Rolando Iberico: La IA amenaza a la noción de humanidad como gratuidad

La reciente publicación de la encíclica Magnifica Humanitas ha despertado un profundo debate sobre el futuro de la humanidad en la era de la Inteligencia Artificial y el transhumanismo. En una reciente entrevista para el programa «Fe y Realidad», el profesor del Departamento de Teología de la PUCP, Dr. Rolando Iberico Ruiz, explicó que la encíclica de León XIV ‘Magnifica Humanitas’ es un llamado urgente a recentrar la antropología en Dios ante la crisis del individualismo contemporáneo.

Frente a las críticas de algunos especialistas que señalan que la encíclica es «demasiado antropocéntrica» y desplaza la centralidad de Dios, el Dr. Iberico sostuvo que, en la tradición de la Iglesia, la opción por el ser humano proviene de Dios mismo:

«El principio de la encarnación es Dios quien ha optado por lo humano. Entonces, no es opcional que la Iglesia opte siempre por la salvación de los seres humanos. Al poner al ser humano, en realidad estamos yendo en la dinámica del movimiento de la historia de la salvación», afirmó.

Iberico precisó que la humanidad es descrita como «magnífica» porque es receptora de la gracia divina, por lo que colocarla en el centro del discernimiento es un acto de fidelidad a un Dios que se abaja para encontrarse con su creación.

Contra el individualismo tirano y la pérdida del asombro

En otro momento de la entrevista, Rolando Iberico reflexiona en torno a los desafíos de la hipermodernidad, apuntando que el principal error antropológico actual es concebir al ser humano como un sujeto aislado. Y advirtió que la autonomía se confunde con un «individualismo tirano», donde el sujeto se vuelve un centro autorreferencial y pretende dictaminar el bien y el mal sin necesidad de vínculos ni relaciones. Prueba de ello es la constante dependencia a los dispositivos móviles: «Vamos al baño con el celular… Es casi como un anexo, un apéndice de nuestra humanidad», agregó.

Esta cultura de la inmediatez y la gratificación instantánea requiere una respuesta que nace en el encuentro con el Otro y la Creación. Así lo argumentó: «Necesitamos cultivar el silencio y el aburrimiento. La creatividad se despierta en el aburrimiento, en el silencio».

La Iglesia frente a la amenaza del posthumanismo y transhumanismo

Respecto al rol de la Iglesia frente a los desafíos del mercado tecnológico, la mercantilización de datos y la reducción del ser humano a estadísticas, Iberico reafirmó que la Iglesia no puede ser indiferente. Y puso especial énfasis en las nuevas concepciones de posthumanismo y transhumanismo que plantean un futuro en donde el ser humano pueda hibridarse con la máquina y extender el tiempo de vida.

Citando el prólogo de la constitución conciliar Gaudium et Spes, Iberico recordó que la comunidad eclesial debe hacerse solidaria tanto de los «gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo«. Y, utilizando la parábola del Buen Samaritano, indicó que tenemos una responsabilidad cristiana y humana:

«La Iglesia no puede hacer como el sacerdote o el levita en la parábola del Buen Samaritano: mirar y seguir de lado, sino que debemos detenernos y hacernos cargo de la realidad. La Iglesia necesita de la realidad porque ese es el lugar donde tenemos que anunciar el Evangelio», destacó.

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Dr. Rolando Iberico en entrevista para el podcast «Fe y Realidad».

Sinodalidad como camino para desarmar a la IA

Como último aspecto, el Dr. Iberico recordó que la experiencia sinodal en la Iglesia puede ser una respuesta a esta crisis cultural y existencial que vive el mundo. Para el teólogo, la sinodalidad no es una moda, sino la recepción del Concilio Vaticano II, cuya clave principal es la escucha y el reconocimiento de una comunidad diversa y polifónica.

Sin embargo, reconociendo que este proceso tiene sus propias resistencias – entre ellas el clericalismo – reiteró la importancia de continuar este camino de conversión espiritual e histórico, propiciando espacios de diálogo, encuentro y escucha:

«El clericalismo hay que transformarlo porque son formas que niegan la dignidad humana en muchos aspectos. Todo cristiano tiene el deber —no solo el derecho— de participar de la comunidad cristiana y, por tanto, de que su participación sea acogida», acotó.

Para Rolando Iberico, el ejercicio de una autoridad eclesial que escuche, decida en comunión y rinda cuentas a su comunidad, es el verdadero testimonio que la Iglesia puede ofrecer a una humanidad individualista y fragmentada.

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