Durante la Misa del Miércoles de Ceniza, Monseñor Juan José Salaverry, obispo auxiliar de Lima, recordó que la cuaresma se vive como «un tiempo de gracia y misericordia que el Señor nos regala para mirar en el horizonte la grandeza del misterio de nuestra salvación y de la resurrección de Cristo».

Al iniciarse el Tiempo de Cuaresma, Monseñor Salaverry destacó el llamado del Señor a vivir un proceso de conversión que nos interpele hondamente: «Este tiempo tiene que martillar en nuestro corazón para que estemos dispuestos a escuchar la Palabra del Señor, una palabra que nos transmite el clamor del pueblo y el dolor de nuestros hermanos», expresó.
El obispo auxiliar reflexionó en torno a las tres dimensiones espirituales que se viven durante este tiempo: la oración, el ayuno y la limosna.
Escuchar a Dios en la oración y en el prójimo
La oración – explicó – es el diálogo íntimo y profundo con el Señor. En comunión con las palabras del Santo Padre León XIV, Monseñor Salaverry sostuvo que debemos estar dispuestos a escuchar la voz del Señor que nos habla en la intimidad de nuestra oración, pero también en la acción solidaria con el prójimo.
No ajeno a los recientes acontecimientos de nuestro Perú, Monseñor Salaverry exhortó a nuestras autoridades a «escuchar los clamores de nuestro pueblo peruano» y denunció aquellas coaliciones que buscan seguir desestabilizando el país, ignorando el sentir profundo y doloroso de un pueblo que tiene puesta su fe y esperanza en el Señor.
Ayuno: Abstenerse de lo que nos daña
En otro momento, el obispo auxiliar de Lima meditó sobre la falta de caridad y los comportamientos que nos separan como Iglesia. Precisó que el sentido del ayuno no consiste únicamente en abstenernos de los alimentos, en realidad, es una invitación a vivir con fe y humildad absteniéndonos de «aquellas actitudes y acciones hirientes que causan daño a la dignidad de las personas».
Limosna: acto de amor y solidaridad
Sobre la limosna, Monseñor Salaverry animó a vivir una experiencia auténtica de Dios compartiendo nuestra vida con quienes más lo necesitan. No sólo es cuestión de dar regalos o dinero, también debemos estar dispuestos a regalar amor, nuestro tiempo y compromiso con el Otro.
Entendiendo que la Cuaresma también es un signo de comunión, esperanza y caminar juntos, el obispo manifestó que la Iglesia «debe dar signos de comunión en medio de una sociedad resquebrajada por algunas ideologías o posicionamientos religiosos», emprendiendo así un camino de renovación que nos lleve a la esperanza.
La Misa de Ceniza celebrada en Catedral de Lima contó con la participación de los colaboradores del Arzobispado de Lima. También acudieron representantes de las diversas hermandades de la Arquidiócesis de Lima y autoridades educativas de ODEC Y AIEC Lima.
Concelebraron en la Eucaristía el P. César Oré, canciller de la Arquidiócesis, y el P. Carlos Valderrama, director espiritual de la Hermandad del Señor de los Milagros.


