Durante la Misa de campaña en los exteriores del Santuario de Las Nazarenas, el cardenal Carlos Castillo agradeció a Dios por el “milagro de la curación de nuestro Santo Padre”. El Primado del Perú llamó a rechazar el culto al dinero y recordó que «la paz se consigue por medio del acuerdo, de la organización mutua y el buen trato».
La Eucaristía contó con la presencia del nuncio apostólico de Su Santidad en el Perú, monseñor Paolo Rocco Gualtieri; el obispo de la diócesis hermana de Chosica, monseñor Jorge Izaguirre; los obispos auxiliares de Lima y el clero diocesano.

En una multitudinaria celebración en los exteriores del Santuario de las Nazarenas, el cardenal Castillo hizo un llamado a centrar la vida cristiana en la voluntad de Dios, construyendo relaciones de fraternidad, y reconociendo su presencia en los gestos que promueven la vida y la solidaridad: «Es una belleza la delicadeza de nuestro Dios, que siempre camina, respeta, ayuda, es solidaria, esparce en la humanidad todos los valores que necesitamos para ser verdaderamente humanos», expresó.
Gracias a Dios por la recuperación del Santo Padre
«El Señor de los Milagros sigue siendo adorado por nosotros, porque siempre nos hace el favor de mostrarnos a Dios con ciertos signos tan lindos como la curación del Papa León XIV», ha comentado el cardenal Castillo al referirse a la pronta recuperación del Santo Padre, quien recibió el alta médica en el Hospital Gemelli después de someterse a una extirpación del lóbulo inferior del pulmón derecho debido a un adenocarcinoma.
Al respecto, el arzobispo de Lima agregó: «Es una belleza la delicadeza de nuestro Dios, que siempre camina, respeta, ayuda, es solidaria, esparce en la humanidad todos los valores que necesitamos para ser verdaderamente humanos».

Rechazo al culto al dinero y la deshumanización
Al reflexionar sobre el Evangelio del XXIX domingo del tiempo ordinario, el arzobispo de Lima recordó la respuesta de Jesús ante quienes buscaban ponerlo a prueba: «Devuelvan al César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios». A partir de este pasaje, advirtió sobre el riesgo de reducir la experiencia religiosa al cumplimiento de normas y costumbres, olvidando lo esencial de la relación con Dios:
«La religión cristiana es, ante todo, no cumplir una serie de normas, sino dejar que el Señor entre en nosotros, su Espíritu nos penetre y nosotros hagamos lo que hizo Jesús: fieles al Padre y actuar según Él», señaló.

El prelado invitó así a discernir la voluntad de Dios en cada momento, reiterando que la vida cristiana exige hacer la voluntad de Dios y no nuestros intereses personales. Puntualmente, se refirió al culto al dinero:
«Hay también una cosa muy importante: ¿a qué otro Dios se refieren estos dos grupos que cuestionan a Jesús? Al “dios dinero”, que es el peor de todos y muchos adoramos porque siempre somos tentados», advirtió.
El cardenal Castillo cuestionó que los recursos obtenidos mediante el trabajo dejen de orientarse al servicio de las personas para convertirse en instrumentos de especulación y acumulación: «Hemos llegado a un punto en el que ya no se comparte el dinero que se tiene ganado con el trabajo para ayudar a la gente, sino para especular», advirtió.

La fraternidad como camino para construir la paz
Ante un mundo marcado por las guerras, el arzobispo de Lima llamó a fortalecer la fraternidad como una expresión concreta del Evangelio. Recordó la importancia de la encíclica Fratelli tutti, del Papa Francisco, y vinculó su mensaje con la experiencia de la Hermandad del Señor de los Milagros, a la que reconoció como una oportunidad para anunciar el Evangelio de la fraternidad:
«Necesitamos seguir siendo hermanos como la Hermandad del Señor de los Milagros, que es una fuente inagotable para anunciar el Evangelio de la hermandad», afirmó.
En esta línea, retomó el llamado del Papa León XIV a construir una «paz desarmada y desarmante», explicando que la paz requiere diálogo, acuerdos y relaciones que permitan sostener la vida y la esperanza: «La paz se consigue por medio de la paz, del acuerdo, de la organización mutua, del tratarnos bien, del acordar, generar entre nosotros lazos de vida y de esperanza», destacó.

El arzobispo de Lima cuestionó las formas de imposición que pretenden resolver los conflictos mediante amenazas, invasiones o el uso de la fuerza: «La paz no se consigue a la fuerza, con amenazas, invadiendo países, imponiendo impuestos arbitrarios a todo el mundo y diciendo “esta tierra es mía y me meto”», apuntó.
Asimismo, destacó la necesidad de superar la deshumanización y reconocer la dignidad de cada persona: «El problema fundamental del mundo hoy día es la deshumanización, es decir, el intento de destruir el principio vital para el mundo, que es la dignidad de la persona humana, el valor de la vida que Dios está respetando», manifestó.
Amor gratuito como fundamento de la vida
El cardenal Castillo invitó a los fieles a vivir la procesión como una oportunidad para llevar a toda la ciudad un mensaje de amor y esperanza: «Aprovechemos esta procesión para llenar y contagiar de amor a toda nuestra ciudad y decirle que sólo el amor de Dios salva», reflexionó.
En su oración final, pidió que, como cristianos, no nos apartemos de lo esencial de la fe: «Que a todos nos haga así, hermanos y hermanas, que no caminemos por el camino de la hipocresía y los detalles tontos; y que nos centremos en Dios y en su voluntad, que siempre nos saca de las situaciones difíciles».
