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Canonesas de la Cruz: un milagro de amor en la Iglesia

«Ustedes son el milagro más grande que hoy la venerable Madre Teresa de la Cruz, vuestra fundadora, mira desde el cielo. Por eso nosotros las recibimos con entusiasmo y alegría, y las miramos con este gran milagro de amor en nuestra Iglesia», comentó Mons. Nicola Girasoli, Nuncio Apostólico en el Perú, durante la misa de acción de gracias por el centenario de la Congregación de Canonesas de la Cruz.

La celebración eucarística contó con la presencia del Cardenal Pedro Barreto, Arzobispo de Huancayo; y Mons. Aldo Giordani, Nuncio Apostólico en Venezuela. También asistió el Alcalde Metropolitano de Lima, Jorge Muñoz.

Acompañaron como concelebrantes Mons. Guillermo Vera Soto, Obispo de Iquique; Mons. Salvador Piñeiro, Arzobispo de Ayacucho; Mons. Richard Daniel Alarcón , Arzobispo de Cusco; Mons. Juan Carlos Vera, Obispo Castrense del Perú, Mons. Isidro Barrio, Obispo de Huancavelica; Mons. José Eduardo Velázquez, Obispo de Huaraz; y Mons. Héctor Vera, Obispo de Ica.

Mons. Girasoli reconoció el esfuerzo, servicio y amor a la Iglesia de las hermanas canonesas desde su fundación: «Han sido 100 años de haber formado muchas generaciones de jóvenes, 100 años de contribución al crecimiento de la Iglesia con su apostolado de evangelización».

«En cualquier lugar donde están las canonesas con su trabajo y su servicio hacen brillar el rostro misericordioso de la Iglesia. Gracias por su total entrega al pueblo de Dios, gracias por estar con los pobres, los jóvenes, los más necesitados, gracias por estar siempre donde el Señor las necesita».

Jubileo con un corazón memorioso

Y recordando la visita del Papa Francisco al Perú en enero de 2018, el Nuncio Apostólico en el Perú indicó que cuando se celebra un jubileo el corazón debe hacerse «memorioso»:

«Miramos a estos 100 años con un corazón memorioso y agradecido. Recordamos hoy a todas las hermanas que ya están en el cielo y que hoy con la Madre Teresa de la Cruz están felices de verlas a ustedes en esta Catedral, como la continuación entusiasta del viaje que empezó con la madre fundadora y las primeras hermanas», indicó.

La celebración de un jubileo, con un corazón memorioso, nos anima también a vivir con mayor entusiasmo y mayor ardor apostólico en el presente

«En este viaje jubilar, el pasado agradecido y memorioso, y el presente lleno de amor y de entusiasmo a Cristo crucificado, nos hace mirar hacia el futuro con confianza y esperanza. La esperanza de la que hablamos no se basa en números ni obras, se basa en el Cristo crucificado, en aquel en quien han puesto su confianza».

El verdadero amor tiene forma de cruz

«Necesitamos mirar a la cruz – prosiguió – la cruz nos enseña a retomar el camino». Y si muchas personas representan el amor en la forma de un corazón es porque todavía no han «conocido la cruz», porque el verdadero amor «tiene forma de cruz».

«Es en la cruz que se vive el verdadero amor, mirando la cruz el amor se dilata y une el cielo con la tierra, por eso la venerable Teresa de la Cruz ha puesto en la cruz y en el Cristo crucificado el ideal del carisma fundacional de vuestra congregación», expresó.

«Todas ustedes hermanas canonesas forman el mosaico de amor para Dios, cada una de ustedes es una pieza irremplazable de este mosaico. Sean siempre orgullosas y felices de vuestro carisma y de vuestra congregación», concluyó.

Recomenzar con nuevas fuerzas

Por último, la Madre Sara Merino, Superiora General de las Canonesas de la Cruz recordó las palabras de la fundadora Teresa de la Cruz: ‘Vuestro título de nobleza es la cruz, eso lo habéis de realizar todas en conjunto como ideal de vuestra comunidad’ –«Son palabras significativas que vienen a dar sentido a todo este tiempo de actividades – explicó.

«No solo es la celebración de una institución – insistió – es una vocación, un llamado de Dios que hace más de 100 años Teresa sintió y hoy vemos que sus frutos no están ni en la cantidad, ni en las obras, sino en el estilo de vida que el crucificado imprime en nuestros corazones».

«¿Y ahora qué? ¿Ahora acaba todo? – preguntó la Madre Sara Merino – Nos toca recomenzar con las fuerzas de nuestro título de nobleza: el crucificado; que nos da un estilo que es el del sacrificio, la inmolación, la humillación, el desamparo».

«Que este camino rumbo a nuestro siguiente centenario sea siempre bajo la sombra de la cruz, amando y sirviendo a Dios con esa sencillez que es elocuente», finalizó.