Cardenal Castillo: Compartir el pan y servir a la humanidad ¡No destruirla!

En una emotiva celebración, el Cardenal Carlos Castillo lavó los pies a doce niños y niñas de la Parroquia Nuestra Señora de Montserrat, pensando en los cientos de vidas inocentes que perecieron durante el ataque de Estados Unidos a una escuela en Minab, Irán. El Prelado aseguró que la niñez representa la esperanza de una humanidad distinta que no debemos destruir, sino amar, proteger y acompañar.

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El arzobispo de Lima inició su homilía recordando que, después de haber predicado, curado y amado con todo el corazón, el Señor «sabía que venía el momento más difícil, organizado por la religión de aquel tiempo, que interpretaba a Dios como uno lejano, que no se compadece de nadie» y al que solo se puede acceder un grupo selecto de ‘puros’ y ‘perfectos’.

El Cardenal Castillo afirmó que Jesús vino para desbaratar aquellos prejuicios que los seres humanos creamos y nos alejan del Dios verdadero, que no desprecia a la humanidad, sino que la ama gratuitamente porque todos somos sus hijos. Y, para mosrar ese gesto de amor, el Señor realiza el signo del lavado de pies, que para los discípulos – y para muchas personas – puede considerarse como un acto de humillación, pero que esconde el camino que los cristianos debemos seguir: el servicio a los pobres, a los pequeños y a los más desvalidos.

El Primado del Perú hizo un enérgico llamado a detener el debacle de la guerra, propiciada por aquellos que se creen «dioses y poderosos» como para «destruir las vidas de las personas, despreciando al ser humano». Pero hoy, Jesús, se inclina ante nosotros, se mete en nuestra realidad y se encarna y muere para decirnos «todos estamos para amar y para servir».

La Eucaristía, que hacemos como el signo primordial de la vida de la Iglesia, es para recordarnos mutuamente que todos debemos compartir el pan, compartir nuestras vidas y construir un mundo de hermanos.

El arzobispo de Lima explicó que la Semana Santa es un tiempo para dejarnos insporar por la fuerza inagotable del Espíritu de Dios, que nos encamina a tomar decisiones hechas basadas en el testimonio de Cristo que, siendo de condición divina, se anonadó y humilló para darnos vida. Y agregó:

«No tengamos miedo de perder la vida dándola al servicio de los demás. Sobre todo, no destruyendo, sino dando vida a nuestros niños y a nuestras niñas, por quienes comienza la esperanza de una humanidad distinta, una humanidad nueva, un Perú y un mundo nuevo», reflexionó.

Que el Señor nos haga servidores, ayudándonos unos a otros, de tal manera que la ambición no pueda vencer al cariño de la solidaridad

A puertas de un nuevo proceso electoral, el Cardenal Castillo pidió sabiduría para que «identifiquemos qué personas pueden realmente servir a nuestro pueblo y qué personas no». Y que cada persona decida «con madurez y consciencia la decisión que considere la más justa».

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