El Perú y su futuro.
El futuro de los peruanos no debe depender de los normales y lícitos vaivenes de la política partidaria. ¡El Perú demanda hoy un suplemento de amor a la Patria grande, de todos, en donde una gran mayoría “espera contra toda esperanza”!... debemos fortalecer nuestra convicción en el sentido de que el Perú es una realidad digna en la historia universal, a la cual ha aportado valores intelectuales y humanos. El Perú ha sido y es obra de quienes hemos nacido en esta tierra. (28 de julio 2004).
La píldora del día siguiente.
Tengamos la honradez de decir que una de las características de esa pastilla, es impedir que ese óvulo fecundado, un embrión que ya tiene vida propia, pueda anidarse, pueda tener un lugar donde desarrollarse. Estamos hablando de vidas. No es un problema político, no es un problema de ideologías, es un problema muy serio: es la vida. (20 de junio del 2004).
Relaciones sexuales.
La Iglesia, y yo como pastor de ella, tengo la obligación de explicar la doctrina de la Iglesia, de explicar lo que Dios nos ha pedido y por lo tanto de decirles a jóvenes, a parejas, a solteros y casados, que las relaciones sexuales fuera del matrimonio son un pecado grave; que el matrimonio es con uno y con una para toda la vida; que el control artificial de la natalidad no es lo que Dios quiere. Jóvenes, papás y mamás: ¡no tengan miedo a la vida! (20 de junio del 2004).
A la mujer y contra el aborto.
Mamás, ustedes nos han llevado en su vientre durante nueve meses en que ya su amor, nos acompañaba. Por todo ese cariño, levanto mi voz haciendo eco a la voz del Papa, y les digo: ¡Mamás cuiden a sus hijos no concebidos todavía, cuiden esos hijos que acaban de ser fecundados que están en su vientre, y que hoy lamentablemente los exponen a ese miedo del aborto! (9 de mayo del 2004).
Maternidad.
La mujer es más fuerte que el hombre, aunque tiene los mismos derechos, los mismos deberes, la misma dignidad, porque, además, tiene un toque especial: la feminidad, la ternura, el cariño, la agudeza, ese ser mujer, que las hace ser diferentes -ni mejores ni peores- algo que las hace que estén orgullosas de serlo: el ser madres. (9 de mayo del 2004).
Sobre las críticas a su creación Cardenalicia.
“No podemos ser ingenuos, hay una campaña para desprestigiar al nuevo Cardenal de Lima. No es una casualidad, es una campaña y la tenemos que enfrentar con las armas de Cristo: la paz, la oración, la comprensión, pero no la ingenuidad de callar. Es una campaña bien orquestada con diferentes elementos y personajes, pero no nos da miedo. Somos, como dice San Pablo, "ciudadanos del cielo" y por lo tanto, con mucha paz, les decimos a todos: el Santo Padre Juan Pablo II, Vicario de Cristo, con toda la información, con todo lo que conoce uno a uno, a todos, decide nombrar al Arzobispo de Lima, Monseñor Juan Luis Cipriani, Cardenal de la Iglesia Universal”. (11 de marzo 2001).
A los padres de familia.
¡Familia católica peruana: no aceptemos ni el aborto ni la separación y divorcio ni todos los maltratos que se pretenden realizar! Rescatemos la grave responsabilidad que tienen los padres de familia de velar por la educación religiosa de sus hijos. Esa educación religiosa no es una propiedad ni del Estado ni de ninguna institución, es responsabilidad que no pueden dejar de lado los padres de familia. ¡Papás y Mamás: participar en el proyecto educativo religioso de sus hijos! (11 de junio 2000).
Sacerdotes y el valor de la castidad.
No tienen razón aquellos que hablan del 'peso' de la castidad. El beato Josemaría decía: "¿Acaso a los pájaros no les pesan las alas? ¿Y no son las alas las que les permiten volar alto?". Hermanos, esa gracia del celibato supone un esfuerzo y una entrega total, pero es lo que permite volar para la entrega al amor de los amores, para que toda la vida sean enamorados, hombres especialistas en el amor. Porque eso significa ser un sacerdote, y eso es lo que empiezan a ser ustedes a partir de hoy como diáconos. (8 diciembre 1999).
A las vocaciones.
Necesitamos sacerdotes fieles, que sean imagen y vida de Cristo. Jóvenes, tengan confianza y amor, dejen fuera la duda, asuman el compromiso, cumplan la palabra dada. Dice el Papa: "El tiempo del hombre sin vocación -como llama a esta época de confusiones-, reclama que crean en la vida y la acojan, que aprendan a cultivar el verdadero amor, jóvenes valientes, con el corazón y la mente abiertos a ideales altos y generosos para restituir la belleza de la vida". (8 diciembre 1999).
Sexualidad y dignidad.
Países poderosos pretenden imponer todos los microbios, enfermedades y verdaderos atropellos a la familia, a la mujer, a la juventud. Y tenemos que decirles, con el amor que nos mueve a preservar esos valores cristianos, que no son el camino del siglo XXI. ¡Tenemos que rescatar el gran valor de la mujer madre, de la mujer, y hay que decirlo, de sexo femenino, porque no hay otro tipo de mujer, la mujer digna y elegante, que no se vende! Con todo el respeto que esta situación moderna pretende crear, en una enorme confusión, tenemos que decir que en el proyecto del Creador, de nuestro Padre Dios, está el sexo masculino y el sexo femenino. Parece mentira que a estas alturas, cuando la ciencia puede determinar hasta los mínimos detalles del primer instante de la concepción, cuando la ciencia puede llegar a otros planetas, cuando la ciencia puede determinar con verdadera exactitud fenómenos físicos, químicos, biológicos, cuando la medicina ha hecho unos pasos inmensos en bien del bienestar de la humanidad, parece mentira que junto a ese avance maravillosos estemos realmente en un atraso diabólico en el cual como Pastor tengo que recordarles que: ¡La mujer es mujer y que el hombre es hombre y que lo demás no es proyecto del Creador! (11 de junio 2000).
A la juventud.
Hay que participar para defender esos valores, y a la juventud, que tiene todo el derecho de mirar el futuro de la humanidad con confianza y optimismo, a esa juventud, con palabras del Santo Padre les repito: solo Cristo tiene las respuestas a esas inquietudes que la juventud lleva en el alma; las demás respuestas son falsas: la droga, el licor, el sexo, la violencia, la mentira. ¡Sigamos a Cristo, que Cristo tiene respuestas para ustedes, jóvenes, que con todo derecho nos piden a los demás que hagamos un país y un mundo habitable y lleno de esperanza! (11 de junio 2000).
La moral.
“Tenemos un gran desafío que nos obliga a todos a formar bien nuestras conciencias, siguiendo los claros contenidos del Catecismo de la Iglesia católica. Descubrir el vínculo que existe entre la fe, la verdad, el bien y la libertad y rechazar la inclinación al permisivismo moral imperante”. (Al asumir el cargo de Arzobispo de Lima y Primado del Perú. 30 enero 1999).
Pueblo ayacuchano.
Me han enseñado mucho. He aprendido a amar más y mejor, con obras, a la gente más necesitada. Me han enseñado a sufrir al contemplar la pobreza y la marginación de mis hermanos del campo. La experiencia de una vida intensa junto a ellos me ha mostrado el verdadero rostro de la dignidad de esos hermanos nuestros, hijos de Dios. Han sido años duros -por qué no decirlo- pero años de gozo y esperanza. La paz, que es un bien fundamental para cualquier actividad humana, también para la religiosa, se ha logrado casi en su totalidad. La oración y la expiación han sido mis armas delante de Dios. En esta forja de dolor, de pobreza, de oración y de lucha por recuperar la dignidad de las personas humanas más desposeídas y olvidadas, reforcé mi amor concreto por los más necesitados y mi respeto a los Derechos Humanos. Nunca me he olvidado y nunca me olvidaré de este amor por los más marginados, con obras y de verdad. (Al asumir el cargo de Arzobispo de Lima y Primado del Perú. 30 enero 1999).
Retos de la Iglesia.
El siglo XXI estará marcado, de modo especial, a mi entender, por la presencia de la Iglesia a través de la actuación secular de ciudadanos de cualquier condición social, de diferentes niveles culturales que, en la cátedra, en los medios de comunicación, en la familia, en el deporte, en el mundo de la cultura, en el campo, y en toda actividad humana honesta, respondan con su buena formación cristiana y su competencia profesional a la "llamada universal a la santidad", proclamada por el concilio Vaticano II en la Constitución Dogmática Lumen Gentium. En pocas palabras, gente de la calle que, con su personal responsabilidad, descubra a los demás el valor divino de lo humano, siendo sal, luz y fermento en medio del mundo. La tarea es apasionante. (Al asumir el cargo de Arzobispo de Lima y Primado del Perú. 30 enero 1999).
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