Al llegar el IV Domingo del Tiempo Ordinario, Monseñor Víctor Solís, vicario general de la Arquidiócesis de Lima, se inspiró en la liturgia de hoy para recordar que la Iglesia está llamada a reconocer en las bienaventuranzas un camino de conversión y de vida cristiana
Frente a la imagen de la Virgen de la Candelaria, Monseñor Solís afirmó que necesitamos aprender a encontrar al Señor mirando al hermano que sufre y no solo «hacia arriba, hacia lo alto». Y, en todo momento preguntarnos: «Señor, ¿qué me estás pidiendo?».
En su homilía, Monseñor Solís explicó que el Señor nos invita a abrirnos a un amplio proceso de conversión personal y social. El anuncio de que el reino de Dios está cerca es también una invitación a anticipar ese reino con nuestro testimonio de servicio:
«El relato del evangelio de hoy nos lleva a la montaña, donde comienza el llamado Sermón de la Montaña», indicó el Monseñor, quien sostuvo que todos tenemos la misión de escuchar al Señor a través de su Palabra y las diferentes situaciones que se nos presentan.
Dios nos regala su Palabra para que, escuchando el llamado a la conversión, comencemos a entrar cada vez más en esta dinámica del reino de los cielos.

Monseñor Solís precisó que las bienaventuranzas no son mandamientos, sino una propuesta de vida que el Señor nos hace para encontrar un camino de felicidad. “Dichosos, felices los pobres de espíritu… Dichosos los que trabajan por la paz… Dichosos los perseguidos por causa de la justicia… Estén alegres y contentos porque su recompensa será grande en el cielo”.
Desde esta proclamación, se destacó que «esta es la carta de identidad del cristiano» y que las bienaventuranzas expresan «las actitudes que Jesús quiere que cultivemos en nuestro corazón».
Hoy, el Señor nos llama a ser sencillos, ser humildes, saber compadecernos del que sufre, buscar la justicia, trabajar por la paz.
En otro momento, Monseñor Solís advirtió que el camino del cristiano no es fácil, «el mismo Jesús tuvo que sufrir de persecución», pero este camino se reafirma en la promesa que sostiene la vida cristiana: «la felicidad verdadera, la alegría que nadie nos puede quitar nos viene de Dios», acotó.
Haciendo eco al vehemente llamamiento del Papa León XIV a una paz desarmada y desarmante, Monseñor Solís pidió que nos unamos a las buenas intenciones de los obispos peruanos en la Visita ad Limina Apostolorum para convertirnos en «constructores de paz desde la propia realidad de nuestra patria».
Finalmente, el vicario general pidió que, meditando profundamente las bienaventuranzas, dejemos que la Palabra del Señor «resuene en nuestros corazones». Y agregó algunas preguntas para reflexionar en estos días: ¿A qué bienaventuranza me llama el Señor hoy de manera especial? ¿Dónde necesito poner más paz, más misericordia, más limpieza de corazón?.

