Durante una reciente entrevista, el Padre Fidel Zavaleta, vicario episcopal del clero de Lima, reflexiona sobre el significado del Año Jubilar por los 300 años de la canonización de Santo Toribio de Mogrovejo y San Francisco Solano, invitando a la feligresía a redescubrir a un pastor con «olor a oveja».
La Arquidiócesis de Lima se encuentra viviendo un tiempo de gracia excepcional. Las reliquias de Santo Toribio de Mogrovejo recorren las comunidades parroquiales despertando la fe de un pueblo que, si bien lo venera, muchas veces desconoce la magnitud de su obra. En el marco del Año Jubilar que conmemora los tres siglos de su canonización —hito que comparte con San Francisco Solano—, el Padre Fidel Zavaleta nos ayuda a desentrañar la vigencia de un legado que interpela directamente los desafíos de la Iglesia actual.
Un pastor con «olor a oveja» en el corazón del Perú
A pesar de ser uno de los cinco santos que florecieron en suelo peruano, Santo Toribio suele ser el menos mapeado por los fieles, quienes suelen volcar su devoción de manera más directa hacia Santa Rosa de Lima o San Martín de Porres. Por ello, el Padre Zavaleta enfatiza que el principal objetivo de este tiempo jubilar es dar a conocer su figura relevante en la historia.
Es impresionante llegar a un pueblo oculto en la serranía por donde ha pasado Santo Toribio y que la gente todavía lo recuerde. Su huella imborrable se ha ido transmitiendo de generación en generación
FIDEL ZAVALETA
Lejos de ser un santo de escritorio, Mogrovejo configuró su santidad en el camino: «Santo Toribio tiene en su legado más de 40,000 kilómetros recorridos a pie o al lomo de mula en un tiempo que no es el nuestro, donde demuestra su cariño», destaca el vicario. Este esfuerzo titánico no era un mero recorrido administrativo, sino la expresión de una opción clara por los más vulnerables. En palabras del Padre Fidel: «Toribio, desde que recibió el encargo, supo descubrir que su misión era estar al lado de todo su pueblo, pero especialmente de los más pobres y necesitados. Toribio no hizo ninguna distinción; al contrario, descubrió en ese caminar que era justamente los más pequeños los que más necesitaban de su cariño, de su pastoreo, de su ternura».

Sinodalidad y diálogo: El puente entre Toribio y la Iglesia de hoy
El paso de las reliquias por los distintos decanatos de Lima no es un acto aislado, sino un motor de renovación pastoral que resuena con los vientos de sinodalidad que promueve la Iglesia universal. El Padre Zavaleta encuentra un puente perfecto entre la labor secular del santo arzobispo y el magisterio de los pontífices contemporáneos, como el Papa Francisco y el Papa León XIV, quienes proyectan una iglesia cercana, misionera y dialogante.
«Lo que hoy el Papa nos invita a vivir a través de este ejemplo que nos está dando es lo que ya Santo Toribio en su momento lo hacía», explica el sacerdote, haciendo hincapié en que la sinodalidad profundiza sobre todo en el diálogo y en el respeto a todo aquel que piensa o no piensa como uno. En un mundo profundamente marcado por las divisiones, el legado toribiano se presenta como un faro de apertura. «Nos estamos proyectando como iglesia: una iglesia sinodal, una iglesia cercana, una iglesia dialogante, una iglesia con mucha apertura, una iglesia que es llevada por el Espíritu Santo. En la Iglesia hay lugar para todos porque la Iglesia está abierta a todos. Y eso es lo que hacía Toribio: llegó a todos», concluye el Padre Fidel, invitando a toda la audiencia a abrir el corazón en este año jubilar para recibir este renovador mensaje de salvación y misericordia.
