Excelentísimo monseñor Salvador Piñeiro, obispo castrense del Perú,
Muy queridos hermanos sacerdotes;
Padre Prior del Convento Santo Domingo;
Señor Director de la Policía Nacional;
Miembros todos de la familia policial;
También representantes de las enfermeras en el Perú:.
Santa Rosa, patrona de la Policía Nacional del Perú; patrona desde hace cincuenta años de las enfermeras; la primera santa de América, una gran intercesora; para algunos que se ponen nerviosos no adoramos a los santos, los veneramos, tal vez algún día aprendan la diferencia; los veneramos porque son amigos de Dios y están cerca de Él, acudimos a su amistad, a su intercesión.
El Santo Padre, Benedicto XVI estuvo en el Perú en el año 1986, -en ese entonces cardenal Ratzinger- Él celebró una misa en el Santuario de Santa Rosa y pronunció unas palabras en la homilía, quiero recordar un pasaje breve de su prédica.
Señaló tres puntos esenciales en la vida de santa Rosa, que son válidos como programa para la Iglesia de hoy, decía él: “El primer punto: la oración. Estar en esa luz del Señor y dejarse incendiar por el fuego santo”, santa Rosa”, Patrona de todos ustedes. Lo que le señala no es solamente el cariño muy bueno sino también el ejemplo, tener en estos largos momentos de trabajo algún instante para elevar el corazón, para dejar que la vida de ella haga resurgir en nuestras almas un modo de trabajar, de vivir mejor”. La oración, decía el Papa en esa ocasión.
En segundo lugar –decía- “Ella por el amor a Cristo se dedicó de una manera muy grande para ayudar a los despreciados, dolientes, a los más pobres. (Decía) El amor por los pobres no es un descubrimiento de ahora, los grandes santos siempre han tenido una gran solidaridad con los pobres”. Pues muchos de ustedes, en el trabajo diario, se encuentran o por las comisarías, o por las responsabilidades que les encargan, teniendo que ver como recoger aquellos niños, atender aquellos ancianos, ver aquellas dificultades en pueblos alejadísimos, en donde tal vez el policía es el punto de referencia. Pues recuerden que tienen en su patrona ese modelo.
Yo recuerdo –en esos años ya antiguos en Ayacucho- como en las comisarías más alejadas, estaba la capillita de santa Rosa. Ojalá, que pese a todos los pluralismos que han pasado por la policía, todavía se sigan teniendo esas pequeñas capillitas. Santa Rosita protegía, protegió, cuidó, fue ejemplo en años difíciles. Ojalá que en todos los rincones del país, en esos puestos, en esos lugares de apoyo esté esa santa como ejemplo de amor a los más pobres, como ejemplo de la presencia de Dios que te acompaña, te guía, te cuida.
Y, -decía el Papa- “En tercer lugar, un punto importante de santa Rosa es que ella tenía conciencia de una misión”. Una mujer sencilla pero que entiende, Dios quiere enviarme con mi oración, con mi trabajo humilde, enviarme para encender a muchos corazones. Ella no viajó por ningún lado; sin embargo, santa Rosa de Lima, debe ser de las santas más populares en el mundo católico. En el mundo, no solamente en Lima ni en el Perú. Y, sin embargo es una mujer sencilla, que prácticamente no sale del ámbito del barrio en el que vive; y es que delante de Dios el ejemplo, la misión cumplida trasciende, va más allá, y esto lo vemos en santa Rosa de Lima”. Tres ejemplos que pone el Papa, en ese momento cardenal Ratzinger.
Quisiera también ahora recordarles esa vocación del policía, hay que seguir viviendo con el entusiasmo de ese primer impulso que los llevó a muchos de ustedes a entrar a la Escuela de suboficiales o de oficiales. Ilusión, ejemplo, la persona de algún pariente, el deseo de colaborar con el prójimo, el espíritu de servicio; es decir, un conjunto de virtudes que tienen que ver todas con el servicio.
Ayudar, servir y que al mismo tiempo tienen que ver con el valor, la dignidad, con la honra, con el orden, con la disciplina, con la valentía. No podemos en este mundo que privilegia casi exclusivamente lo material. No podemos olvidar la vocación del policía, hay valores que no tienen precio; que no son motivo de una negociación. La sociedad moderna clama por la presencia de valores cristianos.
Necesitamos instituciones que no se dejen zamaquear por situaciones coyunturales. ¡La Policía es una institución demasiado importante!. Piénsenlo tanto los que están en los rincones más alejados como quienes tienen la responsabilidad de conducirla. Es demasiado importante en la vida diaria de un país como para que no respondamos con responsabilidad.
Siempre hermanos, hace falta una minoría heroica que practica la moral máxima. Y también es necesario que en la Policía haya ese mínimo de personas íntimamente comprometidas y con una exigencia máxima. Sólo así se mantendrá la institución de una manera respetable.
Si todos caemos en una mediocridad, si para todo hay excusas, si la Policía se politiza excesivamente, entonces, deja de ser sal, luz, entusiasmo y se maltrata.
Por eso, les quiero recordar esos momentos iniciales de su vocación, cuando dieron sus primeros pasos, las primeras ilusiones, ese entusiasmo inicial que todos hemos tenido en nuestra vocación. ¡Que no se apague con el tiempo! Santa Rosa, patrona, ejemplo, protectora. Es algo muy importante la causa de esta institución policial.
Y como se ha puesto de moda desde hace unos años, un cierto maltrato a las Fuerzas policiales y Fuerzas Armadas. Hoy le pedimos a santa Rosa, que de una vez por todas nuestra patria acoja con respeto, con agradecimiento, sin ideologías, sin odios, la presencia de una policía y de unas Fuerzas Armadas.
Son demasiado importantes los derechos humanos para que los dejemos en manos de un pequeño grupo ideológico, los derechos humanos surgen de nuestra razón de ser personas, no es un conjunto sistemático organizado por un grupo, surgen con la misma persona, con el derecho natural, las Naciones Unidas lo convierten en un plan concreto el año 48, pero llevamos una temporada en que se ha convertido en bandera política de un grupo contra otros.
Yo, por eso, hoy les rindo homenaje a la Policía Nacional, exigiéndoles estar a la altura, pero al mismo tiempo animándolos a que su independencia y el respeto que se merecen de una vez por todas les permitan seguir caminando por las calles como siempre lo hicieron: el policía amigo, el policía respetable y honesto. Y me dirijo, especialmente a las familias de los subordinados, de los suboficiales que tantas veces les cuesta mucho el tener que de lejos seguir a sus hijos, a sus esposas, a sus padres. ¡Señores oficiales que sepan que tienen esa gran responsabilidad de ser ejemplo para los subordinados!
Que María nuestra Madre, los proteja, los guíe, los anime, que esa santa Rosita siga brillando en todas las comisarías, puestos, puentes. Cómo no recordar en aquellos años oscuros, oscuros cuando en la camioneta iba por los sitios de Cangallo, de San Miguel, sin saber que había a la vuelta de la esquina; y a la vuelta de la esquina aparecía un policía, dos policías en manos de su ángel custodio; y cuando después de dos o tres horas de camino llegaban a un puesto y en ese puesto todo lo que te pedían era una bendición, un recuerdo delante de Dios.
Hermanos, que no se pierda esta fe y que el Señor bendiga a toda la familia policial del Perú y a las enfermeras en esta fiesta.
Así sea.