- Domingo, 28 de diciembre de 2008 -

 

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne
Fiesta de la Sagrada Familia
Domingo, 28 de diciembre de 2008

Queridos hermanos en Cristo Jesús,
Saludo a mis hermanos en el episcopado,
Sacerdotes que me acompañan,
Religiosas,
Y a todos ustedes.

Hoy celebramos la fiesta de la Sagrada Familia: Jesús, María y José. Y debemos meditar sobre una situación muy negativa para el mundo actual. Cuando la humanidad quiere corregir a Dios algo anda muy mal, porque los planes de Dios se pueden pensar con bastante seriedad, no están equivocados; no son planes que funcionan en una épocas y en otras no. Para Dios no hay un ayer, no hay un mañana, hay una presencia permanente y por eso pocas cosas establece Dios de una manera tajante. Una de esas pocas cosas es el plan de Dios sobre la familia: uno con una –hombre y mujer- ¡y para toda la vida!

Ese matrimonio tiene muchas consecuencias que evidentemente -en el tiempo- se pueden modificar un poco. Pero, cuando la humanidad quiere corregir a Dios, cuando la humanidad quiere reinventar la familia sin ningún elemento que le permita justificar esta barbaridad, entonces quiere decir que ha entrado en muchas cabezas, y muchas cabezas que de repente influyen a través de instituciones materialmente importantes, internacionales.

Cuando el individualismo, el que yo hago la verdad, el que yo soy el que determina si está bien o mal genera ese enorme relativismo -cada uno tiene su opinión, experiencia, sus propias circunstancias- nos encontramos hoy frente a un momento de enorme emergencia en lo que el Papa ha llamado “la ecología humana”.

La familia: Una íntima comunidad de vida y amor

Meditemos no en la inmediatez de hoy y de mañana, no solamente en mi hogar y en mi entorno, sino en un elemento que en nuestro pensamiento, -cuando pensamos en el trabajo, en el negocio, en la enfermedad, en el estudio- tengamos claro: Hay un proyecto de Dios sobre la familia.

Juan Pablo II que ha escrito y ha dejado mucha enseñanza sobre el amor humano, sobre la doctrina social, sobre la familia, sobre la realidad política, mucha luz, fruto de su enorme amor a la humanidad; decía en la “Familiaris Consortio” dirigiéndose a la humanidad: “Familia, sé lo que eres”. Era un llamado a toda familia en cualquier rincón del mundo. Y, ¿cuál sería esa definición breve de la familia? una íntima comunidad de vida y amor.

El primer elemento: La comunidad de personas. Esa comunidad de personas, esa unión de hombre y mujer genera una nueva realidad en la que ya no son dos, son uno solo. Ontológicamente en su realidad más íntima, ya son familia, ha surgido algo nuevo en el orden de la gracia por el Sacramento. Y ese algo nuevo ha sido expresión del amor de Dios Padre a Dios Hijo por el Espíritu Santo. La Trinidad, misterio de fe, el Dios mismo que es familia ha querido hacer en lo humano un reflejo de esa misma realidad perfecta, infinita. No solamente me ha hecho a mí y a la mujer a su imagen y semejanza; no solamente me ha incorporado en Cristo por el bautismo a la condición de Hijo de Dios en Cristo; también nos ha querido incorporar a la unidad íntima de la Trinidad -esa unidad misteriosa cómo están unidos en esa dinámica el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo- y decir: la familia refleja –infinitamente diferente- esa dinámica de comunión, cuya fuerza ¡es el amor!

Por lo tanto, cuando el hombre quiere corregir lo que es el amor, es muy grave. Vale la pena leer y meditar la última encíclica del Papa “Dios es amor”, porque el Papa va recorriendo todas las acepciones  y significados de la palabra amor, para rescatar el verdadero.

(Ya hablamos de dos elementos, primero corregir a Dios en relación a lo que es la familia; en segundo lugar corregir a Dios en lo que es su designio sobre el amor).

Esta humanidad actual está haciendo cosas muy graves y muy negativas: Desarmar la familia, núcleo fundamental de la sociedad, núcleo fundamental de la educación de los niños, núcleo fundamental de lo que es el desarrollo económico y material, núcleo fundamental donde se educa y genera la paz, núcleo fundamental donde se aprende a amar la verdad, ¿corregir eso? es realmente una campaña diabólica.

Cuando la esencia de ese núcleo de la familia se empieza a manipular y se confunde el amor con el placer, el éxito, el poder, el abuso, entonces se lo hago más difícil a quien quiere respetar el orden querido por Dios; porque lo engaño hablándole de que el amor no es eso, que él ha cambiado, y empieza un relativismo sobre esa maravilla que es el amor, que confunde mucho a la juventud.
                                               
El hombre no puede vivir sin amor, no se comprende así mismo sin amor, permanece una persona extraña para sí mismo, se asusta y por eso el temor rodea hoy a la juventud, el temor al compromiso; al no saber amar y ser amado, le entra una inseguridad que la puede expresar con violencia, rebeldía, de mil modos. Pero en el fondo nos esta diciendo: ‘enséñame a amar, enséñame a ser amado, recuérdame la verdad’.

Porque la propuesta que está en el mercado, ya hemos visto que produce unos daños ¡impresionantes! Todo esto no significa que estamos hablando de manera negativa, sino que significa volver a dar confianza a los matrimonios, a la juventud, a la niñez, ya que nadie nos ha demostrado que esa comunión de amor (la familia) no es buena, ¡nadie!

La estadística no es un elemento cuando hablamos de un tema tan serio. No podemos decir cuántos se divorcian cada día o cuantos abortos hay al año, eso es de una maldad muy grande. Veamos qué puedo hacer yo para ser un apóstol de la familia en mi propio hogar, entre mis amigos, barrio, escuela, en los medios de comunicación. No se trata de dejar de lado a nadie, no se trata de maltratar a los que no piensan como Dios, pero no nos pidan que nos callemos, que aplaudamos cuando vemos este desbarajuste de la familia en el mundo entero, comprensión ¡toda!; tiempo y cariño para quien ha tenido una mala experiencia, ¡toda!; respeto por el modo en el que puedan continuar su vida, ¡todo! Pero sigamos iluminando el camino correcto. Sigamos recordándole a la gente –sobre todo a la juventud- que la familia querida por Dios, que el amor sembrado por Dios ¡sí funciona!, es el mejor y además es necesario para la continuidad de la vida humana y el futuro de la sociedad.

La familia: comunidad al servicio a la vida

Por eso, en esta definición: comunidad de personas en que el amor  es una fuerza muy grande. En segundo lugar, el servicio a la vida. Es una comunidad de amor al servicio de la vida.

La fecundidad es el fruto y signo del amor conyugal. La ausencia de Dios hace inviable el servicio a la vida. Cuando la humanidad vuelve a querer corregir a Dios y la llamada ciencia o técnica vuelve a interferir con el servicio a la vida, estamos ante una soberbia planetaria. Y debemos meditar un poco, no podemos dejar que ese servicio a la vida no tenga un respaldo en la vida moral, espiritual y sobrenatural.

Por eso el sacramento del matrimonio garantiza ese servicio a la vida, que no es esa fácil crítica de que es simplemente procrear. Los animales procrean, el ser humano medita, ama, perdona, tiene ternura, sufre, llora, educa, es un ser humano que procrea junto a otro ser humano que unidos para siempre se entregan totalmente en el acto conyugal.

Lo otro, hermanos, sin querer ofender a nadie, es una ¡grave manipulación del sexo al servicio del placer, desconectado de la dignidad del hombre y de la mujer! Esta bien que un chocolate sea para satisfacer el hambre, o los zapatos para caminar mejor, o una silla para descansar. Pero no tratemos algo tan serio como el sexo como un producto del consumo. La “Humanae Vitae”, aquella encíclica de Pablo VI, fue tan profética que con mucha anticipación mostró los tiempos actuales. No hemos obedecido y vemos esta proliferación de uniones y de criaturas, fruto de esa falta de la dignidad. Por eso el servicio a la vida se opone a esa cultura del placer y de la muerte.

La familia: primera escuela de virtudes

También al hablar de la familia, un tercer elemento: la educación en las virtudes. Hay que educar con el acompañamiento. Los padres de familia, principales y primeros educadores. Tu tarea es educar con la palabra, el ejemplo y la oración. De esa manera podemos garantizar que la escuela y la universidad cumplirán su rol subsidiario, secundario porque los padres de familia tienen que tener tiempo. No aceptamos una sociedad en la que papá y mamá no pueden estar en casa, eso es ¡un suicidio! Es lanzar a la juventud a un futuro oscuro que ya lo estamos viendo hoy.
                                                                                     
Por eso papás, acompañando a los hijos. Para eso están, es una comunión, no están para una individualidad, para su plan de afirmación personal. Cuando me caso, me entrego a ella, y ella a mí; y formamos una nueva institución: la familia. Ya no tengo el yo o el ella, tenemos el nosotros, y en ese nosotros están los hijos; por lo tanto vivimos las realidades y circunstancias de todos ellos, y eso supone tiempo, dolor, oración, alegrías, pero ¡que bonito es! ¡Ánimo!

Finalmente, por parte del Estado, de los medios de comunicación, de la Iglesia, para todos los que podemos promover, proteger lo que es la familia, es un momento urgente. Protejamos, no es un problema confesional, ¡No!, estamos hablando de la naturaleza misma de las cosas y de las personas. Es común a todo planteamiento en el que la dignidad humana se respeta. No basta reaccionar frente a leyes que hacen daño. Hay que promover leyes que hacen el bien: por ejemplo: la ley que apoya la familia numerosa, la ley que apoya la educación de los hijos, la ley que protege de toda la basura que nos viene por el internet y por los celulares y muchas veces por la televisión; la ley que nos ayuda a la ecología humana, allí tenemos mucho que hacer.

Por eso, en esta fiesta de la Sagrada Familia, los animo a participar de ese voluntariado por la familia. En sus parroquias, escuelas, universidades, en el campo de la política y medios de comunicación, ¡voluntarios! Gente que quiere unirse para proteger a la familia, a los niños a esa juventud que da sus primeros pasos en el matrimonio. Encontramos en Jesús, María y José nuestros principales aliados.

A ellos le pedimos; Sagrada Familia, ¡Ayúdanos en estos tiempos a sembrar esperanza, entusiasmo, con valentía!  Y no se olviden que hoy, día de los inocentes, este inocente vino al mundo y por lo tanto recen un poquito por él.

Así sea.

 
 

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