Muy queridos hermanos en Cristo Jesús:
Ayer celebrábamos la fiesta de santa Rosa de Lima y recordábamos cómo una mujer sencilla, de su época, se enamora de Dios y después de cuatrocientos años la seguimos recordando, la seguimos venerando en el mundo entero; iglesias, ciudades, colegios llevan su nombre; Patrona de Filipinas, todo un país; patrona de tantas instituciones. Una sencilla mujer que nos trae a Dios a través de su vida. Y cuando muere en lugar de olvidarla crece, crece y crece el recuerdo y el ejemplo; miles de hermanos nuestros van a visitarla, hay misas en muchísimos lugares del mundo. Y no es que se hayan vuelto locos, es que Dios existe y Dios sigue a través de santa Rosa de Lima trayéndonos esperanza, alegría, perdón.
Los santos son como esas luces que iluminan, que facilitan a los demás seguir el camino. Santa Rosa nos recuerda la importancia de la oración, del sacrificio y del amor al prójimo.
Aprendamos a identificarnos con el pensamiento de Dios
Y tiene este Evangelio de hoy una frase que tal vez explica la vida de los santos, porque dice: “Jesús le dijo a Pedro: Tú piensas como los hombres, no como Dios”. Ahí tienes una diferencia si quieres ser santo, hay que identificarse con el pensamiento de Dios.
Para eso, leer la palabra de Dios, conocerla; acercarse a los sacramentos; ayudar a los pobres, a los enfermos, a los ancianos, porque allí está Él. Y de esa manera uno va aprendiendo a pensar como Dios. Y que nos dice Jesús para hacernos ver como piensa Él: “Que el que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”.
Nos enseñaba el Santo Padre, “la cruz no es para algunos, es para todos”. Y aceptar la cruz en nuestra vida es una misión ardua, laboriosa, esforzada. Cuando a uno se le presenta esa cruz de cumplir su deber, de ser fiel en su matrimonio, de estudiar, de someterse a un horario, de colaborar con los que no tienen, de no acumular riquezas, de no buscar todo el tiempo el placer del sexo; esa cruz que cuesta –nos dice el Santo Padre- es una misión, una tarea que hay que asumir con amor. No una tarea desagradable de ver como evito o como trato de disimularla ¡No! Una tarea, la cruz hay que asumirla con amor, como un desafío que día a día se nos presenta.
Y sigue Jesús explicándonos como es su pensamiento “Si uno quiere salvar su vida, la perderá, pero el que la pierda por mí la encontrará” ¿Qué es perder la vida por Jesús? El no dejar que la vida se convierta en el lugar del pecado. Si tu vida y la mía es el lugar donde crece el pecado, entonces no la pierdo; pero si le digo ¡No!, al pecado, voy perdiendo esa inclinación que todos tenemos y voy muriendo a esa vida de pecado para que Cristo viva en mí.
Por eso, cuando uno dice ‘quiero saber como piensa Dios’, -porque a Pedro le ha llamado la atención, le ha dicho: “Tú piensas como los hombres, tú no piensas como yo”- la pregunta sería: Bueno, Dios, Tú ¿cómo piensas? Y nos acaba de dar dos propuestas: “El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”. La segunda “Si uno quiere salvar su vida, la perderá, pero el que la pierde por mí la encontrará”.
Nuestros cuerpos deben ser hostia viva, santa y agradable a Dios
Piensa un poco -viendo la segunda lectura de san Pablo- como también podemos perder la vida si sabemos respetar nuestro cuerpo. Dice san Pablo: “Los exhorto por la misericordia de Dios a presentar sus cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios, este es vuestro culto razonable; no hagan como hace el mundo, sino transfórmense renovando la mente para que sepan discernir lo que es la voluntad de Dios”.
Si vemos el mundo de hoy donde el cuerpo se usa como un objeto para el placer, la falta de pudor, de dignidad; en la que el cuerpo es una atracción para el otro, el cuerpo se usa como mercadería –desde muy chicos- eso va en contra de la voluntad de Dios.
Por supuesto que el cuerpo es parte de la persona y que está muy bien cuidarse, hacer ejercicios, ser una persona con salud, con una buena presentación. Pero cuando el cuerpo se convierte en una manera de capturar por el sexo, por la inclinación, por la cosa morbosa; sea por los ojos, por los pensamientos, cuando el cuerpo se convierte en un vehículo de hacer daño a los demás incitándolo al pecado, tenemos que recordar a san Pablo “… presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa y agradable a Dios”.
Emprendamos esta cruzada en la Gran Misión de Lima
Por eso, hermanos, también es necesaria esa cruzada, un esfuerzo en esta Gran Misión de Lima, esta gran misión católica para que sepamos vivir verdaderamente como personas jóvenes, pero no dejándonos llevar por costumbres de perdición y de corrupción.
Piénsenlo bien, no son tiempos para ver qué dicen las encuestas, o para ver que opina la gente. La palabra de Dios no se hace por una levantada de manos ni por mayorías, es la palabra de Dios, se acepta o se rechaza. Lo que no se hace es amortiguarla, cambiarla.
Cuando Jesús dice “Si uno quiere salvar su vida la perderá”. Piensa un poco en tu vida personal, cómo vives esos pensamientos limpios, como luchas con esas inclinaciones que se meten a veces con el Internet, por la televisión, por las calles. Hay que rezar para que entre todos volvamos a recuperar la dignidad del cuerpo humano como un lugar donde habita Dios.
Por eso, Jesús le sigue hablando a Pedro: ¿De qué te sirve ganar el mundo entero si pierdes tu vida? O ¿qué podrá dar para recobrarla? ¿De que nos sirve acumular millones de dinero ¡millones!, si perdemos el alma? Y la pregunta es fuerte ¿prefieres millones por sesenta años, o la vida eterna? Ojo que muchos dirían ¡millones!
La fe me dice hay que luchar para que haya una capacidad en todos de poder vivir decentemente ¡Sí!, pero acumular millones para luego ser polilla y gusanos en el cementerio ¿dónde se quedan tus millones?
Cuando Pedro recibe esa amonestación y le dice “¡Apártate de mí, Satanás, tú no piensas como Dios!”. Pues, recibamos ese reproche también nosotros, que Jesús me dice ¡Apártate de mí Satanás, tú no enseñas mi pensamiento!
Rescatemos el ejemplo de vida de santa Rosa de Lima
Por eso, hoy busquemos en esta reflexión de la palabra de Dios, rescatar un poco más ese ejemplo de santa Rosa: Vida de oración, preocupación por el prójimo, preocupación por los que no tienen, no acumular riquezas, no fomentar odios ni venganzas, cuidar nuestros cuerpos como templo de Dios, educar a nuestros hijos con ese respeto a lo que es la persona humana y luchar para que cuando por esa ventana de los ojos se quieren meter esos malos pensamientos y esas malas imágenes, con naturalidad, como personas normales pensar ‘eso degrada, corrompe, hace daño’.
Son ejemplos de Nuestro Señor Jesucristo, son palabras suyas y son el recuerdo reciente de santa Rosa de Lima. Hermanos ¡Amor con obras! ¡Fe con obras! ¡Católicos con obras! Que nuestra Madre Santa María en esta Gran Misión de Lima, nos ayude a saber hablar, ayudar, explicar en el barrio, entre los amigos, en la televisión, en la misma familia, ¡a todos!, estas palabras que son palabras de Dios.
Y luego con mucha paz que cada uno acepte o rechace. Esa no es nuestra tarea, la nuestra es sembrar con la palabra y con el ejemplo.
Así sea