- Sábado, 13 de junio de 2009 -

 

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne
Acción de Gracias por Madre Teresa de la Cruz Candamo
Sábado, 13 de junio de 2009
Basílica Catedral de Lima

En esta misa de Acción de Gracias, en la víspera de la Fiesta del Corpus Christi, lo primero que me viene a la mente y al corazón -al darle gracias a Dios por esta alma fina, sencilla, humilde, entregada, santa- es este pensamiento que nos ayuda a todos: la madre Teresa fue profundamente enamorada de la Eucaristía. Me atrevería a decir que ella siempre vio la cruz en medio de la Eucaristía, como nos enseña la Iglesia.

Puso especial empeño, que con la gracia de Dios y esfuerzo lo mantienen sus hijas, de cuidar la liturgia que es la belleza a través de la cual se expresa la fe en todos sus gestos, palabras, cantos, en la reverencia con la que se trata al Santísimo, en el amor con el que se cuidan todos los detalles de esa urbanidad Eucarística.

Madre Teresa, enamorada de la Eucaristía

La madre Teresa en vísperas del Corpus Christi, nos acompaña y pienso que diciéndonos: Amen a Jesús en la Eucaristía, cuiden la Eucaristía, pongan más amor en esos momentos de Adoración al Santísimo, vuelvan a dedicar horas a la contemplación, en este mundo tan lleno de actividad, y así verán ustedes abundantísimos frutos.

Ella tuvo en Génova esa experiencia en su vida, Jesús le hizo ver: si buscas ideal, ¡aquí lo tienes!; si quieres amor, ¡aquí tienes!; si quieres modelo, ¡aquí tienes! Esa llamada desde la cruz -que no podía ser de otra manera- la acogió y la hizo vida.

Por eso, cuando contemplamos hoy esta Catedral de Lima llena de gente, en esta Santa Misa, podemos decir: Madre Teresa, por sus frutos los conoceréis. En el Perú y en el mundo el fruto abundante de tu fidelidad son el sello de que Cristo en la cruz sigue bendiciendo, porque tú fuiste fiel.

La llamada universal a la santidad

Les hago esta reflexión, cada uno de nosotros siempre pensamos: la Madre Teresa, San Francisco, San Ignacio, ¿y, tú?, ¿y, yo? Ninguno de ellos se creyó mejor, todos se sentían indignos, sentían el peso de sus pecados, pero dejaron a Cristo hacer de sus vidas un crucifijo, ¡la santidad es obra de Dios!, y respuesta libre, generosa, ¡total! de cada uno de nosotros.

Por eso, esa llamada universal a la santidad, que esta maravillosa Madre respondió con tanta generosidad nos vuelve a poner delante de nuestra alma. Y tú, ¿buscas la santidad pero de verdad?, ¿buscas la santidad en ese amor a Dios?, ¿te entregas día a día? Qué bonito contemplar que esta religiosa que se educó en un hogar cristiano, fino, educado, en donde la situación material era generosa, ella puso al servicio de Dios toda esa riqueza material, toda esa grandeza de alma finamente cultivada, toda esa educación recibida en la casa de sus padres. ¡No está de ninguna manera en contra de esa búsqueda de la santidad, las circunstancias en las que uno vive!  La santidad también tiene una dimensión humana, la santidad no está reñida con la buena educación, con el amor a las almas, con la elegancia de la liturgia, con la reverencia y el cariño a la Eucaristía, ¡no!

El tesoro de las hermanas Canonesas de la Cruz

Esta congregación religiosa tiene un tesoro en sus manos, el amor a la cruz, a la Eucaristía, el cuidado de la liturgia y volver una y mil veces sobre las obras escritas por la madre; y quienes tuvieron ocasión de poder estar cerca de ella, que sean verdadera tradición viviente. No hay nada que refundar, el carisma se lo da Dios a los fundadores, hay que conocerlos, obedecerlos, venerarlos, es ahí donde está el tesoro de la gracia.

Hermanos, el misterio de la cruz -dice ella- se deja entrever por personas que tengan mirada contemplativa, ahí está lo que ella nos pide, personas que tengan mirada contemplativa, no personas activistas, negativas, ni problemáticas, ¡contemplativas!; que miran a la cruz y recuperan la paz, que besan el crucifijo y sienten la necesidad de ir a buscar aquél niño, aquella mujer, aquél indigente, ¡que se encuentran en la Eucaristía y sienten el impulso de perdonar, de amar, de darse!

Por eso, con qué ilusión como sucesor de aquellos arzobispos, que tuvieron ese momento maravilloso de acogerla, de aprobar sus primeros pasos, de acompañarla en esos inicios, hoy me corresponde darle gracias a Dios por esta declaración solemne de las virtudes heroicas.

Y le pido a Dios que si esa es su voluntad, tenga la alegría de poder estar en la Plaza de San Pedro, porque así corresponde, el Arzobispo del lugar presenta al Santo Padre cuando ese milagro se produzca y se pueda estudiar y aprobar.

Hermanos, la madre Teresa -lo leía- frecuentó al beato padre Tezza, es que los santos son siempre amigos. A todos nos llama Jesús: Te quiero a ti santo, y cuando empecemos a decirle: es que yo no sirvo; te dirá: te falta humildad, porque con esos defectos te harás santo, con esas dificultades lograrás la santidad, si todo fuera fácil y todos fuéramos tan buenos, ¿dónde estaría la acción de Dios? Hoy qué buen momento para hacer un buen propósito.

La obra de la cruz

Decía ella, “La obra de la cruz será una congregación religiosa inspirada en el modelo de la casa de Betania, donde nuestro Señor Jesucristo era amado y servido por las dos hermanas, Marta y María, cada cual según su vocación y a quienes Él dispensó la gracia de su intimidad, el honor de seguirlo hasta el calvario, y la misión de ser después apóstoles de su doctrina, es decir, la unión de la contemplación y la acción”.

Con enorme alegría levantamos el corazón a Dios y a nuestra Madre. Le pedimos a ella también en esa devoción privada, Madre Teresa ¡ayúdanos a entregarnos!, ¡ayúdanos a amar más la Eucaristía!, ¡enséñanos a amar más al prójimo, que sepamos querernos!

Y a ustedes, hermanas madres Canonesas de la Cruz, menuda responsabilidad. Está en manos de ustedes este paso que la Santa Sede ha empezado de una manera solemne y quiere seguir, porque los milagros no son obras humanas, pero Dios bendice lo que tiene su sello.
Por eso, las animo en esta tarea que hoy con esta multitud en la Basílica Catedral es una señal de que el Señor las ha bendecido y ahora les pide que sigan siendo fieles contemplativas, apostólicas; y, de esa manera, ojalá que pronto podamos ver a la madre Teresa beatificada.

Por ahora, les recuerdo que el culto es privado, pero con enorme gozo le damos gracias a Dios.

Así sea.
 
 

[Notas del Arzobispado de Lima] [Homilías del Cardenal Cipriani]
[El Santo Padre] [Archivo Arzobispal] [Notas sobre el Legado Riva Agüero]