Evangelio del Día

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Lecturas del Día

Primera lectura:

Génesis (Gn 1, 1-2, 2)

En el principio cre√≥ Dios el cielo y la tierra. La tierra era soledad y caos; y las tinieblas cubr√≠an la faz del abismo. El esp√≠ritu de Dios se mov√≠a sobre la superficie de las aguas. Dijo Dios: ‚ÄúQue exista la luz‚ÄĚ, y la luz existi√≥. Vio Dios que la luz era buena, y separ√≥ la luz de las tinieblas. Llam√≥ a la luz ‚Äúd√≠a‚ÄĚ y a las tinieblas, ‚Äúnoche‚ÄĚ. Fue la tarde y la ma√Īana del primer d√≠a. Dijo Dios: ‚ÄúQue haya una b√≥veda entre las aguas, que separe unas aguas de otras‚ÄĚ. E hizo Dios una b√≥veda y separ√≥ con ella las aguas de arriba, de las aguas de abajo. Y as√≠ fue. Llam√≥ Dios a la b√≥veda ‚Äúcielo‚ÄĚ. Fue la tarde y la ma√Īana del segundo d√≠a. Dijo Dios: ‚ÄúQue se junten las aguas de debajo del cielo en un solo lugar y que aparezca el suelo seco‚ÄĚ. Y as√≠ fue. Llam√≥ Dios ‚Äútierra‚ÄĚ al suelo seco y ‚Äúmar‚ÄĚ a la masa de las aguas. Y vio Dios que era bueno.

Dijo Dios: ‚ÄúVerdee la tierra con plantas que den semilla y √°rboles que den fruto y semilla, seg√ļn su especie, sobre la tierra‚ÄĚ. Y as√≠ fue. Brot√≥ de la tierra hierba verde, que produc√≠a semilla, seg√ļn su especie, y √°rboles que daban fruto y llevaban semilla, seg√ļn su especie. Y vio Dios que era bueno. Fue la tarde y la ma√Īana del tercer d√≠a. Dijo Dios: ‚ÄúQue haya lumbreras en la b√≥veda del cielo, que separen el d√≠a de la noche, se√Īalen las estaciones, los d√≠as y los a√Īos, y luzcan en la b√≥veda del cielo para iluminar la tierra‚ÄĚ. Y as√≠ fue. Hizo Dios las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para regir el d√≠a y la menor, para regir la noche; y tambi√©n hizo las estrellas. Dios puso las lumbreras en la b√≥veda del cielo para iluminar la tierra, para regir el d√≠a y la noche, y separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Fue la tarde y la ma√Īana del cuarto d√≠a.

Dijo Dios: ‚ÄúAg√≠tense las aguas con un hervidero de seres vivientes y revoloteen sobre la tierra las aves, bajo la b√≥veda del cielo‚ÄĚ. Cre√≥ Dios los grandes animales marinos y los vivientes que en el agua se deslizan y la pueblan, seg√ļn su especie. Cre√≥ tambi√©n el mundo de las aves, seg√ļn sus especies. Vio Dios que era bueno y los bendijo, diciendo: ‚ÄúSean fecundos y multipl√≠quense; llenen las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra‚ÄĚ. Fue la tarde y la ma√Īana del quinto d√≠a. Dijo Dios: ‚ÄúProduzca la tierra vivientes, seg√ļn sus especies: animales dom√©sticos, reptiles y fieras, seg√ļn sus especies‚ÄĚ. Y as√≠ fue. Hizo Dios las fieras, los animales dom√©sticos y los reptiles, cada uno seg√ļn su especie. Y vio Dios que era bueno. Dijo Dios: ‚ÄúHagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine a los peces del mar, a las aves del cielo, a los animales dom√©sticos y a todo animal que se arrastra sobre la tierra‚ÄĚ.

Y creó Dios al hombre a su imagen;
a imagen suya lo creó;
hombre y mujer los creó.

Y los bendijo Dios y les dijo: ‚ÄúSean fecundos y multipl√≠quense, llenen la tierra y som√©tanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra‚ÄĚ.

Y dijo Dios: ‚ÄúHe aqu√≠ que les entrego todas las plantas de semilla que hay sobre la faz de la tierra, y todos los √°rboles que producen fruto y semilla, para que les sirvan de alimento. Y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todos los seres que respiran, tambi√©n les doy por alimento las verdes plantas‚ÄĚ. Y as√≠ fue. Vio Dios todo lo que hab√≠a hecho y lo encontr√≥ muy bueno. Fue la tarde y la ma√Īana del sexto d√≠a. As√≠ quedaron concluidos el cielo y la tierra con todos sus ornamentos, y terminada su obra, descans√≥ Dios el s√©ptimo d√≠a de todo cuanto hab√≠a hecho.

(O bien más breve: Gn  1, 1. 26-31a)

En el principio creó Dios los cielos y la tierra.
Y dijo Dios: ¬ęHagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alima√Īas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra.¬†Cre√≥, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le cre√≥, macho y hembra los cre√≥.
Y bendijo los Dios, y d√≠joles Dios: ¬ęSed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra.¬Ľ Dijo Dios: ¬ęVed que os he dado toda hierba de semilla que existe sobre la haz de toda la tierra, as√≠ como todo √°rbol que lleva fruto de semilla; para vosotros ser√° de alimento. Y a todo animal terrestre, y a toda ave de los cielos y a toda sierpe de sobre la tierra, animada de vida, toda la hierba verde les doy de alimento.¬Ľ Y as√≠ fue. Vio Dios cuanto hab√≠a hecho, y todo estaba muy bien. Y atardeci√≥ y amaneci√≥: d√≠a sexto.

Segunda lectura:

Génesis (Gn 22, 1-18)

Despu√©s de estos sucesos, Dios puso a prueba a Abrah√°n, dici√©ndole: ¬°Abrah√°n! Respondi√≥: Aqu√≠ me tienes. Dios le dijo: Toma a tu hijo √ļnico, a tu querido Isaac, vete al pa√≠s de Moria y ofr√©cemelo all√≠ en sacrificio en uno de los montes que yo te indicar√©. Abrah√°n madrug√≥, ensill√≥ el asno y se llev√≥ a dos criados y a su hijo Isaac; cort√≥ le√Īa para el sacrificio y se encamin√≥ al lugar que le hab√≠a indicado Dios. Al tercer d√≠a, levant√≥ Abrah√°n los ojos y divis√≥ el sitio a lo lejos. Abrah√°n dijo a sus criados: Qu√©dense aqu√≠ con el asno; yo y el muchacho iremos hasta all√° para adorar a Dios, y despu√©s volveremos con ustedes. Abrah√°n tom√≥ la le√Īa para el holocausto, se la carg√≥ a su hijo Isaac y √©l llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos. Isaac dijo a Abrah√°n, su padre: Padre. √Čl respondi√≥: Aqu√≠ estoy, hijo m√≠o. El muchacho dijo: Tenemos fuego y le√Īa, pero, ¬Ņd√≥nde est√° el cordero para el holocausto?¬† Abrah√°n le contest√≥: Dios proveer√° el cordero para el holocausto, hijo m√≠o. Y siguieron caminando juntos. Cuando llegaron al sitio que le hab√≠a dicho Dios, Abrah√°n levant√≥ all√≠ un altar ya pil√≥ la le√Īa, luego at√≥ a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la le√Īa. Entonces Abrah√°n tom√≥ el cuchillo para degollar a su hijo; pero el √°ngel del Se√Īor le grit√≥ desde el cielo: ¬°Abrah√°n, Abrah√°n! √Čl contest√≥: Aqu√≠ estoy. Dios le orden√≥: No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ya he comprobado que respetas a Dios, porque no me has negado a tu hijo, tu √ļnico hijo. Abrah√°n levant√≥ los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en los matorrales. Abrah√°n se acerc√≥, tom√≥ el carnero y lo ofreci√≥ en sacrificio en lugar de su hijo. Abrah√°n llam√≥ a aquel sitio: El Se√Īor provee; por eso se dice a√ļn hoy: el monte donde el Se√Īor provee. Desde el cielo, el √°ngel del Se√Īor volvi√≥ a gritar a Abrah√°n: Juro por m√≠ mismo: Por haber obrado as√≠, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo √ļnico, te bendecir√©, multiplicar√© a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistar√°n las ciudades de sus enemigos. Todos los pueblos del mundo se bendecir√°n nombrando a tu descendencia, porque me has obedecido.

(O bien m√°s breve: Gn 22, 1-2. 9a. 10-13. 15-18)

Despu√©s de estas cosas sucedi√≥ que Dios tent√≥ a Abraham y le dijo: ¬ę¬°Abraham, Abraham!¬Ľ El respondi√≥: ¬ęHeme aqu√≠.¬Ľ D√≠jole: ¬ęToma a tu hijo, a tu √ļnico, al que amas, a Isaac, vete al pa√≠s de Moria y ofr√©cele all√≠ en holocausto en uno de los montes, el que yo te diga.¬Ľ Llegados al lugar que le hab√≠a dicho Dios, construy√≥ all√≠ Abraham el altar, y dispuso la le√Īa; luego at√≥ a Isaac, su hijo, y le puso sobre el ara, encima de la le√Īa. Alarg√≥ Abraham la mano y tom√≥ el cuchillo para inmolar a su hijo. Entonces le llam√≥ el √Āngel de Yahveh desde los cielos diciendo: ¬°Abraham, Abraham!¬Ľ El dijo: ¬ęHeme aqu√≠.¬Ľ Dijo el √Āngel: ¬ęNo alargues tu mano contra el ni√Īo, ni le hagas nada, que ahora ya s√© que t√ļ eres temeroso de Dios, ya que no me has negado tu hijo, tu √ļnico.¬Ľ Levant√≥ Abraham los ojos, mir√≥ y vio un carnero trabado en un zarzal por los cuernos. Fue Abraham, tom√≥ el carnero, y lo sacrific√≥ en holocausto en lugar de su hijo. El √Āngel de Yahveh llam√≥ a Abraham por segunda vez desde los cielos, y dijo: ¬ęPor m√≠ mismo juro, or√°culo de Yahveh, que por haber hecho esto, por no haberme negado tu hijo, tu √ļnico, yo te colmar√© de bendiciones y acrecentar√© much√≠simo tu descendencia como las estrellas del cielo y como las arenas de la playa, y se adue√Īar√° tu descendencia de la puerta de sus enemigos.¬†Por tu descendencia se bendecir√°n todas las naciones de la tierra, en pago de haber obedecido t√ļ mi voz.¬Ľ

Tercera lectura:

√Čxodo (Ex 14, 15–15, 1)

Dijo Yahveh a Mois√©s: ¬ę¬ŅPor qu√© sigues clamando a m√≠? Di a los israelitas que se pongan en marcha. Y t√ļ, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y div√≠delo, para que los israelitas entren en medio del mar a pie enjuto. Que yo voy a endurecer el coraz√≥n de los egipcios para que los persigan, y me cubrir√© de gloria a costa de Fara√≥n y de todo su ej√©rcito, de sus carros y de los guerreros de los carros. Sabr√°n los egipcios que yo soy Yahveh, cuando me haya cubierto de gloria a costa de Fara√≥n, de sus carros y de sus jinetes. Se puso en marcha el √Āngel de Yahveh que iba al frente del ej√©rcito de Israel, y pas√≥ a retaguardia. Tambi√©n la columna de nube de delante se desplaz√≥ de all√≠ y se coloc√≥ detr√°s, poni√©ndose entre el campamento de los egipcios y el campamento de los israelitas. La nube era tenebrosa y transcurri√≥ la noche sin que pudieran trabar contacto unos con otros en toda la noche. Mois√©s extendi√≥ su mano sobre el mar, y Yahveh hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del Este que sec√≥ el mar, y se dividieron las aguas. Los israelitas entraron en medio del mar a pie enjuto, mientras que las aguas formaban muralla a derecha e izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecuci√≥n, entrando tras ellos, en medio del mar, todos los caballos de Fara√≥n, y los carros con sus guerreros. Llegada la vigilia matutina, mir√≥ Yahveh desde la columna de fuego y humo hacia el ej√©rcito de los egipcios, y sembr√≥ la confusi√≥n en el ej√©rcito egipcio.¬†Trastorn√≥ la ruedas de sus carros, que no pod√≠an avanzar sino con gran dificultad. Y exclamaron los egipcios: ¬ęHuyamos ante Israel, porque Yahveh pelea por ellos contra los egipcios.¬Ľ
Yahveh dijo a Mois√©s: Extiende tu mano sobre el mar, y las aguas volver√°n sobre los egipcios, sobre sus carros y sobre los guerreros de los carros.¬Ľ Extendi√≥ Mois√©s su mano sobre el mar, y al rayar el alba volvi√≥ el mar a su lecho; de modo que los egipcios, al querer huir, se vieron frente a las aguas. As√≠ precipit√≥ Yahveh a los egipcios en medio del mar, pues al retroceder las aguas cubrieron los carros y a su gente, a todo el ej√©rcito de Fara√≥n, que hab√≠a entrado en el mar para perseguirlos; no escap√≥ ni uno siquiera. Mas los israelitas pasaron a pie enjuto por en medio del mar, mientras las aguas hac√≠an muralla a derecha e izquierda. Aquel d√≠a salv√≥ Yahveh a Israel del poder de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a orillas del mar.¬†Y viendo Israel la mano fuerte que Yahveh hab√≠a desplegado contra los egipcios, temi√≥ el pueblo a Yahveh, y creyeron en Yahveh y en Mois√©s, su siervo.
Entonces Mois√©s y los israelitas cantaron este c√°ntico a Yahveh. Dijeron: ¬ęCanto a Yahveh pues se cubri√≥ de gloria arrojando en el mar caballo y carro.

Cuarta lectura

Isaías (Is 54, 5-14)

Porque tu esposo es tu Hacedor, Yahveh Sebaot es su nombre; y el que te rescata, el Santo de Israel, Dios de toda la tierra se llama. Porque como a mujer abandonada y de contristado esp√≠ritu, te llam√≥ Yahveh; y la mujer de la juventud ¬Ņes repudiada? – dice tu Dios. Por un breve instante te abandon√©, pero con gran compasi√≥n te recoger√©. En un arranque de furor te ocult√© mi rostro por un instante, pero con amor eterno te he compadecido dice Yahveh tu Redentor. Ser√° para m√≠ como en tiempos de No√©: como jur√© que no pasar√≠an las aguas de No√© m√°s sobre la tierra, as√≠ he jurado que no me irritar√© mas contra ti ni te amenazar√©. Porque los montes se correr√°n y las colinas se mover√°n, mas mi amor de tu lado no se apartar√° y mi alianza de paz no se mover√° – dice Yahveh, que tiene compasi√≥n de ti. Pobrecilla, azotada por los vientos, no consolada, mira que yo asiento en carbunclos tus piedras y voy a cimentarte con zafiros. Har√© de rub√≠ tus baluartes, tus puertas de piedras de cuarzo y todo tu t√©rmino de piedras preciosas. Todos tus hijos ser√°n disc√≠pulos de Yahveh, y ser√° grande la dicha de tus hijos. En justicia ser√°s consolidada. Mantente lejos de la opresi√≥n, pues ya no temer√°s, y del terror, pues no se acercar√° a ti.

Quinta lectura

Isaías (Is, 55, 1-11)

¬°Oh, todos los sedientos, id por agua, y los que no ten√©is plata, venid, comprad y comed, sin plata, y sin pagar, vino y leche! ¬ŅPor qu√© gastar plata en lo que no es pan, y vuestro jornal en lo que no sacia? Hacedme caso y comed cosa buena, y disfrutar√©is con algo sustancioso. ¬†Aplicad el o√≠do y acudid a m√≠, o√≠d y vivir√° vuestra alma. Pues voy a firmar con vosotros una alianza eterna: las amorosas y files promesas hechas a David. Mira que por testigo de las naciones le he puesto, caudillo y legislador de las naciones. Mira que a un pueblo que no conoc√≠as has de convocar, y un pueblo que no te conoc√≠a, a ti correr√° por amor de Yahveh tu Dios y por el Santo de Israel, porque te ha honrado. Buscad a Yahveh mientras se deja encontrar, llamadle mientras est√° cercano. Deje el malo su camino, el hombre inicuo sus pensamientos, y vu√©lvase a Yahveh, que tendr√° compasi√≥n de √©l, a nuestro Dios, que ser√° grande en perdonar. Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos – or√°culo de Yahveh. Porque cuanto aventajan los cielos a la tierra, as√≠ aventajan mis caminos a los vuestros y mis pensamientos a los vuestros. Como descienden la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven all√°, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que d√© simiente al sembrador y pan para comer,¬†as√≠ ser√° mi palabra, la que salga de mi boca, que no tornar√° a m√≠ de vac√≠o, sin que haya realizado lo que me plugo y haya cumplido aquello a que la envi√©.

Sexta lectura

Baruc (Ba 3, 9-15. 32–4, 4)

Escucha, Israel, los mandamientos de vida, tiende tu o√≠do para conocer la prudencia. ¬ŅPor qu√©, Israel, por qu√© est√°s en pa√≠s de enemigos, has envejecido en un pa√≠s extra√Īo, te has contaminado con cad√°veres, contado entre los que bajan al seol? ¬°Es que abandonaste la fuente de la sabidur√≠a! Si hubieras andado por el camino de Dios, habr√≠as vivido en paz eternamente. Aprende d√≥nde est√° la prudencia, d√≥nde la fuerza, d√≥nde la inteligencia, para saber al mismo tiempo d√≥nde est√° la longevidad y la vida, d√≥nde la luz de los ojos y la paz.¬†Pero ¬Ņqui√©n ha encontrado su mansi√≥n, qui√©n ha entrado en sus tesoros?
Pero el que todo lo sabe la conoce, con su inteligencia la escrut√≥, el que dispuso la tierra para siempre y la llen√≥ de animales cuadr√ļpedos, el que env√≠a la luz, y ella va, el que llama, y temblorosa le obedece; brillan los astros en su puesto de guardia llenos de alegr√≠a, los llama √©l y dicen: ¬°Aqu√≠ estamos!, y brillan alegres para su Hacedor. Este es nuestro Dios, ning√ļn otro es comparable a √©l. El descubri√≥ el camino entero de la ciencia, y se lo ense√Ī√≥ a su siervo Jacob, y a Israel su amado. Despu√©s apareci√≥ ella en la tierra, y entre los hombres convivi√≥. Ella es el libro de los preceptos de Dios, la Ley que subsiste eternamente: todos los que la retienen alcanzar√°n la vida, mas los que la abandonan morir√°n. Vuelve, Jacob y abr√°zala, camina hacia el esplendor bajo su luz. No des tu gloria a otro, ni tus privilegios a naci√≥n extranjera.¬†Felices somos, Israel, pues lo que agrada al Se√Īor se nos ha revelado.

Séptima lectura

Ezequiel (Ez 36, 16-28)

La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos t√©rminos: Hijo de hombre, los de la casa de Israel que habitaban en su tierra, la contaminaron con su conducta y sus obras; como la impureza de una menstruante era su conducta ante m√≠. Entonces yo derram√© mi furor sobre ellos, por la sangre que hab√≠an vertido en su tierra y por las basuras con las que la hab√≠an contaminado. Los dispers√© entre las naciones y fueron esparcidos por los pa√≠ses. Los juzgu√© seg√ļn su conducta y sus obras. Y en las naciones donde llegaron, profanaron mi santo nombre, haciendo que se dijera a prop√≥sito de ellos: ¬ęSon el pueblo de Yahveh, y han tenido que salir de su tierra.¬Ľ Pero yo he tenido consideraci√≥n a mi santo nombre que la casa de Israel profan√≥ entre las naciones adonde hab√≠a ido. Por eso, di a la casa de Israel: As√≠ dice el Se√Īor Yahveh: No hago esto por consideraci√≥n a vosotros, casa de Israel, sino por mi santo nombre, que vosotros hab√©is profanado entre las naciones adonde fuisteis. Yo santificar√© mi gran nombre profanado entre las naciones, profanado all√≠ por vosotros. Y las naciones sabr√°n que yo soy Yahveh – or√°culo del Se√Īor Yahveh – cuando yo, por medio de vosotros, manifieste mi santidad a la vista de ellos. Os tomar√© de entre las naciones, os recoger√© de todos los pa√≠ses y os llevar√© a vuestro suelo. Os rociar√© con agua pura y quedar√©is purificados; de todas vuestras impurezas y de todas vuestras basuras os purificar√©. Y os dar√© un coraz√≥n nuevo, infundir√© en vosotros un esp√≠ritu nuevo, quitar√© de vuestra carne el coraz√≥n de piedra y os dar√© un coraz√≥n de carne. Infundir√© mi esp√≠ritu en vosotros y har√© que os conduzc√°is seg√ļn mis preceptos y observ√©is y practiqu√©is mis normas. Habitar√©is la tierra que yo di a vuestros padres. Vosotros ser√©is mi pueblo y yo ser√© vuestro Dios.

Epístola

De la Carta de Pablo a los Romanos (Rm 6, 3-11)

Hermanos: Todos los que hemos sido incorporados a Cristo Jes√ļs por medio del bautismo, hemos sido incorporados a √©l en su muerte. En efecto, por el bautismo fuimos sepultados con √©l en su muerte, para que, as√≠ como Cristo resucit√≥ de entre los muertos por la gloria del Padre, as√≠ tambi√©n nosotros llevemos una vida nueva.

Porque, si hemos estado íntimamente unidos a él por una muerte semejante a la suya, también lo estaremos en su resurrección. Sabemos que nuestro hombre viejo fue crucificado con Cristo, para que el cuerpo del pecado quedara destruido, a fin de que ya no sirvamos al pecado, pues el que ha muerto queda libre del pecado.

Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros de que tambi√©n viviremos con √©l; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no nunca morir√°. La muerte ya no tiene dominio sobre √©l, porque al morir, muri√≥ al pecado de una vez para siempre; y al resucitar, vive ahora para Dios. Lo mismo ustedes, consid√©rense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jes√ļs, Se√Īor nuestro.

EVANGELIO DEL D√ćA

Evangelio seg√ļn San Marcos (Mc 16, 1-7)

Transcurrido el s√°bado, Mar√≠a Magdalena, Mar√≠a (la madre de Santiago) y Salom√©, compraron perfumes para ir a embalsamar a Jes√ļs. Muy de madrugada, el primer d√≠a de la semana, a la salida del sol, se dirigieron al sepulcro. Por el camino se dec√≠an unas a otras: ‚Äú¬ŅQui√©n nos quitar√° la piedra de la entrada del sepulcro?‚ÄĚ Al llegar, vieron que la piedra ya estaba quitada, a pesar de ser muy grande.

Entraron en el sepulcro y vieron a un joven, vestido con una t√ļnica blanca, sentado en el lado derecho, y se llenaron de miedo. Pero √©l les dijo: ‚ÄúNo se espanten. Buscan a Jes√ļs de Nazaret, el que fue crucificado. No est√° aqu√≠; ha resucitado. Miren el sitio donde lo hab√≠an puesto. Ahora vayan a decirles a sus disc√≠pulos y a Pedro: ‚Äė√Čl ir√° delante de ustedes a Galilea. All√° lo ver√°n, como √©l les dijo‚Äô ‚ÄĚ.

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