Cardenal Castillo: Recobrar nuestra humanidad. La guerra es incompatible con la fe

En medio de un mundo marcado por la calamidad de la guerra, el Cardenal Carlos Castillo explicó que la Iglesia «tiene que meterse en todo lo que es recobrar humanidad», y no hemos de tener miedo en alzar la voz para dar una palabra reconciliadora. «No existe guerra justa, toda guerra es injusta», aseveró.

En el III Domingo de Pascua, el Primado del Perú nos invita a redescubrir el camino de Emaús siguiendo el testimonio de una Iglesia que escucha, dialoga y acompaña, no una Iglesia que «impone una doctrina para que todo el mundo repita como papagayo». También evocó la figura del Papa Francisco, a un año de su partida, expresando que es urgente reconstruir la humanidad desde la paz.

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La tristeza de los discípulos de Emaús, que narra el evangelio de Lucas (24, 13-35), es una oportunidad para comprender el misterio que se esconde detrás de una situación compleja. Este fue el punto de partida en la reflexión del Cardenal Castillo, quien aseguró que, ante la desesperanza del mundo actual y el proceso de guerra, es necesario tener claridad para denunciar aquellas cosas que están mal, como la instrumentalización de la guerra para fines perversos que aniquilan vidas humanas.

Citando los recientes pronunciamientos del Papa León XIV en África, el arzobispo de Lima señaló que «la guerra es incompatible con la fe. No existe guerra justa, toda guerra es injusta». Del mismo modo, rechazó las declaraciones de quienes pretenden cuestionar la intervención de la Iglesia en temas sociales, reafirmando el rol profético de la Iglesia para recobrar la humanidad. Y agregó: «La Iglesia no se mete en política ni en partidos políticos, pero sí repercute desde la humanidad de Jesús para salvarnos a todos».

La Iglesia tiene que levantar su voz. No hemos de tener miedo, hemos de hablar y decir la palabra reconciliadora, que es la de la paz.

El obispo de Lima reiteró que «hemos de aprender todos a desechar» aquellas soluciones inmediatas que, sin pasar por un amplio proceso de discernimiento, «destruyen la vida de las personas a través de insultos, de mentiras, de provocaciones, de cizaña». En su lugar, exhortó a renunciar a toda forma de violencia que deshumaniza.

Escuchar, acercarse y enseñar: la forma de evangelizar de Jesús

La liturgia de hoy nos permite entender el modo en que Jesús actúa con sus discípulos: «Se acerca, conversa con ellos, les pregunta para ver sus preocupaciones». No impone, sino que escucha, partiendo de lo que cada quien siente para tener una mayor comprensión de la situación. Este parece un gesto menor, pero esconde una dimensión profunda que debemos aprender a desarrollar en todos los espacios de la vida, tanto en la sociedad, en la familia como dentro de la Iglesia.

«El relato de Emaús representa la celebración de la primera misa: liturgia de la Palabra, liturgia de la Eucaristía. Primero, el Señor les explica la Palabra y, luego, se comenta para que adquieran el sabor de Jesús, para sentir la belleza y el drama, la situación seria y la esperanza», argumentó el arzobispo de Lima.

Conversar es la mejor manera de ser cristiano, es intercambiar la palabra, porque el Señor está atravesando nuestros diálogos y nuestras conversaciones.

Todo este camino pedagógico es un claro ejemplo de que la fe no es una propiedad privada que pertenece a un grupo exclusivo. Al respecto, el prelado reflexionó:

«A veces, pensamos que, por haber comulgado, ya somos ‘santos’, ya ‘salvamos nuestra alma’ y a los demás que los ‘parta un rayo’. ¡No es así! Quien asume la comunión comparte su vida, eso es lo que nos ha enseñado el Señor. Reconozcamos que la grandeza de nuestra Misa está fundada en la solidez de la relación de Jesús con sus discípulos», precisó.

Hay personas que creen que el cristianismo es conservador, que todo tiempo pasado fue mejor. No es así. La Iglesia es Tradicionalista, con mayúscula, porque Tradición significa transmisión de una generación a otra porque hemos recogido las palabras y gestos de Jesús para ponerlas en práctica.

Celebrando el ímpetu del Papa León XIV para denunciar que «el mundo está siendo destruido por unos pocos dominadores», la homilía concluyó con una invitación a no huir frente a las crisis.

A un año de la partida del Papa Francisco, el Cardenal Castillo pidió que sigamos el legado profético que nos dejó, saboreando siempre la vida del Señor, actuando con inteligencia y delicadeza y compartiendo el pan como lo hizo Francisco.

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