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Virgen de Fátima: Discernir el signo de estos tiempos como lo hizo María

“En nuestro hogar nos hemos dirigido a ti Madre nuestra, y te hemos alabado con el Santo Rosario, consíguenos virgen María la gracia de que nuestro hogar, nuestra familia, sea un templo verdadero, donde se celebra el auténtico culto en Espíritu y en verdad que quiso Jesús, donde se respete y adore a Dios y donde sus miembros, los padres, las madres, los abuelos, los niños, se otorguen, entre sí, las mejores relaciones de cariño, de amor, que son las relaciones que superan cualquier otra relación”, fueron las palabras del Padre Carlos Cardó Franco S.J., quien presidió la Celebración Eucarística de este miércoles 13 de mayo, Fiesta de la Virgen de Fátima.

“Solo nuestra fe en el Dios de la vida que nunca nos abandona, nos abre el ánimo a la esperanza y nos hace capaces de celebrar en medio de un mundo enfermo, en medio de las lágrimas y el dolor de nuestra gente, la fiesta de nuestra Madre, la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima”, comentó el Padre Cardó al inicio de su homilía.

Invocamos a nuestra Madre una oración realista y actual que recoja toda el ansia y la esperanza de nuestro pueblo

“Así venimos a ti Virgen de Fátima este 13 de mayo de 2020, año de aflicción y de congoja, año de prueba y de incertidumbre, de enfermedad y muerte, pero año también del coraje y la resistencia, de la solidaridad y del cuidado de unos a otros y de esa entrega heroica que estamos viendo en hospitales y centros de salud o en los esfuerzos sobrehumanos para cubrir y financiar los gastos de salud de todo nuestro país”, expresó el párroco de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima.

Una oportunidad para volver a nuestras raíces más profundas

¿Cuáles son los desafíos, los retos enormes que tenemos que afrontar ya desde ahora? – se preguntó Carlos Cardó: “No podemos nunca olvidar ese manto de tristeza y dolor que ha caído sobre la espalda de nuestro pueblo, hermanos y hermanas que se han dejado la piel salvando vidas, nada de esto caerá en tierra baldía, sino todo lo contrario, se debe convertir en una oportunidad única para volver a nuestras raíces más profundas, a madurar nuestro camino de fe, de esperanza y de amor”.

En ese sentido, el Padre Cardó explicó que el mensaje de paz y esperanza de Fátima tiene “tanta actualidad” en este contexto de pandemia porque nos permitió ver que “la libertad humana abierta a la fuerza de Dios triunfa sobre el mal. Lo válido y perenne del mensaje de Fátima es la exhortación a orar, a cambiar de actitudes para ser capaces de movilizar todas las fuerzas de transformación de nuestra sociedad hacia el bien, la justicia y el triunfo de la vida”.

Madre nuestra, permítenos ser capaces de discernir el signo de estos tiempos que nos invitan a repensar cómo nos relacionamos unos con otros, cómo nos relacionamos con la naturaleza y cómo nos relacionamos con Dios.

El individualismo es antihumano e impide ver el dolor de los demás

En otro momento, el Padre Cardó expresó que esta situación de adversidad y aislamiento social obligatorio, nos ha permitido constatar lo realmente importante: la salud y la vida, “no las ganancias de dinero y de bienes materiales – aclara – el individualismo es antihumano porque impide ver el dolor de los demás, mientras que la solidaridad humaniza y engrandece, que no se puede seguir explotando la naturaleza sin ninguna consideración sino que debemos cuidar el planeta y vivir siempre en armonía con todos los seres de la creación”.

Estos tiempos del coronavirus nos enseñan a no incurrir en el vicio del consumismo y nos muestran lo aberrante que es la acumulación de riquezas ilimitadas en pocas manos a costa de millones de pobres y miserables que en una epidemia como la que estamos sufriendo no tienen, ni saben cómo defenderse

Colocar a la persona humana en el centro

Carlos Cardó persistió en la reflexión de que este tiempo de incertidumbre nos debe convencer de que “la economía y la política deben tener la valentía de colocar a la persona humana en el centro, y que se deben invertir los mejores recursos en favor de las necesidades primarias de la gente, su salud, su educación, su vivienda”.

Estos tiempos del coronavirus nos enseñan a no endosarle a Dios la causa y la solución de nuestros males, ni al Estado o algunos otros el deber de luchar contra la pandemia, sino a ser todos responsables, co-responsables, conscientes de las consecuencias buenas o malas que tienen nuestros actos, porque todos estamos afectados y todos nos podemos infectar

Y recordando el llamado del Papa Francisco de elaborar un plan para resucitar ante la emergencia sanitaria mundial, el Padre Cardó explicó que la primera toma de consciencia que nos lleva esta crisis “es la de la urgencia de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, y ante este desafío, tenemos que recordar la actitud de María ante el anuncio del Ángel: ella preguntó, expresó su sentimiento de fragilidad, y después de escuchar la Palabra aceptó el llamado.

Muchas ‘Marías’ se han sucedido desde entonces, que a lo largo de los siglos han sentido esa emoción de ser llamados a realizar algo grande, superior a lo que ellos creían posible, confiaron en Dios como si todo dependiese de Él y no de ellos, y pusieron todo de su parte como si todo dependiese de ellos y no de Dios

“María, haznos capaces de alcanzar y sostener una sólida espiritualidad, la fuerza espiritual constituye nuestro ser profundo, de ahí nacen nuestros grandes sueños, allí respondemos a las grandes preguntas que todos se hacen sobre el sentido de la vida en nuestro interior. María, intercede por nosotros para que sepamos cultivar nuestra espiritualidad, que nos hace más fuertes, más fraternos, más humanos” – indicó el Padre Cardó.

Nuestros hogares se han convertido en los templos de Dios

Finalmente, el párroco de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima precisó que durante la cuarentena no ha sido posible encontrarnos y congregarnos como Pueblo de Dios en torno a la mesa y el pan de la Eucaristía: “nuestros templos siguen cerrados, siguen vacíos” – dijo.

¿Qué nos dicen los templos cerrados? Que nuestros hogares se han convertido en los templos de Dios, que en nuestras calles y plazas vacías, ahí está Dios, que hemos podido encontrar a Dios en nuestro hogar, al leer juntos, proclamar y abrazar de modo personal la Palabra de Dios.