Al iniciarse el IV domingo del tiempo de Cuaresma, el cardenal Carlos Castillo hizo un llamado a superar la «ceguera» espiritual que endiosa al ser humano, justificando las actitudes arrogantes y destructivas que conducen al mundo al abismo de la guerra. El Primado del Perú rechazó la instrumentalización la fe para intereses políticos.
La curación del ciego de nacimiento que narra el evangelio de Juan (9, 1-41) nos remite a la relación de amistad profunda que Jesús quiere entablar con la humanidad. El cardenal Castillo explicó que el Señor no sólo se compadece del ciego, también tiene un gesto de cariño que va más allá de las rigideces y modos absolutistas de ver la vida.
Los cuestionamientos de los fariseos sobre el proceder de Jesús (no se podía curar en sábado) y del ciego (se creía que era ciego por el pecado heredado de sus padres) nos ayudan a entender el sistema de vida que había impuesto la religión judía, encerrada en un conjunto de normas «donde todo tiene que ser perfecto» y que impide abrirse a la novedad que nos trae Jesús. La ley impera sin discernimiento, a rajatabla, y el Señor se coloca en el centro del problema como la luz que nos ayuda a salir de nuestras cegueras.

No hay peor ciego que el que cree ver
El milagro de la curación, por lo tanto, revela una verdad más profunda sobre el sentido de la fe y la vida humana: «para Jesús, no hay peor ciego que el que cree que ve» – advierte el arzobispo de Lima, recordando que la arrogancia y el endiosamiento han volcado al mundo en una constante guerra que destroza a la gente:
«Hoy día estamos en esta situación gravísima, en que estamos a punto de la Tercera Guerra Mundial por el capricho de quien cree que es ‘lo máximo’ y, además, se cree católico y cristiano. Eso es peligrosísimo porque es usar la religión para destruir a la humanidad», reiteró.
Frente a la ceguera de la ambición, Jesús «quiere cuestionar una religión basada solamente en mandatos que nos distraen de lo central: el amor y la misericordia, que son fuente de la luz, de la alegría y esperanza».
Cuando somos “ciegos” nos envolvemos en una especie de fascinación por esconder y tapar todo, cuando en el fondo nuestra vida está en peligro y necesita mejorar.
Jesús es el templo vivo que nos llama a salir en misión
Cuando la religión se encapsula en un espacio o estructura, corremos el riesgo de pensar que «solo se salvan los que entran al templo». Sin embargo, el Señor ha venido para mostrarnos que Él es el Templo vivo, y que la acción de Dios «también se manifiesta en quienes viven valores como la solidaridad, el servicio y la honestidad». Inclusive, hay casos en que, sin conocer directamente a Jesús, realizan sus obras a través del servicio, la honestidad, la lucha contra la corrupción, la responsabilidad diaria en el hogar. «Cuando se actúa honradamente y de acuerdo con su vocación, allí también está Dios», comentó.
La Iglesia no tiene un candidato político
A falta de un mes para las elecciones presidenciales y congresales en el Perú, el cardenal Castillo aseguró que «no existe candidato de la Iglesia», ni mucho menos el «candidato de Dios». Ante el intento de utilizar la religión para fines políticos, el arzobispo de Lima exhortó a superar este tipo de cegueras que nos privan de la posibilidad de «ver por el futuro de este pobre país que se cae a pedazos». Y añadió:
Me ha pasado que una persona quiere tomarse foto conmigo y yo acepto. Resulta que era un candidato… “Ya está divinizado”, ya está santificado”, se suele pensar. No podemos permitir eso porque cedemos a la superficialidad, a no ver que las cosas fundamentales deben resolverse, no por interés, sino por el bien de todos.
El Prelado sostuvo que la instrumentalización de la fe es una tentación que «no comprende la compleja vida de quien busca esperanza en la humanidad», reduciendo nuestra atención a cosas superficiales, sin ver los «problemas gordos y de fondo».
La homilía concluyó citando las palabras del Santo Padre en el Ángelus de hoy, quien expresó su preocupación por la violencia que golpea a los pueblos de Oriente Medio y llamó a detener las hostilidades. A partir de este llamado, el arzobispo de Lima llamó a reconocer los propios errores y a buscar caminos comunes para transformar la realidad.
La Eucaristía de este IV domingo de Cuaresma contó con la asistencia de un grupo de representantes de la hermana diócesis de Tarma, que llegó en procesión junto a la imagen del Señor de Muruhuay y con su obispo, Monseñor Timoteo Solórzano. También participaron las comunidades de artesanos que forman parte de la Dirección General de Artesanía en el Perú.

