Cardenal Castillo: El mundo se está convirtiendo en un sepulcro

En el último domingo de Cuaresma previo al inicio de la Semana Santa, el Cardenal Carlos Castillo advirtió que «el mundo se está convirtiendo en un sepulcro universal» a consecuencia de la guerra y el endiosamiento de los poderosos. El Prelado aseguró que necesitamos «resucitar la palabra pastoral» en la vida de la Iglesia para anunciar a Jesús con auténtico testimonio de servicio y no centrándonos en distracciones banales.

Al llegar el V domingo de Cuaresma, el arzobispo de Lima recordó que la liturgia de estas semanas nos han remitido a una sola persona: Jesús. Este es un signo claro de que «tenemos que vivir siguiendo a Jesús, permanentemente», porque sin Él no hay vida cristiana ni esperanza.

Inspirado en el evangelio de Juan (11, 1-45) que narra la resurrección de Lázaro, el Cardenal Castillo introdujo un elemento decisivo que atraviesa toda la homilía: la relación de amistad de Jesús con Lázaro, María y Marta. El Señor quiere suscitar en nosotros una amistad sincera capaz de reconocer los errores y apreciar el valor de los demás. Sin embargo, en el mundo se ha instaurado una lógica de las relaciones humanas basadas en las alianzas y componendas para ocultar la corrupción, defender intereses particulares, correr chismes o mentir agresivamente contra las personas.

Solamente quien tiene experiencia, vive, comprende a la gente y es amigo del pueblo sencillo, puede dirigir la Iglesia. De lo contrario, es un indiferente que no anuncia nada.

He aquí el valor de la Palabra, que rige como fundamento en la vida de la Iglesia:

«Nosotros nos dejamos penetrar por la meditación y el conocimiento vivo de la Palabra de Dios al Señor. Y, luego, lo celebramos en los sacramentos, pero no al revés. Cuando evitamos la Palabra de Dios y solamente venimos a contemplar la Eucaristía, terminamos haciendo lo que cada uno siente y no lo que el Señor nos pide», argumentó.

En ese sentido, el Prelado explicó que la Semana Santa no es la repetición de ritos, al contrario, el sentido de celebrar estos ritos es que sean significativos y tengan su repercusión en la vida cotidiana.

La Iglesia es la comunidad de la Palabra convocada a celebrar profunda y bellamente la Eucaristía, pero no sin reconocer y escuchar primero la Palabra.

El sepulcro de Lázaro es una clave para entender los sepulcros del mundo actual en sus formas concretas: «el silencio, la opacidad, el chisme, la mentira». Y está sostenido con distracciones banales y superficiales que adormecen la conciencia: «nos distraen con cosas tontas y no tomamos conciencia de la gravedad». A ello se suma el sepulcro de la guerra que «ha comenzado a sepultar a medio mundo» por la ambición de unos cuantos poderosos que se creen dioses.

«Están muriendo tantísimos niños en el mundo no solo por el hambre y la miseria que ya teníamos, sino, también, por los ataques arteros que se están produciendo entre las potencias», denunció el Primado del Perú.

El Señor nos ha hecho sus amigos, y eso nos da una fuerza incontenible para que, cuando estemos ante situaciones de muerte, recuperemos la esperanza, la fuerza y la imaginación para salir de los problemas juntos.

Resucitar la palabra «pastoral»

A vísperas de cumplirse 420 años de la muerte de Santo Toribio de Mogrovejo, el Cardenal Carlos Castillo señaló que la diócesis de Lima tiene que ser misionera, no una estancada en donde se prohíba la palabra «pastoral». Y añadió:

Hay que resucitar la palabra “pastoral”, la palabra “servicio”, la palabra “misión”, porque nuestra gran tarea es anunciar el Evangelio en distintas formas, en distintos lenguajes, acercándonos a las personas, aprendiendo de ellas y escuchándolas.

Finalmente, en sintonía con el llamado del Papa León XIV, el arzobispo de Lima indicó que la paz desarmada y desarmante se construye a partir del reconocimiento del valor del Otro. Y acotó:

«Pensemos hondamente qué cosa nos puede ayudar a salir de los sepulcros y cómo podemos hacer que el Espíritu de Dios esté en nuestras decisiones. Así, la salida del sepulcro no se reduce a una experiencia individualista, sino que implica decisiones concretas, responsabilidad ciudadana y compromiso con el bien común.

La Eucaristía contó con la participación de representantes del decanato 3, quienes llegaron en procesión trayendo las reliquias de Santo Toribio de Mogrovejo para entregárselas a las comunidades parroquiales del decanato 4. También estuvo presente la Hermandad del Señor Crucificado del Rímac.

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