- Domingo, 10 de enero de 2010 -

 

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani
Bautizo del Señor
Domingo, 10 de enero de 2010
Basílica Catedral de Lima

Muy queridos hermanos en Cristo Jesús

Educar en la fe, es educar en la verdad

Somos hermanos en Cristo porque hemos sido hijos de Dios a través del bautismo. Precisamente todas las personas nacen a la vida a través de sus padres en un hogar; pero, nacen a la familia de Dios como hijos suyos adoptados por Cristo, que fue el primero que recibiendo el bautismo escucha de su Padre Celestial “Este es mi hijo amado, escuchadle”.

Vale la pena poner mucho empeño en la importancia de este sacramento. Es un misterio, una acción de Dios por la que nos regala a su Hijo para que nos rescate, y el precio que paga ¡es su vida! Y con el bautismo se vuelven a abrir las puertas del cielo para que podamos ser ¡hijos de Dios!

Esto hermanos, que es un regalo tan grande, a veces no se entiende o no se cuida. Porque así como esos niños no tuvieron ninguna responsabilidad en el pecado de Adán y Eva, Dios nos abre las puertas de una manera sencilla, desde muy pequeños, pero poniendo la garantía de que los papás van a educarlos en la fe. Lo que fue para ellos y para todos nosotros motivo de separación de Dios, también es motivo de volver a estar con Dios a través del sacramento del bautismo. Dios sabe lo que quiere de cada uno y pone como testimonio –y por eso la Iglesia pide a los papás y esto es lo que yo quisiera rescatar- la grave responsabilidad que tienen los padres de familia de educar en la fe a sus hijos.

Y hay una dimensión de esa educación en la fe muy importante. Educar en la fe es educar en la verdad, desde pequeños hay que acostumbrarnos a decir la verdad. Porque cuando se falta a la verdad surgen las enemistades, surgen los odios, las injusticias ¡por faltar a la verdad! Y muchas veces llama la atención como habiendo sido bautizados en Cristo; sin embargo, nos olvidamos de ese compromiso de ser sinceros, de decir la verdad, y apelamos como cualquier pagano a una manera totalmente ajena a la fe católica.  Meditemos, un poco, hermanos, ¡con Dios no se juega!

Educar en la fe, saber que el pecado es el verdadero enemigo

La muerte de Jesús en la cruz es un testimonio tan grande para que todos en cualquier momento de la vida podamos estar seguros: Él me ama, Él me ha rescatado, Él me ayuda y me enseña como nos dijo “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Educar en la verdad, saber que el pecado es el verdadero enemigo. En el pecado está la causa de todas las dificultades. Y el pecado es algo que introduce el demonio en el mundo, y que lo introduce en nuestras almas.

Por eso, a esos niños, jóvenes hay que hacerles ver desde pequeños ¡Qué es el pecado! ¡Cómo se manifiesta! ¡Por qué el pecado! ¡En qué consiste! Y al mismo tiempo, enseñarles que a esa maldad del pecado, Jesús ha venido con su vida para revelarnos la bondad de su amor, de su perdón, ¡de su ayuda! Son esas dos fuerzas que los chicos deben conocer y aprender, a saber perdonar y a saber pedir perdón; porque en esa lucha del pecado y de la gracia de Dios, en ocasiones –cuando uno cae- debe acercarse a pedir perdón en la confesión. Cuando una persona no trata bien a otra debe acercarse a manifestar su arrepentimiento ¡esa es la vida cristiana! La vida que no es cristiana tendrá muchos otros modos; pero la vida de Cristo habla de arrepentimiento, de perdón y de la verdad. Si esto no se entiende, la fe católica ¡ha fracasado!

Por eso, verdad de la oración, ¡Necesidad de rezar!: el Padre nuestro, el Ave María. Y todo esto se convierte en un modo de vivir la verdad en la vida diaria. Esta Madre que es la Iglesia, tiene como madre a la Virgen, como hermano mayor a Cristo; por lo tanto, el gran mensaje de fraternidad, de verdadera hermandad es ¡Hermanos en Cristo! ¡Hermanos con la luz del Espíritu Santo! ¡Hermanos en ese deseo de amar siempre la verdad!

Estamos celebrando hoy, ese sacramento por el cual Dios nos incorpora a su familia, para comportarnos como verdaderos hijos de Dios, y que el obispo representa a Cristo. Si tenemos fe, ¡esta es la enseñanza que la Iglesia nos da!

Papás, a bautizar a sus hijos pequeños; a educarlos en  la fe y a darles ejemplo con la palabra y con las obras. Todo esto es un regalo maravilloso, saber que Jesús nos incorpora a la vida eterna, nos incorpora a su amistad; que podemos aceptar o rechazar, lo que no podemos es modificar. Él ha hecho la opción por nosotros, Él ha venido a buscarnos. ¡Se le puede aceptar o rechazar! Lo que no se puede es modificar ese plan amoroso de Dios de salvarnos a todos que se inicia en el sacramento del bautizo.

Así sea.

 
 

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