A menos de dos meses de la llegada del papa León XIV a Sudamérica, el coordinador de la visita papal en Perú y secretario general interino de la Conferencia Episcopal Peruana, monseñor Guillermo Inca Pereda, revela las claves de un viaje que recorrerá la costa, la sierra y la selva para tocar las heridas del país.
Cuando un papa visita una nación, la tentación habitual es medir el impacto de su paso en cifras millonarias, despliegues de seguridad o entusiasmo popular. La llegada del Santo Padre al Perú va más allá de una agenda de Estado o el montaje de un operativo logístico impecable: nos visita un amigo de toda la vida que caminó por nuestras calles y compartió su misión pastoral con el Pueblo de Dios y el episcopado peruano.
En diálogo para el programa Fe y Realidad del Arzobispado de Lima, el secretario general interino de la Conferencia Episcopal Peruana y coordinador general de la visita papal en Perú, monseñor Guillermo Inca Pereda, aseguró que este viaje apostólico debe interpelarnos hondamente, recordando aquel mensaje que el Santo Padre le expresó durante la visita ad limina de los obispos peruanos:
La última vez que estuvimos allá conversamos muy bonito y me dijo una frase: ‘Al final vuelvo a casa’.

Un ministerio petrino forjado en la escucha y el servicio en Perú
Para monseñor Inca, ordenado sacerdote hace 41 años por San Juan Pablo II y nombrado capellán pontificio por el propio León XIV, la llegada del Santo Padre a nuestro país no es un gesto protocolar, sino el estilo pastoral que siempre caracterizó al hoy Sucesor de Pedro en los pasillos de la Conferencia Episcopal:
«Monseñor Prevost tenía esas cualidades: claridad, precisión y rapidez para atenderte. A veces de noche yo le escribía: ‘Monseñor, tengo esta duda’, y siempre había respuesta. Eso refleja la delicadeza de una persona que no te deja de responder, que siempre está atenta y disponible con el cansancio que el día del episcopado le traía, pero siempre dispuesta a atender la voz de quien necesita», comentó en diálogo con el periodista Juan José Dioses.

Tres regiones para abrazar las heridas del país
El viaje papal —el más extenso de su pontificado hasta la fecha— encuentra a un Perú herido por la violencia, la criminalidad de las extorsiones y la desconfianza ciudadana; pero también otras duras realidades como la amenaza a la dignidad de los pueblos originarios. Por ello, monseñor Guillermo Inca explicó que los destinos del viaje apostólico son una manifestación del Santo Padre por atender los clamores de nuestro pueblo, abrazando la costa, la sierra y la selva:
«El papa ha querido atender simbólicamente a las tres regiones: la selva, con tantas comunidades olvidadas que exigen una atención profunda y seria; el sur, con tantas limitaciones; y la costa, con sus propios desafíos. Al escoger estos tres lugares nos dice que se preocupa de sus problemas, los conoce y quiere aportar sugerencias de solución», manifestó Inca Pereda.
Viene alguien de corazón peruano, que ama al Perú y que está poniendo al país en los ojos del mundo.
Para encaminar este proceso de preparación pastoral, el coordinador general del viaje papal en Perú anunció que la Conferencia Episcopal Peruana viene distribuyendo un grupo de subsidios temáticos centrados en varios: la familia, la juventud, la justicia social, el cuidado de la casa común y el propio magisterio papal, iniciativa a la que arquidiócesis y diócesis vienen sumando materiales formativos propios.

Sinodalidad: una Iglesia que camina junta y revisa prioridades
En otro momento, monseñor Inca destacó la maduración del proceso sinodal en la Iglesia peruana. Trabajar la credibilidad y la comunión fue el encargo expreso que León XIV hizo a los obispos peruanos durante la visita ad limina, reafirmando que la sinodalidad «es una realidad que va germinando en todo el país, y eso permite que los obispos se sientan más cercanos».
Al ser consultado sobre el mensaje que el Santo Padre traerá al episcopado peruano, el secretario general de la CEP señaló: «Pienso que el papa reconfirmará esta comunión que se está trabajando y nos dará algunos desafíos pastorales, nos hará rever qué cosa es urgente atender hoy día, qué cosa es inmediata y qué cosa no se puede postergar», precisó.

Finalmente, monseñor Inca hizo un llamado a que esta visita apostólica sea contemplada más allá de la euforia del momento, pensando en los frutos y retos que dejará la voz profética del papa León XIV: «No basta saber, no basta emocionarse. Hay que preguntarnos: ¿Cómo hacemos que esto haga realmente una ola en nuestra vida personal y en la sociedad, donde los más humildes sean otra vez visibilizados y atendidos, donde tantas periferias sean vistas y escuchadas, y donde nosotros seamos protagonistas del Evangelio desde donde estemos?», reflexionó.