“Vayan por todo el mundo y hagan discípulos, enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado”.
Estas palabras del evangelio de san Mateo que acabamos de escuchar son palabras de Jesucristo que resuenan en esta Basílica Catedral Primada, iniciando la Gran Misión de Lima con esta solemne eucaristía, el día en que la Iglesia en Lima y en el Perú celebra la solemnidad de santo Toribio Alfonso de Mogrovejo, segundo arzobispo de Lima y Patrono del Episcopado latinoamericano.
Saludo con el gozo de nuestro Señor Jesucristo a mis hermanos obispos, aquí presentes, al señor Nuncio Apostólico, a los sacerdotes, religiosos, religiosas, a todos los fieles de las diversas parroquias y movimientos que hoy se han dado cita en esta magna ocasión. Les agradezco profundamente el esfuerzo que han realizado para estar aquí presentes y poner en funcionamiento esta acción grandiosa del Espíritu Santo: La Misión de Lima.
Caridad misionera: ocasión para experimentar el encuentro personal con Jesucristo Vivo
Estamos hoy, hermanos, obedeciendo un mandato de Jesucristo, en su Nombre, ponemos hoy en alto lo que podemos llamar la caridad misionera, esa acción de la gracia que nos impulsa a ir por todo el mundo. La iglesia de Lima emprende esta maravillosa tarea de llevar el evangelio a todos los rincones de nuestra jurisdicción para que todas y cada una de las personas tengan la ocasión de experimentar el encuentro personal con Jesucristo Vivo.
Esta acción, la realiza primero el Espíritu Santo en nuestros corazones, él nos ilumina para reconocer en nuestro interior esa gran sed de Dios, que nos conduce a salir de nosotros mismos y abrir la esperanza a otros. La misión primaria de la iglesia es evangelizar, esto es lo que nos proponemos hacer en la Gran Misión de Lima que hoy iniciamos.
Nos dice Jesús “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”. Les repito para que podamos meditarlo con profundidad, la misión es Cristo en acción, es Cristo que quiere servirse de nosotros para actuar en las almas, para llegar a tanta gente que lo espera, para consolar, para iluminar, para convertir; hay una profunda sed de Dios.
La acción de Cristo no se ha hecho más pequeña, está buscando en nosotros los instrumentos. Él es la luz que ahuyenta los pecados, Él lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, doblega a los poderosos.
La Iglesia es misionera por mandato de Cristo
La meta de esta actividad misionera –la Iglesia es misionera por mandato de Cristo- “vayan por todo el mundo”. Cristo quiere seguir hablando, actuando, entrando en nuestros hogares, en nuestras almas, quiere lavar, quiere corregir, quiere animar, quiere unir, quiere sembrar el amor, quiere crear esa civilización del amor, quiere mostrarnos ese arte de vivir con Cristo.
La meta de nuestra actividad misionera a través de la pastoral, de la catequesis, de la predicación, de las clases de religión, de las visitas a los hogares, de los cenáculos, de las escuelas de formación, para los sacerdotes de nuestro ministerio sacramental; es ayudar a todas las personas a establecer y alimentar una relación vital con Jesucristo, nuestra esperanza.
Por ello, hemos establecido un primer momento en esta misión: La formación doctrinal. En el documento de Puebla hay una referencia amplia sobre la necesidad de una mayor preparación, tenemos que conocer mejor el contenido de nuestra fe, de los sacramentos, de la doctrina social de la Iglesia, la doctrina moral; tenemos que aprender esa sabiduría divina, que tal vez la encontramos descuidada, o que tal vez la velocidad a la que se vive impide que en lugares como el colegio, la universidad, los medios de comunicación, el ambiente familiar, la palabra de Dios se haga eco en el corazón.
Este esfuerzo grande, constante de que las escuelas vicariales, parroquiales, de que en los hogares con los diferentes modos, sea una cátedra en donde la palabra de Dios, el catecismo de la Iglesia se vuelva a estudiar, a leer, a encontrarse con este Jesús que quiere entrar en los corazones de todos. Los animo e invito a la formación doctrinal en estas escuelas de animación.
La Gran Misión nos llevará a ser auténticos discípulos y misioneros de Cristo
Esa verdad que queremos aprender para vivirla y enseñarla, no es una imposición, tampoco es un mero conjunto de reglas; esa verdad es una persona ¡Jesucristo! Él es quien quiere establecer con cada uno de nosotros esa intimidad. Salgamos a su encuentro con ánimo, con esperanza.
“La dinámica, -decía el Papa Benedicto XVI recientemente- entre el encuentro, el conocimiento y el testimonio nos llevará a todos a ser auténticos discípulos y misioneros de Cristo”. Encuentro: experiencia; Conocimiento: estudio, formación; Testimonio: público, en la vida que desempeñas, seamos coherentes ¡He encontrado a Cristo!, ¡Lo he conocido! ¡Te lo presento! Con mi vida, con mi palabra, con mi experiencia.
Esta tarea de vivir con esfuerzo, esta experiencia de formación y el testimonio que debemos dar, nos invita a promover con especial fuerza ese testimonio público de esa verdad que es Cristo, que es amor. Es indispensable que el discípulo que conoce y ama a Jesucristo sea un testigo visible en su lugar de trabajo. Junto a esa formación vendrá esa tarea de visitar las casas, de visitar hospitales, colegios, universidades; como los discípulos de Emaús, con el corazón ardiendo.
“La verdad, amante del evangelio es creativa y capaz de cambiar la vida, -nos dice Benedicto XVI- el contacto con la palabra de Dios siempre actual, siempre viva iluminará nuestras mentes, formará nuestros corazones”.
Hermanos, qué importante la formación del corazón, aprender a amar, aprender a perdonar, aprender a comprender, aprender a ser amigos. Los discípulos de Cristo, llamaban la atención en aquel mundo pagano -acuérdense de esas palabras de Tertuliano- ¡Mira como se aman!
Jesús, que esta misión nos lleve a todos a dar ese ejemplo ¡Mira cómo se aman! Formemos el corazón, no dejemos que entre en el corazón el pesimismo, o a veces el sentimentalismo que nos cansa, que nos desanima. Aprendamos a amar ¡Qué bonito es vivir cuando se ama!
Un llamado especial a los laicos y a la familia, primera escuela de fe
De manera especial hago un llamado a todo el laicado, esos fieles bautizados para que se formen sólidamente en la fe y desde la fe. Por eso, ese programa de formación para adultos es tan importante en la Gran Misión de Lima.
Los desafíos del mundo actual también requieren de una formación moral, una conciencia rectamente formada. La iglesia como madre buena nos pide que seamos fieles a sus enseñanzas: respetar la vida desde su inicio hasta su final natural; respetar la familia, hombre y mujer, matrimonio católico, cristiano, indisoluble; formación de los hijos. Tareas fundamentales que tenemos que reemprender con ilusión, y nos preguntamos ¿No es mucho lo que tenemos que hacer? ¡Sí! Y, ¿No nos cansamos? ¡Sí! Y, ¿Qué hacemos? ¡Cristo no se cansa! ¡El Espíritu Santo no se cansa! La vida en Cristo, cuando se vive esa intimidad de la oración, de la eucaristía, de la confesión frecuente, ese trato amoroso a María en el rezo del rosario ¡No se cansa! Sé que lo has experimentado, pues muéstraselo a los demás.
Nuestra tarea no tiene lugar para el cansancio o la rutina, es Cristo quien lleva adelante esta misión, es Él que entrando a tu corazón, a tu mente, a tu vida entera te va a llevar de la mano, pero pidiéndote siempre ¡Déjame hablar con tus palabras! ¡Déjame actuar con tu testimonio! ¡Déjame mostrarles con tu amor que estoy aquí!
Estas palabras que hoy día hemos escuchado en la segunda lectura: ¿Qué nos pide Cristo? Que seamos administradores fieles de las enseñanzas de la Iglesia. Esa apertura de la mente y del corazón a la verdad moral para hacer frente a un relativismo, que solamente piensa en qué dice la mayoría, qué cosa me gusta, qué cosa me parece bien; y de esa manera, -como decía el Papa Benedicto XVI- va el mundo con todo viento de doctrina de un lado para otro.
La Misión viene a afirmar con esperanza, con alegría ¡Que Cristo está con nosotros! ¡Que Cristo realmente nos quiere en esa coherencia entre lo que pensamos, decimos y actuamos! Coherencia cristiana.
La familia, lugar primario de la nueva evangelización, también lugar privilegiado de la Gran Misión. ¡Papás, hijos, abuelos! Ustedes son la gran escuela de la fe. Retomemos la misa dominical en familia, el rosario en familia, ese estar unidos todos al lado de mamá, papá o de los abuelitos; ¡No son cosas antiguas! ¡No han pasado de moda!, más que nunca es necesaria la unidad de la familia, incluir de manera especialísima a los abuelos. La familia que reza unida, permanece unida.
Objetivos de la Gran Misión
Hemos señalado algunos objetivos: la adoración al santísimo sacramento, la contemplación de los misterios del rosario, los sacramentos de la iniciación; y también les pido especialmente a las religiosas y a los religiosos el testimonio de los consejos evangélicos, es fuente de gran inspiración en la fe. Cuento con su colaboración en las escuelas, comunidades, parroquias; estoy seguro que la primavera de vocaciones florecerá en todas las comunidades religiosas ¡Dios lo quiera! Y hacen falta. Les agradezco su trabajo a través de los siglos en la Iglesia, pero también les pido hoy un ¡nuevo impulso! en la vida religiosa.
Juan Pablo II –cómo lo recordamos, qué presente está entre nosotros- él nos animó en esa primera misión “Remar Mar Adentro”, quedando la huella en toda la arquidiócesis. Hoy, el Papa Benedicto XVI, aprobando ese documento de Aparecida nos anima a esta Gran Misión Continental que hoy iniciamos aquí en Lima; también queremos decirle: ‘Aquí estoy, mándame. Aquí está la iglesia local de Lima, que te ve como Vicario de Cristo con amor, con obediencia y queremos seguir unidos a todas las iglesias en Latinoamérica a esta Gran Misión Continental’.
Bien unidos a nuestra Madre Santa María, emprendemos hoy esa gracia tan especial: la Gran Misión de Lima. Ponemos como patrón al insigne arzobispo de Lima, santo Toribio de Mogrovejo, y como patrona a la primera santa de América, santa Rosa de Lima. Caminemos unidos, alegres, llenos de fe y esperanza, nos esperan unos años maravillosos de trabajo, de siembra de paz y de alegría.
Así sea.