En el marco de la Fiesta de Santa Teresita del Niño Jesús, el Cardenal Carlos Castillo presidió la Santa Misa con la que se dio inicio al Año Jubilar por los 100 años de la colocación de la primera piedra del templo parroquial. Durante su homilía, invitó a la comunidad a volver a Jesús como fuente de la vida cristiana y a vivir la gratuidad del amor de Dios como camino para una Iglesia fecunda y una sociedad más humana.

Volver a Jesús para una Iglesia fecunda
Al reflexionar sobre los 100 años de historia de la comunidad cristiana, el arzobispo de Lima destacó que cada generación está llamada a volver a la fuente para renovar su vida de fe. En ese sentido, recordó que Jesús es la fuente a la que todos están llamados a regresar para recomenzar el camino.
“Todas las generaciones, para poder vivir, necesitan siempre volver a la fuente y recomenzar sabiendo que los anteriores también volvieron a la fuente, y la fuente es Jesús”, expresó.
A partir de las lecturas de Mateo (Mt 21, 33-43), el Cardenal Castillo advirtió también sobre el riesgo de que las comunidades se vuelvan estériles, es decir, que dejen de dar frutos. Por ello, animó a la Iglesia a permanecer fecunda, generosa y llena de vida, transmitiendo la fe de generación en generación.
“Y dar fruto significa, podríamos decir, generar entre nosotros comportamientos, maneras de ser, espiritualidad, costumbres, tareas, todas ligadas siempre a la médula que es Jesús que nos entregó su vida hasta la muerte y muerte de cruz”, señaló.
La gratuidad del amor como camino de fe
En otro momento, el Primado del Perú reflexionó sobre las diferencias entre una relación viva con Dios y una religiosidad basada únicamente en leyes, sacrificios, normas y prácticas externas subrayando que el amor de Dios no se obtiene mediante esfuerzos para ganarlo, sino que se recibe como don gratuito.
Asimismo, vinculó esta experiencia con la gratuidad de Santa Teresita del Niño Jesús, quien, desde su sencillez y vida espiritual, descubrió profundamente el amor de Dios y buscó compartirlo con los demás.
“Porque somos un regalo de Dios, la fe es un regalo de Dios, la vida es un regalo. Y Dios es el regalo más grande que nos ha podido dar dándonos a su Hijo”, afirmó.
Jesús, piedra angular para una sociedad nueva
A partir de la imagen de la piedra rechazada por los constructores, el arzobispo de Lima presentó a Jesús como la piedra angular que permite recomenzar y transformar la vida. Desde esta perspectiva, llamó a superar la ambición, el individualismo y aquellas formas de poder que terminan destruyendo a los demás.
“Vamos a tener que desarrollar una super inteligencia humana, no artificial sino real, que haga posible que a través del amor irradiemos la fuerza inagotable de la piedra desechada. Cuanto más se desecha una piedra, más es constructora de algo nuevo”, reflexionó.
En esa misma línea, reflexionó sobre los desafíos que plantea actualmente el desarrollo de la inteligencia artificial y la necesidad de fortalecer una inteligencia humana capaz de poner la tecnología al servicio de la persona y del bien común.
Un Año Jubilar para caminar con Santa Teresita
El 18 de diciembre de 1927 se colocó la primera piedra para la construcción del templo parroquial dedicado a Santa Teresita del Niño Jesús. Con motivo de este centenario, la comunidad parroquial inició el Año Jubilar, cuyo tiempo de preparación culminará con la celebración de los 100 años en 2027.
La celebración contó con la participación de la comunidad parroquial y de la comunidad venezolana de la Divina Pastora, quienes, al culminar la Santa Misa, participaron de un compartir junto a sacerdotes y agentes pastorales. También estuvieron presentes el P. Ricardo Medrano, párroco de la parroquia; el P. Gerardo Celiz, vicario parroquial; y el diácono Javier Zambrano.
Antes de culminar la celebración, el Cardenal Castillo bendijo a la feligresía con la reliquia de Santa Teresita del Niño Jesús y animó a todos a seguir su ejemplo de sencillez y vida de fe, para construir una ciudad marcada por la cercanía y la amistad.
“Seamos todos así, como Teresita, que siendo niña, siendo sencilla, nos ha dado la fuerza de Jesús para seguir viviendo la fe y haciendo nuestra ciudad de Lima como la que queremos, una ciudad amigable, cercana, amistosa”, concluyó.




