Mediante conferencias, celebraciones eucarísticas y encuentros comunitarios, las parroquias del Decanato 5 recibieron las reliquias de Santo Toribio de Mogrovejo en una experiencia marcada por la oración, la reflexión y el redescubrimiento de su legado pastoral.

Para el Padre Roger Stanley Melara, decano del Decanato 5, esta peregrinación “va más allá de lo devocional y representa un signo de la cercanía de Dios con su pueblo”.
Asimismo, destacó que la figura de Santo Toribio continúa interpelando a las comunidades por su testimonio de servicio, cercanía y entrega hacia los más necesitados. “El santo no es solo de los altares; es de la vida cotidiana, es el que recorre las calles, los mercados, el tráfico”, expresó.
En esta entrevista, el Padre Roger reflexiona sobre el significado pastoral de la visita de las reliquias y el llamado a vivir una fe más comprometida, comunitaria y cercana.
Padre, ¿qué significado tiene hoy la peregrinación de las reliquias más allá de la devoción?
La visita de una reliquia a una comunidad parroquial va más allá de un acto devocional; es la presencia misma de Dios, de la santidad, de la Iglesia. Dios camina con su pueblo y se hace cercano por medio de los santos, y qué mejor que ver esa presencia por medio de una parte de aquel que supo entregar su vida entera por causa de Cristo. Es renovar la fe y la confianza en que Dios sigue suscitando la santidad en la Iglesia.
El Cardenal Carlos Castillo advierte sobre una fe superficial o “mágica”. ¿Cómo esta experiencia ayuda a vivir una fe más comprometida?
El santo no es solo de los altares; es de la vida cotidiana, es el que recorre las calles, los mercados, el tráfico, etc. Una devoción fácil es quedarse con el rezo del Ave María y el amén, pero una verdadera devoción lleva al compromiso, al cambio de vida, a dejarse interpelar por la vida del santo y hacer un proceso de conversión.
Cuántas veces nuestra devoción nos ha llevado a pedir el milagro al santo, a frotar nuestra mano sobre su ropa o a tocar la reliquia suplicándole un favor, pero muy pocas veces pedimos que nos ayude a ser santos, a que nos dé luces para alcanzar una vida plena entregada a Dios, como él la vivió.

El Papa León XIV ha señalado que en Dios hay un lugar para cada persona. ¿Cómo esta experiencia con las reliquias de Santo Toribio puede ayudarnos a construir comunidades donde nadie se sienta excluido?
Es importante recordar que Santo Toribio fue un santo que supo escuchar a su Iglesia de Lima; aprendió su lenguaje para hacer sentir a todos parte de la Iglesia. Conocer de primera mano la vida de un gran santo peruano permitió a la gente experimentar que la Iglesia está abierta a todos, especialmente a los excluidos y marginados, que Dios camina siempre con su pueblo y muestra signos visibles de su preferencia.
Así como Toribio acogía a todos, las comunidades están invitadas a imitar su ejemplo. Como dice un canto popular de mi tierra: “cada cual, con su taburete, tiene un puesto y una misión”.
¿Qué mensaje daría a quienes aún no han participado de esta experiencia?
Dios se ha manifestado en la vida de Santo Toribio, no por los milagros, sino por vivir el Evangelio de Jesús. Su figura es un reto de compromiso y de vivencia hoy en día. Si no te gusta el santo, debes ver a la persona.
Su presencia, por medio de sus reliquias, nos conecta nuevamente con el Dios verdadero, no el de los cultos vacíos, sino en el andar. Participar nos permite ser parte de algo más allá de la devoción; nos permite ser parte de la historia, de la vida de un pueblo, de una Iglesia.
