Cardenal Castillo: Superar lo banal y resolver los problemas con humanidad

En un momento álgido y difícil para el mundo, el Cardenal Carlos Castillo hace un llamado a «volver a la fuente de nuestra vida», volver a Jesús. «Solamente cuando nos encontramos con Él» podemos afrontar las situaciones graves con una «inteligencia basada en el amor y en el servicio».

El arzobispo de Lima manifestó su solidaridad con las miles de víctimas de los países azotados por el horror de la guerra. Asimismo, elevó una oración por los pueblos de nuestro país afectados por las inundaciones y por la joven deportista Lizeth Marzano, fallecida trágicamente tras ser atropellada.

Al llegar el II Domingo de Cuaresma, el Cardenal Castillo ha tenido muy presente el delicado momento que viven los pueblos del Medio Oriente, golpeados por los conflictos bélicos y las grandes ambiciones que destruyen la vida de tantos inocentes. Vivir este tiempo de Cuaresma, por tanto, requiere de la inspiración de Dios para «resolver la crisis humana desde lo profundo, no con el hígado», ni mucho menos «como la ambición o el dinero pretenden».

A la luz del Evangelio de la Transfiguración (Mt 17, 1-9), el Prelado reflexionó sobre la importancia de «dejarnos interpelar, llamar y volver a la fuente de nuestra vida y salvación, que es Jesús». Precisó que esta salvación no es individual, necesita del conjunto de todos: «Salvar el alma sin pensar en la vida de los demás es egoísta, nos encierra y autocondena», añadió.

El mundo necesita humanidad. Desarmar las palabras hirientes

El Primado del Perú advirtió que, sin las experiencias profundas de compartir la vida con los demás – como lo hizo Jesús con sus discípulos – podemos perder la claridad en las decisiones que tomemos. En ese sentido, las redes sociales sociales se han convertido en un espacio donde las relaciones son artificiales, intercambiando insultos, peleas, escándalos y competiciones. En comunión con el Papa León XIV, el arzobispo limeño sostuvo que la Cuaresma es una oportunidad para desarmar las palabras hirientes y anunciar la fe que nos es dada por Dios como un don gratuito, no por méritos nuestros, sino por amor gratuito.


Es urgente que nos miremos a los ojos, tratemos las cosas y las resolvamos. Reconozcamos nuestros límites y aprendamos a resolver los problemas basados en el espíritu de fineza que nos da la fe.

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