Actividades

Una fe pensante y de razones profundas – Arzobispo de Lima

El Arzobispo de Lima y Primado del Perú, Mons. Carlos Castillo, hizo un llamado a reflexionar y profundizar el sentido de nuestro cristianismo: “Tenemos un cristianismo algo ‘mágico’ porque pensamos que, simplemente con los milagros y sin reflexionar, vamos a tener las cosas” – dijo en la reciente edición de Diálogos de Fe.

Mons. Castillo se refirió a la Lectura del libro del Génesis (3,9-15.20) del Segundo Domingo de Adviento en el que se presenta la figura del Edén, un jardín de árboles deleitosos para comer y gustar:

“En el centro se encuentra el árbol de la vida, pero también está el árbol de la ciencia y del bien y el mal, que no dice dónde está – explica Mons. Castillo – y por lo tanto, es un principio, el principio de reflexión, es decir, yo para tener vida me deleito, pero me deleito razonando qué deleite puede ayudar a la vida y qué no”.

Actuar sin razonar, “comer” los principios

La tentación a través de la serpiente se presenta en el marco de la dimensión caótica que existe en el ser humano – “la mujer estaba sola y la tentación viene como una consecuencia de este enredo de razonar” – añade el Arzobispo de Lima recordando que el Señor le permitió comer todos los árboles excepto del árbol de la ciencia y del bien y del mal.

¿Qué significa comer el árbol de la ciencia y del bien y del mal? “Es comer un principio – precisa Mons. Carlos – es no respetar el principio y no razonar, es comerse como nosotros nos comemos los puntos y las comas y podemos perder un juicio”.

“La tradición dice que a partir de allí se instaura algo que todos solidariamente tenemos, una posesividad sobre el principio del razonamiento que es “yo quiero ser Dios”. Es una especie de tomar el cielo por asalto, algo que hace que el ser humano imponga sus principios y no los descubra ni los identifique”, acotó.

“Los principios son misteriosos y difíciles de encontrar – sostiene Mons. Castillo – pero están ahí, y vivir con un sentido idealista falto de realidad y no de acuerdo a los principios es la causa del pecado”.

María hace un acto de fe razonable

El Arzobispo de Lima también dedicó unos minutos a explicar el significado de La Anunciación -¡Alégrate! Llena de gracia – le dice el Ángel Gabriel a María: “eso es muy importante – dice Mons. Castillo – el punto esencial es que María es pura en el sentido de llena de la gracia de Dios, llena de amor”.

María tiene dentro de su ser una capacidad de amar que le viene de Dios, que la constituye en principio de la nueva humanidad, de donde todos vamos a renacer.

“María hace un acto de fe razonable – sostiene el Primado del Perú – por eso, cuando el ángel se manifiesta María se turba y, simultáneamente, pregunta ¿Qué tipo de saludo es éste? Usa la razón”.

Un cristianismo pensante como el de María

Mientras que en el caso del Génesis la serpiente entusiasma a Eva a “comer la razón y los principios” diciéndole que será como diosa y ella se abalanza y no razona, María, en cambio, usa una razonabilidad propia que cuestiona, reflexiona y profundiza las cosas antes de tomar una decisión.

“Tenemos también un cristianismo, en ese sentido, algo ‘mágico’, porque pensamos que, simplemente con los milagros y sin reflexionar, vamos a tener las cosas. Hay un principio que el Papa Francisco siempre llama principio de realidad que nos llama a poder discernir las cosas, pensar”, acotó.

Ese cristianismo pensante es típico en María, que obedece íntimamente pero también razonablemente, es un razonamiento profundo.

“Uno de los problemas más grandes de la fe en Israel y la nuestra es que pensamos que hay que ganarse el amor de Dios – prosiguió Mons. Castillo – sin embargo, es el Señor el que ama a los hombres gratuitamente, y la paz viene como consecuencia de su amor gratuito. Por eso cantamos en la navidad “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor” – porque lo grautito significa generoso, generador de vida, sin condiciones, incondicional, irreversible, absoluto y total para el ser humano”.