Arturo Alcos: «La fe de Santo Toribio no se queda en los templos, camina con su pueblo»

Las reliquias de Santo Toribio vienen peregrinando por las parroquias de nuestra Arquidiócesis de Lima, una oportunidad para redescubrir su testimonio como «pastor cercano y reformador», así lo ha expresado el padre Arturo Alcos, párroco de Santa Magdalena Sofía Barat, quien nos invita a seguir el ejemplo de Toribio con apertura, escucha y conversión pastoral.

«Toribio llegó a una Iglesia desordenada, con abusos, distancias y mucha desigualdad. Y no se quedó criticando, caminó, escuchó, corrigió, formó y acompañó», reflexionó.

Catedral de Lima. Decanato 2 entrega las reliquias de Santo Toribio de Mogrovejo.

Escribe: Carmen López

Del 18 de enero al 22 de febrero, las reliquias de Santo Toribio de Mogrovejo recorrieron las 16 parroquias del Decanato II, viviendo una experiencia de oración y visitas pastorales que revitalizaron la comunión y el compromiso misionero de nuestras comunidades.

Arturo Alcos, decano responsable de recibir y alojar las reliquias en su decanato, manifestó que esta experiencia permitió a la comunidad vivir plenamente el significado de su presencia: «No solo fue una visita devocional, fue un tiempo de escucha, encuentro y conversión pastoral. Las reliquias no solo pasaron por las parroquias, sino que reavivaron en nosotros el compromiso de ser una Iglesia en camino, misionera y corresponsable», adelantó.

El Cardenal Carlos Castillo recordó que Toribio de Mogrovejo fue un ejemplo de fe auténtica basada en el servicio, la espiritualidad profunda y el trato digno, ¿cómo podemos acoger el legado de Toribio en nuestra Iglesia limeña?

Cuando el cardenal nos recuerda que Santo Toribio vivió una fe auténtica basada en el servicio, la espiritualidad profunda y el trato digno, nos está diciendo algo muy concreto: la fe se demuestra en cómo tratamos a las personas. Interiorizar ese ejemplo hoy significa dejar de vivir una fe solo de costumbre y comenzar a vivir una fe que sirve. Toribio oraba mucho, pero también caminaba mucho. Escuchaba, corregía y defendía la dignidad de los más pobres.

Para nosotros, como Iglesia en Lima, eso se traduce en cosas sencillas pero exigentes: orar de verdad, servir sin buscar protagonismo y tratar a cada persona —incluso al que piensa distinto— con respeto y cercanía.

La sinodalidad empieza ahí: escuchar antes de hablar, acompañar antes de juzgar, caminar juntos en vez de dividirnos. Si vivimos así en lo cotidiano, la fe de Santo Toribio no será un recuerdo histórico, sino una fuerza viva en nuestras parroquias y en nuestras calles.

El Papa León XIV nos recuerda que no debemos apartarnos del Evangelio ni quebrantar la ley de la caridad para buscar, por la violencia, una mayor justicia. ¿Cómo aplicamos hoy este principio en nuestra sociedad y en el servicio a los más necesitados, especialmente en el marco del Año Jubilar de Toribio?

Nuestra ciudad está herida: inseguridad, desigualdad, desconfianza en las instituciones, frustración en los jóvenes, etc. Es comprensible que haya enojo, pero como Iglesia no podemos responder desde la lógica del enfrentamiento. El Evangelio nos pide firmeza, pero nunca odio.

Santo Toribio nos dejó ese camino. En un tiempo difícil, no eligió la violencia ni la imposición. Reformó con paciencia, defendió a los más vulnerables, caminó con su pueblo. Fue valiente, pero nunca rompió la comunión. Eso es muy actual.

Hoy, aplicar este principio significa: luchar por la justicia sin deshumanizar a nadie. Podemos denunciar lo injusto, pero siempre buscando reconciliación, no división. Apostar por la cultura del encuentro.

En ese sentido, es importante remarcar que la sinodalidad no es teoría, es sentarnos, escucharnos y construir juntos soluciones reales; servir con obras concretas. No basta indignarnos, necesitamos pastoral social organizada, acompañamiento cercano a las familias y formación que genere cambios duraderos.

En este Año Jubilar de Santo Toribio, el mensaje es claro: la verdadera reforma no nace de la violencia, sino de corazones convertidos. Justicia sí, pero desde la caridad. Firmeza sí, pero sin romper la comunión.

La sinodalidad no es teoría, es sentarnos, escucharnos y construir juntos soluciones reales; servir con obras concretas

P. Arturo Alcos – Decano del decanato 2

Vivimos en una sociedad fragmentada, donde cuesta tender puentes de unidad. ¿Cómo podemos, siguiendo el ejemplo de Toribio, trabajar por la unidad y la fraternidad dentro de nuestras comunidades?

Es verdad, vivimos en una sociedad fragmentada. En Lima lo vemos todos los días: divisiones políticas, desconfianza, familias heridas, grupos que no se hablan entre sí. A veces, eso también se refleja dentro de la Iglesia.

Santo Toribio nos enseña algo muy sencillo y muy profundo: la unidad no se impone, se construye caminando con la gente. Él no gobernó desde lejos, visitó pueblos, escuchó conflictos, corrigió con paciencia y buscó siempre que la Iglesia fuera casa para todos. No dividió, no etiquetó, no excluyó. Escuchó y acompañó.

Hoy, siguiendo su ejemplo, trabajar por la unidad significa tres cosas muy concretas: 1) Aprender a escucharnos de verdad. No solo hablar, sino escuchar al que piensa distinto, al joven, al adulto mayor, al que está herido. La sinodalidad empieza ahí.

2) Dejar el orgullo pastoral. A veces nos dividimos por protagonismos, por “mi grupo”, “mi movimiento”, “mi idea”. La unidad nace cuando entendemos que la misión es de Cristo, no nuestra. 3) Crear espacios de encuentro real. No solo reuniones formales, sino momentos donde la comunidad comparta, ore junta, dialogue, se reconcilie. La fraternidad se vive, no se decreta.

En el Año Jubilar de Santo Toribio, el llamado es claro: no podemos anunciar a Cristo si estamos divididos. La unidad no significa pensar igual, significa caminar juntos. Si en nuestras parroquias aprendemos a escucharnos y a trabajar en corresponsabilidad, entonces, estaremos construyendo la fraternidad que Lima necesita. Y eso sí transforma.

Padre Arturo Alcos.

¿Qué mensaje actual nos deja Santo Toribio a nuestra Iglesia de Lima y cómo puede inspirarnos a vivir nuestra fe hoy?

Santo Toribio nos deja un mensaje muy claro para la Iglesia de Lima hoy: no tengamos miedo de convertirnos para poder renovar. Él llegó a una Iglesia desordenada, con abusos, distancias y mucha desigualdad. Y no se quedó criticando, caminó, escuchó, corrigió, formó y acompañó. Nos enseña que la reforma comienza por el corazón del pastor y se extiende a toda la comunidad.

El mensaje de Toribio es actual: la fe no puede quedarse en el templo; tiene que caminar las calles. Nos inspira a: 1) Ser una Iglesia cercana, que visita y no espera. 2) Cuidar la formación y la coherencia de vida. 3) Defender la dignidad de cada persona. 4) Vivir la sinodalidad no como teoría, sino como estilo de comunión.

Toribio nos recuerda que la santidad no es para unos pocos, es para quienes aman a su pueblo y se atreven a servir con valentía.

Si en nuestras parroquias aprendemos a escucharnos y a trabajar en corresponsabilidad, entonces, estaremos construyendo la fraternidad que Lima necesita.

P. Arturo Alcos
Decano del decanato 2

Sobre recorrido de las reliquias de Toribio

Las festividades por los 300 años de Canonización de Santo Toribio de Mogrovejo comenzaron en diciembre de 2025 con una peregrinación desde la Parroquia San Lázaro, en el Rímac, hasta la Catedral de Lima. El peregrinaje de las reliquias de nuestro santo patrón se extenderá durante todo el año 2026, visitando las 130 parroquias de la Arquidiócesis de Lima.

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