- Miércoles, 28 de octubre de 2009 -

 

HOMILÍA DEL CARDENAL JUAN LUIS CIPRIANI THORNE

Miércoles, 28 de octubre de 2009

Fiesta del Señor de los Milagros
Exteriores del Santuario de las Nazarenas

Muy queridos hermanos obispos,
Sacerdotes, Religiosos, Miembros de la Hermandad del Señor de los Milagros;
Queridos hermanos todos en Jesús, Señor de los Milagros:

El Señor nos dejó en el evangelio de san Juan estas palabras “Yo soy la luz del mundo, el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida”.

Recordamos como los primeros discípulos de Jesús, a veces con alguna duda, otras veces con temor, no acababan de conocerlo bien. En una ocasión cuando estaban trabajando horas y horas, regresan sin haber encontrado pesca. Eran pescadores, no habían tenido éxito ¡Cuántas veces en la vida nos da la misma impresión! Trabajamos, tratamos de iluminar con la fe, nuestro trabajo, nuestra ciudad. Y parece, como estos discípulos que regresan cansados, sin éxito.

Y Jesús, el Señor de los Milagros va a pasar delante de miles y miles de personas, para contemplarlos y para decirles ¡ánimo, hay que volver al esfuerzo de enseñar la fe! Y ¿que dice Simón, ese apóstol vehemente, entusiasta? Maestro, Señor de los Milagros, creyendo en tu palabra porque tú me lo dices, volveremos a echar la red.

Todo lo que hace la Iglesia, todo lo que hacen los Pastores de la Iglesia es obedecer la palabra de Cristo, todo lo que nosotros como católicos, cuando venimos a celebrar al Señor de los Milagros, todo lo que hacemos es ser fieles, cumplir la palabra ‘Id por todo el mundo, prediquen el evangelio’.

Y aquellos hombres obedecieron la palabra de Dios, y nos dice el evangelio, regresaron con las redes llenas de peces, que no tenían fuerzas para sacarlas y aunque eran tantos los peces no se rompió.

Señor de los Milagros, con esa misma fe te hablamos, te contemplamos. También hoy nos dices, anda, rema mar adentro, no tengas miedo, métete en el mar de la historia, acerca a los hombres a la verdad del evangelio, para que tengan vida en Cristo.

La soberbia genera oscuridad

Los hombres llevamos una temporada larga, en el mundo y también en nuestra patria en que vivimos confundidos, adormecidos. Es una pena decirlo. Sin embargo, la gente más sencilla sigue con su presencia, diciéndole al Señor: Aquí estamos, aquí está esa fe sencilla de tu pueblo, que nos reconocemos pecadores, pero que creemos en ti.

Por eso, seguimos echando esas redes tratando de acercar a las personas a la fe. El ambiente –como decía el Papa Juan Pablo II años atrás- está como el agua salada en donde el sufrimiento, la muerte, la soberbia, genera oscuridad. La soberbia, el pensar que somos como dioses, eso oscurece la mente, confunde a la gente. Quieren organizar el mundo como si Dios no existiera ¡qué pena! Jesucristo, el Señor de los Milagros vuelve a salir todos los años con esa red del evangelio y nos rescata, nos confirma en la fe, nos llena de fuerza, nos anima en las dificultades, ¡nos hace milagros!

Y de esa manera regresamos a casa con esa luz “Yo soy la luz del mundo, el que me siga no caminará en la oscuridad”. Salgamos de ese mundo que oscurece por la mentira. Para eso está la Iglesia, para enseñar a Dios, para mostrarlo, para decirte aquí está en el dolor, en la enfermedad, en la pobreza, en la soledad.

Cuando uno se llena de soberbia, dice que no necesita a Dios, Dios para los que creen. Señor, ¡Haz el milagro! ¡Ayúdalos a ver con humildad la verdad! Únicamente donde se ve a Dios, comienza realmente la vida, sólo cuando encontramos en Cristo, en el Señor de los Milagros, cuando encontramos ahí a Dios, entonces conocemos lo qué es la vida. No somos un producto casual que apareció en el mundo ¡No! ¡La vida es sagrada, desde el primer instante de la concepción! ¡La vida debe ser protegida, cuidada, promovida por el Estado! ¡Siempre! Porque la persona humana es ¡el centro de toda la sociedad!

La Iglesia siempre en defensa de la vida

Por eso, le pido al Señor de los Milagros, este pueblo peruano sano, limpio, noble, bueno, no se merece el que haya un riesgo, en que la vida en ese vientre maravilloso de la madre, en lugar de encontrar el calor, la ternura, el cuidado, el amor, pueda esa criaturita tener el temor, esa campaña de atemorizar y confundir.

Hermanos ¡Escuchen a sus pastores! Defendemos la vida en nombre de Dios, siguiendo todos los cambios científicos, todas las voces de la gente que sabe; y la Iglesia está siempre atenta para cuidar la vida.

Cómo no decirle al Señor de los Milagros ¡Protege a nuestros gobernantes! ¡Ilumina a nuestros hermanos encargados de cuidar la nación! Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios, nadie ha venido de casualidad, cada uno es sujeto de un amor de Dios. ¡No somos manada, somos uno a uno!  Nada es más hermoso que ser un fiel que ama al Señor de los Milagros.

En este Año Sacerdotal, la eucaristía va muy unida a ese ministerio sacerdotal. Les pido a todos los fieles, ¡Intensifiquen el amor y la devoción a Jesús Eucaristía! ¡Tengan fe en la presencia real! ¡En esa hostia santa está el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Cristo! Y eso nos obliga a recibirlo con respeto, con el alma limpia, acercarnos a la confesión.

Año Sacerdotal y eucaristía

Encomiendo a los sacerdotes en este año de manera muy particular al cuidado del Señor de los Milagros. Les pido a todos ellos que celebren la eucaristía con verdadero amor, que hagan de su vida una eucaristía.

Recuerdo al Papa Juan Pablo II, que nos visitó, y que en el año 2010 celebraremos los veinticinco años de su primera visita al Perú. Ese hombre bueno, fiel que pasó por el mundo entero llevando a Cristo, ¿qué nos decía cuando inició su pontificado? ¡No tengan miedo! ¡Abran de par en par las puertas a Cristo! ¡Señor de los Milagros abrimos de par en par nuestra vida, nuestros pensamientos! ¡Que no tengamos temor de afirmar nuestra fe! ¡De creer en los mandamientos de la ley de Dios, en esos sacramentos de la Iglesia!

¿Por qué decía el Papa, ¡no tengan miedo!? Porque Cristo no quiere quitarte nada bueno, sólo quiere apartar de ti el dominio de la corrupción, el quebrantamiento del derecho, de la arbitrariedad, del abuso. Pero Él no quiere quitarte lo que pertenece a tu dignidad, Cristo quiere iluminar tu vida.

El Papa Benedicto XVI, nos dice repitiendo las enseñanzas de Juan Pablo II “Quien deja entrar a Cristo no pierde nada”. Nada de lo que hace la vida libre, bella, grande. Con la amistad al Señor de los Milagros se abren las puertas de ¡la vida! Sólo con la amistad al Señor de los Milagros ¡experimentamos lo que es bello!

“Así hoy –dice el Papa- yo quisiera cobrar fuerza y con gran convicción a partir de la experiencia de una larga vida personal, decir a todos ustedes, ¡no tengan miedo de Cristo!, Él no quita nada y lo da todo”.

Hermanos, esto es a lo que el Sucesor de Cristo, el Papa, nos anima, a seguir las enseñanzas de la fe, a escuchar a sus pastores, a no escuchar los falsos pastores, a llevar los sacerdotes a la eucaristía y a confirmarnos realmente que hoy al contemplarlos aquí, al contemplar este querido país, puedo decirles que veo una Iglesia ¡más valiente, más libre, más joven! ¡Una Iglesia que sigue predicando  la doctrina de Cristo! ¡Una Iglesia que tiene gozo de este regalo del Señor de los Milagros!

Por eso, miramos con serenidad el pasado, sin miedo al futuro. No permitamos que confundan la doctrina de Cristo, el que quiera apartarse ¡que se aparte!, pero que no se llamen católicos cuando no defienden la doctrina ¡única! de la Iglesia. La Iglesia es un cuerpo con una cabeza, unos miembros y con una ¡enseñanza!, y eso hay que ponerlo en práctica.

Termino, dirigiéndome a nuestra madre, la Virgen María ¡Qué buena, qué tierna, qué valiente al pie de la cruz! Un ejemplo maravilloso para todas las madres. Le decimos a María Santísima, dirigiéndonos al Señor de los Milagros, a ti Jesús te decimos ¡Bendita la madre que te trajo al mundo! ¡Bendita la Virgen María que trajo al Salvador! ¡Benditas todas las madres peruanas que defienden la vida!

Así sea.
 
 

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