- Domingo, 27 de abril de 2008 -

 

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani en el VI Domingo de Pascua

Domingo, 27 de abril de 2008

Muy queridos hermanos en Cristo:

Mañana en esta Basílica Catedral, a las siete de la noche se inicia la Gran Misión de Lima, una convocatoria para que todos colaboremos: sacerdotes, religiosas, religiosos, jóvenes, laicos, ancianos, casados, solteros, niños.

En la carta del apóstol san Pedro encontramos hoy un motivo para decir; y ¿Qué vamos a hacer? ¿En qué va a consistir la Gran misión? Y san Pedro nos dice “estén siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que la pidiere”. Encontramos en esta palabra revelada la razón para decirle a los demás, porqué tengo esperanza, en quién espero y qué espero.

La razón de nuestra esperanza es una ley viva, ¡la persona de Cristo!

Y esta tarea hermanos, normalmente se desarrolla en lo que es nuestra ocupación: el profesor, enseñando; la madre de familia en su casa; el sacerdote predicando, administrando los sacramentos; la gran mayoría en ese ambiente donde desarrolla su trabajo, donde encuentra a su familia; y el que está enfermo también puede dar razón de su esperanza en la serenidad, en la paciencia con la que lleva su enfermedad. Y así podemos sentirnos todos convocados para dar razón de nuestra esperanza, para decirle a la gente ¡Cristo ha resucitado! ¡Ya no tiene razón el que puedas estar triste! ¡Él ha vencido a la muerte! Nos ha invitado a la vida eterna, ha vencido al pecado, nos ha invitado a esa vida en Cristo.

Por lo tanto, esa llamada de la esperanza a ser santos, es una llamada a ser felices, buenos, generosos, honestos, trabajadores; una llamada a ser humanos porque si no somos humanos no podemos ser divinos. El camino a Dios pasa por el hecho de que cada uno de nosotros, en primer lugar pueda decir con sinceridad ¡soy humano! Es decir, cumplo con los deberes de dignidad, respeto, de cuidado de mi cuerpo, de un trato como dice san Pedro, “manso, respetuoso, buena conciencia”.

La llamada a la santidad no es otra cosa que Jesucristo se hizo hombre para que el hombre pudiera subir a Dios; pues, muchas veces en donde caemos es en las faltas de humanidad. Por ejemplo, la persona que miente hace daño a la humanidad, a su dignidad; la persona que abusa del cuerpo faltando al sexto mandamiento, ¡maltrata su dignidad!; la persona que todo el día piensa en sí mismo por orgullo, por soberbia, por vanidad se hace daño a sí mismo.

Hermanos, en esta gran misión vamos a dar razón de la esperanza de que Dios nos ha creado a imagen y semejanza, y su Hijo Jesucristo nos ha invitado a ser ¡humanos y divinos!; y a una vida eterna.

Son palabras bonitas, pero ¿Qué debo hacer? Vayamos al evangelio donde Jesús nos dice “si me amas guardarás mis mandamientos”. Todos sabemos que son diez los mandamientos, si amas a Dios, si quieres venir a la misión, conoce los diez mandamientos ¡practícalos! Pero no como una ley que te obliga, Dios no impone a nadie. La razón de nuestra esperanza es una ley viva, ¡la persona de Cristo!; en Él encontraremos hecho realidad todos los mandamientos.

El Espíritu Santo nuestro Gran Defensor

Si uno quiere examinarse, ayudar a otros, aprende bien los diez mandamientos ¡medítalos! y cúmplelos como dice el Señor, si me amas por amor. Cuando uno dice “Honrar a su padre y a su madre”, cuando uno dice educar bien a sus hijos, cuando se dice ‘respétense, ténganse paciencia en el hogar’ ¡Por amor! No es por imposición de nadie; y así podemos ir viendo cada uno de los mandamientos.

Y el mismo Jesús nos dice “Yo voy a pedirle a mi Padre que mande otro Defensor que esté siempre con ustedes” ¡Espíritu Santo!, es Él quien me llama, quien mueve el corazón para aceptarlo. No es una relación que el obispo dijo y yo he entendido, ¡No!, solos no podemos hacer ¡nada! De qué me sirve repetir, explicar, ¡si el Espíritu Santo no nos mueve!

En el fondo de tu corazón, de tu conciencia acostúmbrate a dialogar con el Espíritu de la verdad. Ocurre que también nos dice Jesús ¿por qué una misión?, si usted nos dice algo que todos queremos hacer, pero Jesús dice ¡No!, el mundo no puede recibirlo, no lo ve, no lo conoce, ¡Dentro de poco el mundo no me verá! Hay mucha gente que sabe esto, pero no lo practica, y entonces no siente la fuerza, y hay que responderles ¡Cristo puede más! ¡El Espíritu Santo, te alivia, te ayuda, te confirma! Si tú sientes que no puedes es porque no estás acudiendo al Espíritu Santo, o es ¡la soberbia!, te crees Dios, quieres hacer las cosas solo.

Por eso, hermanos, Jesús nos acaba de decir “quien acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama y al que me ama lo amará mi Padre y yo también lo amaré y me revelaré a él”. ¡Qué palabras más claras! Jesús está con nosotros, el Espíritu Santo está ¡ahora! Si no lo ves, no lo escuchas es porque no lo amas y si no lo amas es que no vives los mandamientos; y si no vives los mandamientos estás en pecado.

Acércate al sacramento del perdón, la vida no es tan complicada, hermanos, la vida es muy bonita, pero hay que luchar todos los días, pero si podemos en la medida que dejes actuar al Espíritu Santo, en la medida que obedezcas lo que te enseña la Iglesia, en la medida que conozcas el evangelio ¡Ánimo!

Vamos a pedírselo especialmente a Nuestra Madre, Nuestra Señora de la Evangelización, ¡Madre mía, que empecemos esta misión mañana dando razón de nuestra esperanza, llevando la alegría, la ilusión, el entusiasmo de la fe a mucha gente; y para tenerla nosotros vivir bien los mandamientos! No te olvides, se va al cielo el que vence la última batalla; y cómo no sabemos cuál es la última más vale que luchemos en la de ahora. Algún día esa lucha de hoy será la última, luchemos cada día con ilusión en esas pequeñas batallas y verán como el Señor les va llenando de entusiasmo, de ilusión.

Así sea.

 
 

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