reino de los cielos”. No es conviértanse porque es el amor, o porque somos muy buenos, ¡porque está Cristo!, Él es el que nos convierte, y todos necesitamos conversión.
Cada uno recibe una llamada
Y va pasando con este deseo de llevar la felicidad, la luz, la paz, a su lado está Simón, llamado Pedro, Andrés su hermano estaban trabajando como tú en la vida diaria. Como los Apóstoles, Pedro era pescador, estaba pescando; -tu eres estudiante, estas estudiando; eres obrero, trabajas; eres una autoridad, gobiernas; eres una ama de casa, atiendes tu casa- donde estamos nos mira y lo que dice es: “Ven, sígueme, los haré pescadores de hombres”.
Cada uno de nosotros recibe una llamada, una luz, una inclinación, una fuerza, no es un decreto por el cual Dios obliga, ¡No!, es una luz que se enciende y vez más que antes. Es una luz que te da mayor impulso, es una alegría que te anima a buscar paz en Dios a través de mil circunstancias pero es Jesús quien te llama a esa mayor luz, paz, felicidad. Es muy bonito e inmediatamente, allí está la diferencia. Es Dios el que llama, yo no. Cristo llama e inmediatamente: “Dejaron las redes y lo siguieron”.
Luego pasa al lado de Santiago y Juan -también pescadores- que estaban arreglando las redes con su padre Zebedeo; y Jesús también los llama, ¿por qué? Porque Él quiere hacer su mies, como ahora, necesita de apóstoles para eso los exhorta en esa misión, y también nos dice que Jesús los llamó e inmediatamente dejaron la barca, a su madre y lo siguieron.
Él iba con ellos, enseñaba, proclamaba el Evangelio, curaba las enfermedades y las dolencias del cuerpo. Para eso vino Jesús, para salvarnos y para curarnos de las enfermedades, para ayudar a los demás. No vino a ser un gran político. Parecería que Dios quiere el silencio en la oración para que allí se enciendan los propósitos, los deseos para encontrar respuesta a las preguntas. Por eso hermanos, la casa de Dios, la Parroquia es el lugar donde ustedes tienen la suerte de encontrar paz, serenidad, alegría; para encontrar el perdón de los pecados en la confesión y la compañía de María Santísima
Y todo esto por la generosidad de una asociación, del grupo Pro Ecclesia Sancta que han dicho: ‘Aquí estamos Señor’, ¡dejaron todo y aquí están! En la Iglesia, como saben, hay muchos grupos y muchas instituciones, pero todos unidos en Cristo, sino muere la Iglesia, es muy fuerte lo que digo, es verdad. Las discordias y las divisiones no son de Dios. Por eso que Dios ilumine el trabajo de ustedes en la Misión, que los llene de entusiasmo, que siga creciendo esta comunidad parroquial y todo el barrio en sus zonas.
Que el Señor bendiga con muchos frutos a todas las familias, a la juventud, también con muchas vocaciones. Todo esto lo ponemos en manos del Señor en esta Eucaristía y con mucha alegría emprendemos con entusiasmo esta Gran Misión de ir nuevamente con esa alegría en nombre de Dios enseñando, contagiando la felicidad; y yo les digo como Pastor ¡Ánimo! hace falta gente, voluntarios, jóvenes que no escondan su libertad en cajón y cuando sea grande ya veré, que sepan que la libertad es una decisión. Qué bonito sería que de acá a algún tiempo podamos decir: ‘Señor, gracias, ha habido dificultades, momentos difíciles, pero una gran luz ha venido de Jesús en la Eucaristía’.
Así sea.