Concluye la IV Semana de Formación Bíblica Arquidiocesana 2026

La Oficina Diocesana de Educación Católica (ODEC) de Lima concluyó su IV Semana de Formación Bíblica, dedicada este año al Evangelio de Juan como camino de encuentro con Cristo, comunión y misión. La jornada se desarrolló los días 23, 24 y 25 de septiembre en el Instituto Superior de Estudios Teológicos (ISET) Juan XXIII y reunió a docentes, directivos y agentes pastorales de ODEC y AIEC Lima.

La jornada inaugural estuvo a cargo del Obispo Auxiliar de Lima, Monseñor Juan José Salaverry, quien destacó ante los docentes y directivos la riqueza del itinerario propuesto durante esta Semana de Formación Bíblica. Señaló que acercarse al Evangelio de Juan permite profundizar en el encuentro con Jesús y descubrir en su Palabra una fuente de transformación para la vida cristiana.

“El Evangelio de san Juan no tiene pérdida y es sumamente profundo; es el último relato evangélico en haber sido puesto por escrito, sumamente humano y nos da lecciones para la vida y para la vida en experiencia de Dios, en experiencia religiosa… Ojalá que este itinerario de encuentro, comunión y de misión nos aliente a todos a vivir nuestra vida cristiana”, expresó.

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P. Guillermo Acero: el discipulado como camino de encuentro y maduración en la fe

Durante la primera jornada, el P. Guillermo Acero, rector del Seminario Santo Toribio de Mogrovejo, explicó la complejidad y riqueza literaria del Evangelio de san Juan, invitando a los participantes a profundizar en el texto y a no quedarse únicamente con una lectura superficial.

“El Evangelio de Juan es una obra que tiene una historia larga, compleja y tradiciones muy antiguas. Es como el crochet o el tejido: Juan es experto en ir tejiendo el relato normal del discurso de Jesús e introduce elementos que nos despistan un poco, invitándonos a no quedarnos con lo evidente, sino a profundizar en un mensaje capaz de transformar la vida”, señaló.

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Asimismo, el sacerdote destacó que el Evangelio de Juan conduce al lector hacia una pregunta fundamental para la vida cristiana: quién es Jesús. En ese sentido, recordó a los docentes y directivos que el discipulado constituye un proceso permanente de crecimiento y maduración en la fe.

“La pregunta por quién es Jesús es la base de nuestra fe, de nuestras opciones de vida y de nuestra fidelidad en la Iglesia… El discipulado en Juan no es solo un seguimiento inicial, es un proceso que va madurando. Como Jesús le prometió a Natanael: ‘Verás cosas mayores’. Esa es la gran promesa al discípulo: un camino en la escuela de la fe que nunca deja de entusiasmar y donde siempre hay un reto nuevo por descubrir”, añadió.

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P. Juan Bytton: un amor que se traduce en justicia, paz y entrega

En la segunda jornada, el P. Juan Bytton Arellano invitó a los docentes a comprender el amor cristiano como una experiencia que nace de la libertad y se concreta en la relación con los demás. Desde ese enfoque, destacó la gratuidad del amor de Cristo y su capacidad para generar justicia, paz y entrega.

«El amor te da libertad; el requisito para amar es ser libres… El signo del amor de Dios en Jesús es la gratuidad. Quien ama como Jesús nos ama es un artesano de la paz, porque la paz es la hija natural de la justicia y el fruto de un amor que se entrega hasta el extremo».

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P. Naudy Mogollón: de los signos a una fe que transforma la comunidad

Por su parte, el sacerdote paulino P. Naudy Mogollón, SSP, centró su reflexión en los signos presentes en el Evangelio de Juan y en la manera en que estos conducen hacia una fe auténtica, exhortando a los participantes a reconocer en el encuentro con el Resucitado una llamada a la transformación y a la comunión.

“La aparición de Jesús resucitado destaca el nacimiento de una comunidad transformada y enviada para dar vida… El saludo de paz no es un simple formalismo, sino una Shalom integral que restablece la comunión, perdona la cobardía y el abandono, y disipa el temor para transformar la tristeza en una alegría pascual duradera”, manifestó.

El sacerdote destacó que los signos narrados por Juan no tienen como finalidad provocar únicamente admiración, sino conducir hacia un encuentro más profundo con Cristo y hacia una fe capaz de transformar la vida.

“La verdadera tragedia ocurre cuando las personas se quedan fascinadas con el milagro o el beneficio físico, pero se pierden el encuentro con el Hijo de Dios. La invitación es a no quedarnos en la pomposidad, sino a dar un salto de fe que nos conduzca a la vida plena”.

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Al concluir este itinerario de formación, Monseñor Juan José Salaverry recordó que la reflexión bíblica está llamada a traducirse en un compromiso concreto con Cristo y con las realidades que atraviesan las comunidades. En ese sentido, destacó la responsabilidad de docentes y pastores de permanecer cercanos al Evangelio y responder, desde la fe, a los desafíos de nuestro tiempo.

“Hoy la Iglesia tiene que estar clavada al pie de la Cruz, de pie en medio de las crisis que nos tocan afrontar, en medio de esta realidad deshumanizante que el Papa quiere que emprendamos a humanizar desde una antropología cristológica. Los docentes tienen que estar clavados al pie del Evangelio; los pastores también tenemos que estar clavados como Iglesia”, destacó.

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La IV Semana de Formación Bíblica contó también con la participación del Mag. Bruno Príncipe, teólogo y docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP); del P. Eugene Cocou, CMF, rector del ISET Juan XXIII; y del Mag. Hugo Saavedra, especialista en teología bíblica por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.

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