Llegado el III Domingo de Cuaresma, el Cardenal Carlos Castillo recordó que Jesús es fuente de «agua viva» que nos permite redescubrir el don de Dios en cada persona y abrir caminos de paz frente al horror de la guerra. En el Día de la Mujer, el arzobispo de Lima exhortó a hacer una resolución profunda de nuestras vidas para superar el maltrato contra la mujer en sus diversas formas.
El Cardenal Castillo centró su homilía en el camino de conversión de la Cuaresma, manifestando que es un tiempo para seguir los rastros de Jesús en el desierto y profundizar las cosas. A partir del pasaje del evangelio de Juan sobre el encuentro entre Jesús y la samaritana, afirmó que el Señor quiere que meditemos sobre la sed profunda que hay en el ser humano:
«El punto central es el problema de la sed. ¿Cómo es nuestra sed? Cuanto más entramos en una situación difícil, más nos cansamos, más nos falta el tiempo para pensar, más nos falta el trato adecuado y justo», apuntó.
Un mundo apresurado que pierde humanidad
El Prelado advirtió que el mundo vive en un ritmo acelerado que nos impide ponderar y discernir, actuando por el impulso de la inmediatez. «Es insuficiente para vivir», remarcó el Arzobispo, deteniéndose en el trato amable y pedagógico que Jesús tiene con la samaritana para ayudarla a ver más allá de la inmediatez.
El encuentro con ella revela el don más profundo que tiene el Señor con nosotros: «Si conocieras el don de Dios y quién te dice ‘dame a beber’, tú le pedirías a Él y Él te daría agua viva». El diálogo con la samaritana – explicó el Cardenal Castillo – nos muestra cómo el ser humano reduce la hondura de la vida a intereses superficiales:
«Para ella, es un problema del cántaro y el agua. Pero el don de Dios y esa agua viva no es un problema de balde; es un problema de reconocer que esa agua está ya en nosotros», insistió el purpurado.

Redescubrir la presencia de Dios en la vida humana
El mensaje del Señor es claro: todos estamos llamados a redescubrir la presencia y el don gratuito de Dios en nuestra vida y en las circunstancias. «Quiere que aprendamos que el don de Dios está metido en nosotros porque somos sus hijos y Él ha venido a despertarlo. El Señor está en el fondo germinando, como una semilla, algo interesante», se aseveró.
Todos tenemos, en el fondo de nosotros, la germinación de la semilla de Dios. Es necesario redescubrirla para que despierte toda nuestra bondad, amabilidad y nobleza.
En el día que el mundo celebra y recuerda a la mujer, el Primado del Perú hizo un llamado a revisar las actitudes personales y sociales que descartan a la mujer como parte fundamental de la humanidad. Haciendo eco de las palabras del Papa León XIV, pidió «eliminar toda forma de violencia» y denunciarla sin miedo.
Son muchas las vejaciones y los maltratos a la mujer. Tenemos que recapacitar y entrar claramente en una posición de crecimiento humano.
En otro momento, recordó el vehemente llamamiento del Santo Padre, en el Ángelus de hoy, para detener la barbarie de la guerra: «Elevamos nuestro humilde ruego al Señor para que cese el estruendo de las bombas, callen las armas y se abra un espacio de diálogo en el que se puedan escuchar las voces de los pueblos». Frente a ello, añadió:
«Establezcamos, en cada uno de nosotros, el propósito de ir construyendo la paz desde los puntos más elementales de nuestra vida; la paz con nosotros mismos afrontando nuestros problemas, viéndolos cara a cara, y encontrando la fuente del agua viva del Señor», concluyó.
La Eucaristía de este III domingo de Cuaresma contó con la participación de representantes de la Guardia Republicana del Perú, en el marco de sus Bodas de Oro. También se hizo presente la comunidad de acólitos de la Parroquia San Juan Bautista, en el Rímac, junto a su párroco, el padre Emerson Velaysosa.
