En el V Domingo del Tiempo Ordinario, Monseñor Víctor Solís recordó que la fe se expresa en la cercanía, la obediencia al Evangelio y el cuidado concreto de los hermanos. El vicario general de la Arquidiócesis de Lima hizo un llamado a encarnar una fe comprometida con los más frágiles, especialmente los enfermos y quienes sufren.
La Catedral de Lima acogió este domingo a los representantes de la Pastoral de Salud de Lima, quienes, en comunión con la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo, se unieron a las intenciones del Pueblo de Dios para pedir por todos nuestros enfermos.
Durante su homilía, Monseñor Víctor Solís subrayó que la salud por la que se oramos es integral: corporal, espiritual y psicológica. Y la sanación a las que nos invita el Señor se abre camino cuando nos disponemos a escuchar atentamente la Palabra, porque es allí donde se descubre «por dónde es que el Señor quiere ayudarnos a alcanzar esa plena y total salud».
Comentando el evangelio de hoy (Mateo 5, 13-16), Monseñor Solís puso especial énfasis en las palabras del Señor: “Ustedes son sal y luz”. A esta afirmación, se sumó la voz del profeta Isaías (58, 7-10): “brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía”, y la del salmo 111: “el justo brilla en las tinieblas como una luz”. Se precisó que esta llamada no se limita a una figura ideal, sino que alcanza a todos: «el justo a quien la palabra de Dios hace alusión es a todos». Y esta invitación debe interpelarnos a pensar seriamente: «¿Somos luz en medio de la oscuridad del pecado, luz en la familia? ¿Somos luz en el trabajo, luz en el grupo social entre los vecinos?», cuestionó el Monseñor.

La Palabra – prosiguió – no puede ser escondida. «No tiene sentido ponerla debajo de la mesa» porque está llamada a iluminar la vida cotidiana. Y agregó:
Todo cristiano, todo bautizado, está llamado a hacer luz en las tinieblas. El justo es todo hombre, toda mujer que es obediente a la Palabra y busca hacer de la voluntad de Dios el criterio de su vida.
Nuestro vicario general propuso interiorizar una revisión sincera para preguntarnos: «¿Somos obedientes a la Palabra? ¿Buscamos de verdad la voluntad de Dios en nuestras vidas?». También puntualizó en que no debemos buscar nuestra «luz propia, sino la luz de Cristo».

La exhortación de Monseñor Solís se enmarcó en la importancia del cuidado de los enfermos y a la responsabilidad de la Iglesia de no ser indiferente ante el sufrimiento. Explicó que, aunque la sanación corporal es importante, al Señor le interesa de manera particular la sanación interior de nuestras heridas, que deben ser «tocadas por su amor».
En cada Eucaristía que recibimos la Palabra del Señor, Él quiere penetrar hondo en tu vida para poder sanar las heridas.
Monseñor Solís sostuvo que ser discípulo es escuchar con atención y esforzarse por poner la Palabra en práctica cada día, con gratitud y gozo. «Así seremos luz en las tinieblas» y atraeremos a otros al encuentro con el Señor, no para recibir aplausos, sino «para la gloria del Padre Dios».
Al término de la Santa Misa, cientos de hermanos y hermanas recibieron el Sacramento de la Unción de los enfermos.
