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La Iglesia de Lima celebra 70 años de la presencia Carmelita en el Perú

El Arzobispo de Lima y Primado del Perú, Mons. Carlos Castillo presidió la misa de acción de gracias por los 70 años de la presencia Carmelita en el Perú en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen en Miraflores. Asistieron también el Obispo Auxiliar de Lima, Mons. Guillermo Elías; y el Obispo Auxiliar de Arequipa, Mons. Rául Chau.

«Estos 70 años de una de las congregaciones de más riqueza espiritual de nuestra Iglesia ha hecho que nosotros tengamos ese testimonio para vivir nuestra fe», comentó el Arzobispo de Lima.

La fe de Israel comienza con un llamado sin miedo

Al meditar sobre las lecturas del día, Mons. Castillo recordó que el entramado dentro del cual María vivió su experiencia de acoger al Señor y de dárnoslo es «un entramado que tiene como contexto la presencia de la ley de Moisés” y que podría considerarse como el «texto inicial de la vocación de Moisés con matices profundos, porque el Señor lo llama y él con sencillez responde: ‘Aquí estoy’, es decir, se dispone”.

“Esto es muy importante porque, la fe de Israel comienza con un llamado muy directo, el llamado a Abraham: ‘Abraham, sal de tu tierra y ve a la tierra que yo te mostraré’, no hay ningún misterio, no hay ningún miedo y Abraham partió como se lo había dicho Yahvé, creyó y empiezan un camino juntos», comentó.

Yahvé nos revela que es cercano

«Si leen ustedes esa parte del Génesis, no hay miedo, inclusive cuando se presenta la situación más difícil: “¡Sacrifícame a tu hijo!” no es Yahvé quien se lo pide, es Elohim, es la divinidad ¿Y quién es el que salva al niño? Es Yahvé, y Yahvé nos revela que es cercano, no es lejano».

Es por eso que la vida cristiana, al igual que la vida en el antiguo testamento, «es una pelea permanente para esclarecer quién es Dios, pero a su vez, Dios también pelea para que se aclare quién es él verdaderamente. Esto es muy importante porque Dios se revela en la historia real, no en una historia ficticia”.

«En nuestro país también tenemos historias concretas de personas que encarnaron en su vida el paso de Dios y a los cuales el Papa en su visita llamó profetas. Cuando Rosa, Martín, Francisco Solano, Juan Macías actuaron en ese tiempo, lo hicieron como profetas de esa época y no como santos santones».

“Esto es una pista de reflexión que tenemos que profundizar porque los hemos iconizado, los hemos enyesado, le hemos quitado la vitalidad real que tuvieron en su historia, y es la misma situación con María”.

La vida de Jesús nos enseña y transforma

En otro momento, el Primado del Perú recordó que “Dios no da miedo, Dios es nuestro amigo y por eso aparece como niño, es presentado como niño a nosotros, y María lo presenta así también porque quiere que no tengamos miedo a Él”.

«Es un Dios que mostrando a su hijo nos convierte» – continuó – «nos convierte desde que es pequeño, suscitando en nosotros sentimientos de amor, de ternura, permitiendo que nosotros nos transformemos, que nuestros sentimientos íntimos se puedan discernir y esclarecer».

«Nos hemos reunido hoy día para celebrar a la madre de ese niño que estuvo dispuesta a presentarlo a todos para que no tengamos miedo»

“Por eso, el misterio más profundo no es un misterio que da miedo, sino un misterio que nos enfrente a las situaciones con valentía y también con esperanza”.

Entendernos y comprendernos como Iglesia

Monseñor Castillo hizo también un llamado para que la Iglesia sea un espacio de entendimiento, comprensión y diálogo sincero:

«La Iglesia tiene que ser casa para que conversemos y nos conozcamos, la Iglesia tiene que ser espacio para que podamos abrirnos, entendernos y querernos, comprendernos, amarnos, y esa Iglesia va a ser fuente inagotable para hacer que eso que llamamos conversión pastoral en la Iglesia, pueda ser lo que Bartolomé de las Casas llamaba «procesos de conversión social y personal para los pueblos». Todavía no se ha probado la conversión como método para cambiar la historia, sólo la ha probado el Señor que ha puesto a Jesús, muerto y resucitado, que desde el corazón de la historia, sigue anunciándonos la resurrección».

“Es necesario que todos nos dispongamos a ese proceso amplio y probemos que, a través del encuentro y de la Iglesia como casa, podamos todos juntos ponernos de acuerdo y hagamos lo que nos inspire el Señor”, finalizó.