- Lunes, 26 de julio de 2010 -

 

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani
Fiesta de San Joaquín y Santa Ana
Lunes, 26 de julio de 2010
Parroquia Santa Ana

Muy querido Padre Alberto Lara, párroco de la Iglesia de Santa Ana,
Muy queridos sacerdotes misioneros de los santos apóstoles,
Seminaristas,
Miembros de la hermandad,
Muy queridos hermanos todos en Cristo Jesús,

Hoy en esta fiesta de Santa Ana, quisiera que juntos meditáramos en la presencia de Dios. La parroquia, esta familia que se construye alrededor y por medio de la Eucaristía, no es el edificio del templo; la parroquia es algo mucho más profundo, es una comunidad unida en Cristo. No solamente unida en el barrio, en la tradición histórica, sino en Cristo. Mientras en este altar se celebre la Eucaristía, sabemos del impacto en la familia y en la comunidad que se reúne en esta Iglesia.

Por eso, uno puede pensar, ¿La Eucaristía que se celebra en Roma, en San Pedro es más importante que esta?, no. ¿Es más importante la que se celebra en la Catedral o en una Iglesia con mucha gente?, no. Porque lo central de la Eucaristía es que se renueva y se actualiza la entrega de Cristo Jesús en la cruz, el mismo Cristo, de manera sacramental: del pan que se convierte en su Cuerpo, y el vino que se convierte en su Sangre.

Pero ese Cristo realmente presente se ofrece nuevamente entregando su vida en la cruz, por amor a cada uno, renueva esa muerte, sacrificio para perdonarnos, para salvarnos, para unirnos a la vida eterna. Por eso vemos un crucifijo que preside el altar.

El mismo Cristo se ofrece como alimento a quienes están en gracia de Dios, entonces como su cuerpo, él habita en mi, y cuando salgo de aquí, habiendo comido su cuerpo, soy una persona hijo de Dios en Cristo, que va a ser misionero, lleva el cuerpo de Cristo que ha comido y lo lleva a todos, y por eso va construyendo, llevando el mensaje de la Redención, el amor y la enseñanza de Cristo.

Todo esto hermanos se edifica, se alimenta y crece mientras haya en este altar un sacerdote que celebre la Eucaristía, eso es lo que forma la parroquia, eso es lo que crea la familia parroquial. Por eso es tan importante cuidar el templo, la casa de Dios, cuidar la celebración de la Santa Misa y predicar la palabra de Dios.

La parroquia y el desafío del siglo XXI

¿Y cuál es el gran desafío, de hoy, de la parroquia Santa Ana?, ustedes se dan cuenta que esta parroquia es la de las más antiguas de la Arquidiócesis de Lima; pero hoy el barrio ya no es muy residencial, las familias no abundan y por eso hoy la parroquia tiene que salir a buscar a la gente, a todos esos comercios, a toda esa gente que da vueltas por las calles y salir en bendición con el catecismo, con un pequeño recuerdo de Jesús, de María, con un Rosario, invitarlos a adorar el Santísimo, a rezar en su casa, a que el Corazón de Jesús presida sus tiendas, sus cuartos, sus quintas, esta es la tarea de hoy de la parroquia. Para ello estar muy cercanos a Jesús en la Eucaristía, gran amor a la liturgia, al cuidado del templo, y al mismo tiempo, grupo de laicos que salen a anunciar.

Comprendo que para muchos de ustedes viene la pregunta, ¿cómo hacemos?, piensen en los comienzos cuando los primeros evangelizadores iban de casa en casa, de tienda en tienda, lleven el amor de Jesús, el amor misericordioso, Jesús en ti confío, y decirle a aquél hombre o mujer, porqué no lo pones para que presida tu casa, tu quinta, tu pequeño grupo; porqué no pones tu corazón misericordioso de Jesús para que todos los que pasen, al verlo, le digan: “Jesús, en ti confío”, y una pequeña imagen de la virgen que peregrina por las calles, por las casas va generando esa iglesia misionera, porque Jesús, desde allí en el altar nos dice “vayan por todo el mundo, prediquen el evangelio, yo estaré con ustedes”.

Tengamos fe hermanos, el Evangelio lo dice muy claro: dichosos ustedes por lo que ven sus ojos y lo que oyen sus oídos, dichosos que sus padres y abuelos les enseñaron la fe, los formaron en ese amor a Jesús. Si son dichosos lleven esa alegría a todos los rincones de su parroquia, que con tanta alegría les he entregado a los Misioneros de los Santos Apóstoles, para que esa comunidad le imprima un esfuerzo misionero, para que desde aquí se irradie el catecismo, visitas a los enfermos, para que desde allí se generen grupos misioneros, en las casas, en las calles, ese es el sentido de una Iglesia: una luz, unas campanas, que te recuerdan, “Jesús está aquí”.

María, estrella de la Evangelización

Por eso, hoy al celebrar a San Joaquín y a Santa Ana, al hacer este recuerdo de lo que es una parroquia se lo pedimos de manera especial a la virgen María, cómo no va a estar contenta la madre de Dios, si hoy estamos recordando a sus padres.

Hoy nos unimos a nuestra madre, estrella de la Evangelización, María conduce esta tarea misionera de la mano de San Joaquín y Santa Ana, impulsa en estos sacerdotes, mujeres, colaboradores y en todos nosotros ese andar misionero, no nos quedemos encerrados en el templo, salgamos, la gente nos necesita, Dios quiere, vendrán las vocaciones.

Por eso me alegra ver que el templo va poco a poco adquiriendo un ambiente de casa de Dios, poco a poco tenemos que seguir dando un esfuerzo entre todos, para que Jesús esté contento. El Señor, que es tan bueno, va sembrando en los corazones paz, orden, respeto, unidad familiar, más fe, mejor ambiente de trabajo y vida para la gente, pero todo eso parte de la eucaristía.

Con esos sentimientos, hoy con mucha alegría vengo a esta Iglesia a celebrar la Santa Misa.

Así sea.

 
 

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