«Que en este tiempo de Cuaresma nos preguntemos con humildad de corazón qué rostros tiene la pobreza hoy; qué hermanos nuestros se encuentran en las periferias existenciales marcadas por la miseria, la exclusión, el abandono o la pérdida de sentido de la vida», es la exhortación de Sylvia Cáceres Pizarro, secretaria general de Cáritas Lima, quien nos invita a reflexionar sobre el sentido de la limosna y caridad en este tiempo de Cuaresma.

Escribe: Carmen López
En su mensaje para este tiempo litúrgico, el Santo Padre León XIV recuerda que, «la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino, también, al estilo de las relaciones y a la calidad del diálogo», recordando que todo cambio puede interpelar a las comunidades a vivir en un proceso de conversión comunitaria.
Bajo esta mirada, Cáritas Lima ha promovido, en los últimos años, una red de hermanamiento entre parroquias, organizaciones sociales, universidades e instituciones públicas para acompañar a las personas más vulnerables de la ciudad. En ese sentido, Sylvia Cáceres recuerda que la limosna no sólo es un gesto de ayuda material, también es un compromiso cristiano que nos convoca a donar nuestro tiempo, escucha y acogida con el hermano que sufre.
Además del ayuno y la oración ¿por qué la limosna es expresión concreta de conversión en la Cuaresma?
La limosna, para los cristianos, nos remite a la acción y la actitud movidas por la caridad, por el amor. No se trata de un acto de generosidad simple, sino, más bien, tiene un sentido más profundo porque es la expresión de la cercanía hacia quienes sufren pobreza, abandono, violencia o, cuyas vidas están a punto de verse afectadas por esa condición.
La cercanía o el hacernos prójimo de quienes sufren brota de un corazón movido por la compasión y por la certeza que es Dios mismo el que clama desde el sufrimiento de nuestros hermanos. En este sentido, solo desde un proceso de conversión personal y comunitario a través del cual la indiferencia cede paso a la solidaridad, el abandono da lugar a la acogida, y la división es superada por la fraternidad al reconocernos hermanos todos. La limosna constituye un acto de amor a Dios y a los hermanos y refleja nuestra disposición para compartir los bienes en comunión con ellos.
Por eso, el Papa León XIV, a través de la Exhortación Apostólica Dilexi Te, nos recuerda que Dios nos amó primero y que el amor que de Él recibimos debe impulsarnos a amar concretamente a nuestros hermanos (Dilexi Te: 1-3).
Muchas veces se cree que la limosna es dar dinero. ¿Cómo podemos comprenderla como un compromiso más profundo con el prójimo?
La realidad nos muestra que millones de hermanos sufren la pobreza. Son múltiples las carencias que acompañan la vida de los pobres tales como la enfermedad, la inseguridad, la violencia, el abandono de niños y adultos mayores, la falta de vivienda, entre tantas otras.
Dada la magnitud de este problema social, los cristianos y personas de buena voluntad se conmueven profundamente ante el dolor humano, ante el dolor de quienes sienten como hermanos. En este contexto, adquiere singular importancia la limosna porque, como señala el Papa León XIV, «necesitamos practicar la limosna para tocar la carne sufriente de los pobres» (Dilexi Te: 119).
Así, el amor cristiano está llamado a hacerse tangible, concreto y eficaz, a través de obras con los más vulnerables. Por ello, la limosna no puede agotarse en la entrega de ayuda económica puntual, sino que ha de ir más allá y adoptar múltiples formas de donación como la escucha, la acogida, el encuentro para compartir saberes, para promover la salud, para construir entornos seguros libres de violencia, entre tantas otras manifestaciones de servicio que impulsan los agentes pastorales, los voluntarios, las universidades, empresas e instituciones privadas, así como funcionarios de servicios públicos sensibles a esta problemática y la comunidad organizada.
Así, desde la caridad y la cercanía surge el compromiso profundo que busca paliar y hasta transformar las condiciones que acompañan a la pobreza y que le restan dignidad a los pobres.
Desde Cáritas Lima, ¿qué acciones concretas se vienen realizando para acompañar a las personas más vulnerables en nuestra ciudad?
Cáritas Lima se encuentra en proceso de conversión profunda, animados por la exhortación de nuestro cardenal Carlos Castillo, y en fidelidad al Evangelio y nuestra misión. Entre los primeros resultados, hemos podido desarrollar acciones caritativas desde una comprensión más amplia de la pobreza que implica diversas dimensiones y que, por lo tanto, exigen respuestas integrales, más allá de la ayuda humanitaria y puntual.
En segundo lugar, seguimos impulsando la colaboración mutua y de unidad entre nuestra organización y las parroquias de la Arquidiócesis de Lima, fortaleciendo la comunión en el servicio a los hermanos en condición de pobreza. Desde este enfoque, construimos una red de solidaridad y hermanamiento entre organizaciones populares, agentes pastorales, párrocos, vicarios, empresas, instituciones públicas y académicas.
Esta red solidaria ha permitido amplificar el alcance de las acciones caritativas y así dar testimonio del amor de Cristo al mundo, preferentemente, a los niños, mujeres, adultos mayores, personas con discapacidad y migrantes.
Del mismo modo, unimos esfuerzo y talento humano para movilizarnos en:
1. Acciones caritativas en cuatro grandes ámbitos: entrega de alimentos a ollas comunes, comedores parroquiales y populares. También atendemos a casos urgentes en razón de siniestros y abandono; desarrollamos campañas de promoción y cuidado de la salud para las familias de escasos recursos. Finalmente, canalizamos asesoría y formamos promotores para la prevención y atención en casos de violencia hacia la mujer, menores, ancianos o migrantes; y preparamos brigadistas para responder a riesgos de desastres.
Estas actividades tienen lugar en las comunidades más pobres y vulnerables de Lima, como El Agustino, Rímac, Chorrillos, Cieneguilla, Manchay, Cercado.
2. Espacios de reflexión y retiros con agentes pastorales y trabajadores de Cáritas Lima: son preparadas y animadas por sacerdotes, religiosas, teólogos, laicos y equipos de Cáritas hermanas.
3. Espacios de formación y desarrollo de capacidades: donde participan las lideresas de las organizaciones comunitarias sobre aspectos nutricionales, educación financiera, espacios libres de violencia y resiliencia en contextos de emergencia o desastres. El proceso formativo es acompañado por estudiantes y docentes de distintas universidades como la Pontifica Universidad Católica del Perú, la Universidad San Ignacio de Loyola, Universidad Tecnológica del Perú; así como instituciones públicas como el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, el Ministerio de Salud, Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, entre otros.
4. Espacios de discernimiento y formación: con el apoyo de voluntarios de las 130 parroquias de Lima, a fin de articular el desarrollo de las acciones caritativas impulsadas por Cáritas Lima y Cáritas de las distintas parroquias, de manera organizada y transparente.
¿Qué mensaje les daría a las comunidades para vivir una Cuaresma más solidaria, cercana y comprometida con quienes más necesitan?
Que en este tiempo de Cuaresma nos preguntemos con humildad de corazón qué rostros tiene la pobreza hoy; qué hermanos nuestros se encuentran en las periferias existenciales marcadas por la miseria, la exclusión, el abandono o la pérdida de sentido de la vida.
Dejémonos iluminar por nuestro Señor Jesús para que su Espíritu transforme nuestro corazón de modo que la indiferencia cotidiana se convierta en compasión activa y la distancia en cercanía fraterna. Que seamos capaces de abrir espacios de encuentro con quienes sufren, escuchar sus historias, compartir nuestros bienes materiales y espirituales, y revisar nuestros estilos de vida para que sean más justos y coherentes con el Evangelio.
Vivir una Cuaresma solidaria implica organizar acciones concretas, como campañas de apoyo a comedores, acompañamiento a mujeres víctimas de violencia, visitas a adultos mayores solos o formación de voluntarios. Pero, sobre todo, implica fortalecer la comunión y la corresponsabilidad en el anuncio de la Buena Nueva. Siguiendo la invocación de nuestro Cardenal Carlos Castillo, seamos parte de la Iglesia que camina con el pobre y que hace visible la ternura de Dios hacia ellos.
Que esta Cuaresma sea, entonces, un tiempo para reconstruir vínculos, tejer redes de solidaridad y renovar nuestro compromiso preferencial con los pobres, de modo que nuestra fe se traduzca en obras de justicia, paz y esperanza.

Así, el amor cristiano está llamado a hacerse tangible, concreto y eficaz, a través de obras con los más vulnerables.
Sylvia Cáceres
Secretaria general – Cáritas Lima


