- Viernes, 01 de enero de 2010 -

 

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani
Solemnidad de María, Madre de Dios
Viernes, 01 de enero de 2010
Basílica Catedral de Lima

Excelentísimo Monseñor Adriano Tomasi, Obispo Auxiliar de Lima;
Miembros del Cabildo;
Queridos hermanos, religiosas;
Hermanos todos en Cristo Jesús:

En defensa de la consolidación de la familia

En esta primera ocasión en el año 2010, en que la Iglesia celebra la solemnidad de María Madre de Dios, quiero señalar en primer lugar, que este año todos debemos proteger, conocer y tratar mejor ese don  maravilloso que es la familia. La familia que acabamos de escuchar en el evangelio: cómo María conservaba en su corazón, cómo el Niño estaba al lado de su madre, cómo san José los cuida, los protege.

La familia está pasando por un duro desafío, de un mundo que de una manera bastante negativa, ataca esa fidelidad del hombre y la mujer que se comprometen en el matrimonio para toda la vida. Y es la familia en donde brotan las vocaciones, de donde surgen todas las autoridades; es la familia la que establece en todos los rincones del país, es la unidad básica. Así lo ha querido Dios, así se ha vivido durante siglos, los frutos han sido abundantes; y hoy con dolor la Iglesia ve como se la maltrata.

Al iniciar el año les propongo a todos, cuidemos más la familia, pongamos los medios en las parroquias, en todos los grupos que se reúnen, en los municipios, en los colegios, en las leyes, en los medios de comunicación. Protejamos el santuario de la familia, hagamos más llevadera la vida del marido y la mujer.

No hay desarrollo sin familias protegidas

Pidámosle a los padres más preocupación, más tiempo en la educación de sus hijos. Y también pedirle al Estado más respeto por esa obligación primaria de los padres, para que en los colegios, en los municipios, para que en todos esos planes que afectan la moral pública, los padres de familia tengan algo que decir. No podemos contemplar con ilusión el futuro si vemos que a esa unidad fundamental de la familia ¡no se la protege, más aún se la maltrata!

Le pedimos a la Virgen, ¡Madre mía, bendice a la familia!, ¡Ilumina las mentes de quienes tienen que legislar!, ¡Dale fortaleza a esos padres para que sigan educando a sus hijos!, ¡y a esos abuelos!

Busquemos puntos, hermanos, en este año que comienza, un año en que se consolide la familia. Es muy difícil hablar de sociedad sin familia, es muy difícil hablar de crecimiento social sin familia, es muy difícil pretender una mejora en la educación sin familia, es casi imposible hablar de seguridad ciudadana sin familia, ¡despertemos!

María, hoy, en su solemnidad, como madre de Dios y madre nuestra se acerca con cariño a todas las familias, para recordarles a los padres que eduquen a sus hijos ¡no tengan temor! ¡son dificultades que pasan!, pero no abandonen la tarea de enseñar a sus hijos la fe que recibieron de sus padres. Creo que esta gran tarea a favor de la familia tiene un cauce muy mariano y es el rezo del Santo Rosario en familia.

El rezo del Santo Rosario a favor de la familia

Nuestra madre siempre ha manifestado su especial predilección por el rezo del rosario, pues todos en la familia, en las escuelas, en los barrios, en esta gran misión, lancemos ese esfuerzo de recordarle a nuestra madre una y mil veces rezando el rosario que nos acompañe, que fortalezca, que proteja a la familia.

Allí encontrarás junto al Santísimo Sacramento que con tanta ilusión se expone en la mayoría de parroquias de Lima; en esta noche vieja, ¡en cuántos rincones había grupos nutridos de hombres, mujeres, jóvenes y ancianos que esperaban el año delante del Santísimo!, acompañándole, presentándole acción de gracias. ¡Son grandes luces, hermanos!

Por eso, junto a la adoración al Santísimo en la que pedimos tanto por la defensa de la vida desde el primer instante de la concepción, pidámosle a nuestra madre con el rezo del Rosario la protección, la fortaleza de la familia cristiana.

La reconciliación requiere de la verdad

En este año que se inicia, yo quisiera también pedirle al Señor que nos ayude a salir uno al encuentro del otro para ofrecer la reconciliación. Es muy necesario, todavía no acabamos de entender que esa reconciliación está en el nacimiento de Jesús, en la cruz de Cristo, en la confesión sacramental.

Hermanos, esta reconciliación que ofrece la Iglesia es un planteamiento anterior a la política, es anterior a estas discusiones ideológicas. Estamos hablando de una reconciliación que se da al interior de tu corazón, en donde con la ayuda de la gracia pasas por el dolor de renunciar a imponer tu opinión, pasas por el dolor de perdonar a quien te ha agraviado; ¡pero no por ventajas políticas!, ¡no por imagen!, sino porque es realmente un deseo de nuestro Dios.

Dios nos dio el ejemplo, por lo tanto, sigamos el sendero de ese Niño que viene para padecer, para perdonar, ese Niño que viene a morir en la cruz. Y esta actitud de reconciliación adquiere en nuestro país un momento especialmente bueno en este año que iniciamos. Evidentemente, -también nos dice Jesús- esa fuerza de la reconciliación requiere de la verdad, de más aprecio a la verdad. Si la reconciliación ha pasado a ser una palabra que simplemente es un adorno, entonces, no estamos hablando con sinceridad.

Que nos demos cuenta que es muy importante para la política, la reconciliación ¡Sí, es muy importante! Pero, si no hay verdad, si no hay reconciliación interior ¡fracasa el proyecto de paz pública porque no es sincero! Hace falta purificar el hombre interior, de esa manera, podremos construir un mundo más en justicia.

Despertemos la sensibilidad por la vida espiritual

Para todo esto, hermanos, no dejemos de contemplar en estos días a nuestra madre, a nuestro padre y señor, san José, al Niño ¡Recuperemos la sensibilidad! ‘¡Me aqueja! ¡Me conmueve! ¡Me asombra! ¡Me alegra! ¡Me entusiasma! ¡Me sorprende!’, son palabras de la sensibilidad frente al acontecimiento del nacimiento de Jesús ¡Despertemos la sensibilidad por la vida espiritual! Hay una desmesurada sensibilidad por la vida material, ¡todo es puramente material! ¡Excesiva reacción a favor de lo material!

Te pido que veas en tu interior como va ese espíritu que se conmueve, que reza, que adora, que se alegra, que lleva el amor a los demás, que busca hacer el bien en otros, que no tiene tiempo para pensar en sí mismo, que le alegra cuando ayuda a alguien que no tiene, que cumple su palabra por honradez ¡Levantemos el valor de esas virtudes que no están en el mercado! El hombre, ¡honesto!; la mujer, ¡elegante, digna, bella!; los hijos ¡leales, nobles, cercanos a sus padres!; los padres ¡fieles, ejemplares!; los abuelos ¡custodios de esa riqueza familiar!; los amigos del barrio ¡siempre unidos buscando ayudarnos! Es decir, ¡espíritus nobles, sanos, humanos, leales! ¿Por qué? Porque solo en ese espíritu encontraremos al hijo de Dios, al Niño Dios.

Hagamos como María, conservemos estas palabras: la familia, la reconciliación, la verdad. De esa manera tendremos un 2010 maravilloso. En ese espíritu le deseo a ustedes y a todas las familias peruanas un ¡feliz año!

Así sea.

 
 

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