Vigilia Pascual: Rehacer el mundo desde los márgenes de la nueva Galilea

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En la Vigilia Pascual celebrada en Catedral de Lima, el Cardenal Carlos Castillo recordó que hemos de acoger al Señor desde los últimos, escuchando a la nueva Galilea del mundo: los márgenes, las periferias, los pobres y la gente que más sufre.

El arzobispo de Lima recordó que, con la entrega de Jesús, todos somos llamados a comprender el misterio de nuestra fe cristiana, que no radica en el cumplimiento de normas, sino en un constante redescubrir al Dios que es amor y se esconde en la historia.

El Primado del Perú inició su homilía explicando que la historia de la salvación es la de un Dios que acompaña a la humanidad y «escogió a un pueblo pequeño que lo fue defendiendo, cuidando y ayudando». En ese camino, se afirmó que Jesús «se mete entre nosotros, camina con nosotros», incluso en medio de la incomprensión humana.

La muerte de Jesús no es una derrota porque «ha sido, es y será siempre una muerte por amor gratuito y generoso», abriendo para todos una posibilidad permanente de esperanza. Por eso, el encuentro con el Resucitado no se reduce a una dimensión lejana o abstracta, porque podemos «encontrarlo en esta historia, en el camino de la vida».

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El Cardenal Castillo explicó que la opción preferencial de Dios por los más pobres se representa en el significado que tiene Galilea, la parte más marginal de Israel y de donde Dios se manifiesta. Esta revelación debe reorientar la misión de la Iglesia en salida en la siguiente afirmación:

«Dios prefiere a Galilea porque, desde los últimos, podemos rehacer el mundo. Hoy, a Jesús lo encontramos en las esquinas, en las calles, en donde la gente camina, en la vida diaria».

La fe cristiana no es una armazón de normas que debemos cumplir como si fuera un ejército. Es un proceso de amor en donde voy comprendiendo, desde mis límites, el misterio de nuestras vidas en el corazón del misterio de Aquel que decidió meterse en la historia.

En otro momento, el arzobispo de Lima se refirió a quienes desde el poder y el endiosamiento se sienten con la potestad de destruir este mundo. Para salir del enredo de la ambición y la guerra, Dios nos manda hoy a Galilea para levantar a la humanidad de su tragedia y aprender a ser hermanos.

Esta es la tarea fundamental de la Iglesia Sinodal – reiteró el purpurado – una Iglesia en movimiento y misionera, no una Iglesia fija y estancada que siempre repite lo mismo, sino que da vida y camina con la gente, canta y baila, como lo hacen ahora los jóvenes. Y añadió:

El Señor quiere que seamos cristianos partícipes de la Resurrección, asumiendo nuestra condición de hijos, escuchando al Padre en el camino y haciendo lo mismo que Jesús: escribir su Evangelio con los pies, caminando

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