Vivimos tiempos de globalización, de consumismo, de culto al éxito, al placer y al tener más, con estrés y todo. Violencia, discriminación y corrupción agravadas en todas las latitudes, ya sea bajo el individualismo capitalista, ya sea bajo los fanatismos totalitarios (políticos, religiosos y/o nacionalistas). Como nunca, tiempos que necesitan la luz del Evangelio propalada por auténticos conocedores de la Biblia (ahora que tantos escritores, cineastas y periodistas poco o nada preparados se empecinan en desprestigiar a la Iglesia de Roma y en desdivinizar a Jesús), de la historia de la Iglesia y la reflexión teológica, en especial la de las fuentes más sólidas: los padres y los doctores de la Iglesia.
Sin duda, uno de los más autorizados, con un centenar de libros que lo sitúan entre los mayores teólogos contemporáneos, es Joseph Ratzinger, desde el 2005 Benedicto XVI. Antes de ser elegido Papa, ya había escrito la mayor parte del libro que motiva este comentario; lo ha culminado ahora sin otorgarle la autoridad magisterial propia de las encíclicas, ya que es un esfuerzo teológico por mostrarnos a Jesús en toda su realidad histórica, sin reducirlo a la erudición de la investigación histórico-crítica, esclareciéndolo en su misterio de hijo de Dios.
Estamos ante una obra maestra para todos, no solo para especialistas. Por ejemplo, aclara que el término "Evangelio" no significaba meramente "buena nueva"; designaba la proclama de un emperador: "Cuando los evangelistas toman esta palabra (...), quieren decir que aquello que los emperadores, que se tenían por dioses, reclamaban sin derecho, aquí ocurre realmente" (p.74). Ligado a ello, tenemos que Jesús anuncia el reino de Dios, donde el sustantivo "reino" debe entenderse como "reinado" porque Dios es el Señor de la Historia: "No se habla de un reino futuro o todavía por instaurar (...) Jesús anuncia simplemente a Dios, es decir, al Dios vivo, que es capaz de actuar en el mundo y en la Historia (...) Dios es realmente Dios, es decir, tiene en sus manos los hijos del mundo." (p. 83).
Resulta interesante, al respecto, que Barrabás fuera un líder de la resistencia judía contra Roma: "Bar-Abbas significa hijo del padre: una denominación típicamente mesiánica (...) en muchos manuscritos de los Evangelios hasta el siglo III el hombre en cuestión se llamaba Jesús Barrabás, Jesús hijo del padre. Se manifiesta como una especie de doble de Jesús, que reivindica la misma misión, pero de una manera muy diferente. Así, la elección se establece entre un mesías que acaudilla una lucha, que promete libertad y su propio reino, y este misterioso Jesús que anuncia la negación de sí mismo como camino hacia la vida. ¿Cabe sorprenderse de que las masas prefieran a Barrabás? (p. 66).
EVANGELIO COMENTADO
Aborda la vida pública de Jesús, desde su bautismo hasta la transfiguración, y esclarece la cohesión entre los cuatro Evangelios (no obstante la singularidad, en muchos aspectos, del más sublime, el Evangelio según San Juan) y la conexión profunda que tienen con la totalidad de las Sagradas Escrituras. Asistimos así al bautismo, tres tentaciones, el anuncio del reino de Dios, el sermón de la montaña, el padrenuestro, la elección de los discípulos, las parábolas, las grandes imágenes del Evangelio de San Juan, la confesión de San Pedro y la transfiguración, y cierra el volumen un análisis de los nombres con los que Jesús se designa a sí mismo.
Artículo de Ricardo González Vigil. Publicado en la sección Letra Viva de “El Comercio”, diario que calificó de sobresaliente la obra del Papa Benedicto XVI el viernes 28 de diciembre de 2007. Página C4. |