La Santa Misa, es un momento para que cada uno haga un poco de memoria, porque toda esta piedad y amor que se ve reflejado en las imágenes, en la devoción que viene de sus pueblos, de los Andes, de todos los rincones, les tiene que hacer recordar que han recibido el tesoro de la fe que han heredado y lo pasen a sus hijos; porque es un tiempo en que se dan cambios muy fuertes; y a veces lo que recibieron de sus padres no lo cuidan y no pasa a sus hijos.
Para mí es una gran alegría ver toda esta multitud que viene a la Catedral, pero mi mente, mi corazón se va a estos rincones de los Andes. Sea la parte del Cuzco, Huancayo, en la zona del Sur Andino, de Puno; Ayacucho, Andahuaylas, en donde nuestros hermanos mayores pusieron ese granito de fe y ese granito de fe ha ayudado mucho a los pueblos.
Pero, a veces los papás, la escuela, el colegio, los alcaldes, los municipios se descuidan y ya no transmiten ese tesoro; porque quiero decirles que es ¡un gran tesoro! Ese sol, esa luna, esos montes, esos ríos. Nuestro Dios me dice: “eso no es nada, yo he venido a vivir con ustedes en sus pueblos, en sus trabajos, yo he venido, soy Jesucristo”. Acabamos de cantarle “apuyaya Jesucristo”. Soy Jesucristo, soy el hermano mayor, soy el que los cuida, quien los quiere, quien los perdona.
San Pablo, hace ya mucho tiempo, también nos decía: “nos apremia el amor de Cristo. Uno murió por todos”. Jesucristo entregó su vida para que tú tengas alegría, familia, paz. Por eso, cuando vemos que no hay esa paz, hay esa violencia, esa delincuencia o cuando vemos a veces a la juventud que se pierde, hay que pensar: ¿dónde estás Jesús?, y ¿qué nos dice Él?
Jesús está siempre a nuestro lado
Acabamos de leer el Evangelio, y nos cuenta cómo estaban en una barca en el mar y ahí estaba Jesús, y Jesús estaba durmiendo, y la barca parecía que se hundía, vientos, problemas, dificultades, y Jesús estaba como dormido. Lo dice el apóstol San Marcos, “Él estaba en la popa dormido sobre un almohadón, y la nave estaba en un fuerte huracán, las olas rompían contra la barca y casi la llenaban de agua”.
Piensa un poco en tu vida, tu familia, tu trabajo, a veces puedes tener esa impresión: problemas, la salud, mis hijos, mis padres, como un huracán que todo lo quiere maltratar. Y uno dice ¿dónde está Jesús?, está durmiendo, ¡pero está contigo! Y entonces van estos discípulos y le dicen: “maestro, ¿no te importa que nos hundamos?”. Fíjate ¡qué atrevidos!, le dicen a Dios: “Oye, ¿no ves que nos hundimos?”.
Te digo esto, hermano, porque con esta devoción a Jesús, a la virgen, a estos santos, con esta devoción maravillosa que hay en toda la sierra, también te digo, ¡háblale a Jesús! ¿Jesús no te importa que me hunda?, ¿no ves mi casa, mis hijos que a veces me falta el trabajo, o que peleo mucho en mi hogar, o la violencia que llena de odio?, Jesús, ¡despierta!
¡Decir la verdad, vivir en la verdad, exigir la verdad!
Y Jesús se despierta, se puso en pie y le dijo al viento: “Silencio, cállate”, y el viento cesó, y vino una gran calma. Jesús es dueño de este mundo, pero somos libres. Él también te quiere decir: “Ayúdame, colabora”. Colabora siendo una persona que busca siempre la verdad. Cuántas veces discutes en tu casa, ¡porque mientes! Cuántas veces discutimos en el trabajo ¡porque alguien miente! Cuántas veces tenemos problemas en las calles, ¡porque alguien miente! Yo te animo, ¡puedes tener errores, puedes tener problemas, puedes cometer pecados, pero no seas mentiroso! ¡Cuida la verdad! ¡Aprecia la verdad! ¡Premia la verdad! La verdad cuesta, ¡no es fácil!
Pero que le dice Jesús cuando estos lo han despertado, cuando ya pasaron las dificultades: Jesús les dice “¿Porqué son tan cobardes?”. Este es el reproche que nos hace Jesús, ¿Porqué te escondes en la mentira, en la trampa, en el alcohol? ¿Porqué no cuidas tu hogar? ¿Porqué no procuras ayudar a los demás?
Ustedes que se juntan en las hermandades, que celebran sus misas, que con tanto cariño esperan esta ocasión ¡no seamos cobardes!, decir la verdad cuesta, pero da mucha paz. Quita la violencia, ¡se acaban los huracanes, los vientos, viene la serenidad! Defiende la verdad, busca la verdad. Yo creo que es uno de los grandes problemas que hoy en el mundo causan violencia, injusticia, no se dice la verdad, se engaña y la gente se siente maltratada. Por eso, colabora con Jesús, procurando siempre ¡decir la verdad, vivir en la verdad, exigir la verdad!
Y también te digo, que esa vida que ustedes tienen en el trabajo, en la familia, en el descanso, esa vida honesta, bonita es la que quiere Cristo. Jesús te dice: ten paciencia con tus hijos, anda a trabajar temprano, dile que no a ese hombre que te busca para engañar, perdona a tu marido, sonríele a tu esposa, tu familia es esta mujer no otra, no sigas tomando, el alcohol no arregla los problemas.
Les digo todo esto como papá, como padre, como pastor, en nombre de Cristo. Él está contigo, en tu alma, ahora mismo puede estar dormido, ¡despiértalo! Jesús, ayúdame, alégrame, quiéreme ¡Jesús, tú estás conmigo, creo en ti! Él se va a despertar, pero te va hablar, ¡escucha! Y sigue después, ¿porqué son tan cobardes, todavía no tienen fe? Ahí está la gran pregunta. Nuestros padres, nuestros abuelos nos dieron este maravilloso tesoro, esta herencia.
Pueblos de la sierra, tienen costumbres maravillosas, y algunos vicios que hay que quitar. No hay que mentir, no hay que emborracharse, la violencia no es buena. ¡Son gente trabajadora, son gente generosa, son gente que cuida su fe, que ama su hogar! Sigan siendo así y en esta Basílica Catedral siempre tendrán su casa. Es la Basílica de todo el Perú para que vengan de todos los rincones con estas maravillosas muestras de lo que ha sido la tarea de los misioneros, los que empezaron hace siglos a educarlos en la fe.
Vamos a pedirle a nuestra madre, María, y me dirijo a las mujeres. Mujeres fuertes con sus maridos, ¡no con el látigo, pero fuertes! Porque la mujer, en todas partes, -también en los Andes- es la que mantiene la firmeza del hogar, la que cuida a los hijos, la que mantiene la fe de los pueblos. A ustedes mujeres acudan a la virgen María, a la “Mamacha”, ella les dará fuerza, cariño, comprensión para quererse cada día más, y recen un poquito por sus sacerdotes y por sus obispos en este año sacerdotal.
Recordemos al padre Serpa, él escuchará desde el lugar que está cerca de Dios como estamos aquí reunidos para rezar por él, y también para seguir sus enseñanzas. Él enseñaba a las familias, a los jóvenes a portarse bien, pues sigamos también esa huella.