
Desde Zaña, al conmemorar los 420 años de la muerte de Santo Toribio de Mogrovejo, el Cardenal Carlos Castillo hizo un llamado a seguir los rastros de nuestro santo patrón, que enraizó la misión evangelizadora en el corazón del pueblo sencillo, hablando en sus propios lenguajes y defendiendo la dignidad de las personas.
El Prelado criticó a algunos sectores dentro de la Iglesia que pretenden «desintegrar la fe», etiquetando como idólatras a quienes, comprendiendo la riqueza de las culturas y siguiendo el ejemplo de Toribio, encarnan con su vida el anuncio del Evangelio en el mundo.
En el día que la Iglesia Universal celebra a Santo Toribio de Mogrovejo, patrón del episcopado latinoamericano, el Cardenal Carlos Castillo fue recibido por el cálido abrazo del hermano pueblo de Zaña, lugar donde Toribio murió hace 420 años.
La visita pastoral del arzobispo de Lima inició con la bendición de una placa recordatoria en memoria del padre José Luis Muro Mondragón, misionero que dedicó su vida sacerdotal al servicio de los más pobres. Luego, partieron en peregrinaje hacia el mausoleo en donde descansaron los restos de Toribio de Mogrovejo durante el primer año de su muerte. Acompañaron en procesión Monseñor Edison Farfán, obispo de la diócesis de Chiclayo; así como cientos de fieles de Zaña y zonas aledañas.

En la Eucaristía celebrada en el Colegio San Nicolás de Tolentino, el Cardenal Castillo sostuvo que lo novedoso de la fe cristiana es que el Señor «nos inspira para ir más allá de nuestras costumbres y generar cosas nuevas, esperanzas nuevas». Por eso, es necesario que asumamos la tarea de escuchar a Jesús desde la realidad que vivimos.
Como bien ha dicho el Papa León XIV, para dirigirnos a Dios no hay que mirar al cielo, sino a los ojos de las personas, porque Dios está en nuestra historia.
Uno de los aspectos más importantes en la figura de Toribio de Mogrovejo – resaltó el Primado del Perú – tiene que ver con su amplia capacidad para reunir a las comunidades indígenas, comprender qué idioma hablaban, qué pensaban y sentían.
«Antes de anunciarles el Evangelio, Toribio de Mogrovejo, se preocupó por hablar el quechua y aymara; y tuvo la paciencia de escucharlos para servir de forma inteligente. Por eso es un Evangelio bien explicado, porque se quedó definitivamente en la gente», precisó.

Ayudar a León XIV en la misión de desarmar la violencia en el mundo
En otro momento, el Cardenal Castillo, dirigiéndose al pueblo de Zaña, exhortó a no desaprovechar la oportunidad histórica de «ser fortaleza y respaldo del camino mundial que está cumpliendo el Santo Padre». Por ello, pidió estar a la altura de este nuevo desafío y pensar juntos cómo podemos madurar. Y añadió: «¡Lo vamos a ayudar».

También criticó a aquellos sectores dentro de la Iglesia que pretenden deslegitimar al Papa León XIV acusándolo de idólatra. Los llamó a «no desintegrar nuestra fe», y les recordó que Dios se encarnó en nuestros problemas para traer esperanza a la humanidad.
La gran misión de todos los peruanos, especialmente, los chiclayanos, es sostener con nuestras vidas que lo que dice y hace el Papa León XIV está patentado por nosotros, viviendo ese amor en la sociedad peruana.

El ejemplo de Toribio de Mogrovejo, en ese sentido, nos ayuda a entender que «la fe no puede imponerse», sino que debe suscitarse en las diferentes circunstancias de la vida, superando «esa etapa ciega de la historia peruana en donde la petulancia y la arrogancia se apoderaron de tantas diversas zonas del país». Solo así podremos salir «del entrampamiento de la arbitrariedad, el capricho, el desprecio y la imposición dictatorial, de esta agresión permanente que hay hacia los pueblos pobres».
Finalmente, en un gesto cercano y lleno de alegría, el Cardenal interpretó el canto afroperuano lambayecano “A Lundero le da Zaña”, y se develó una placa recordatoria que simboliza la histórica amistad entre las diócesis de Lima, Chiclayo y la comunidad de Zaña, dejando un mensaje de unidad y esperanza para todos los presentes.
