Al llegar el Domingo de Ramos, el Cardenal Carlos Castillo recordó que Jesús quiso identificarse con los que sufren para decirnos que el futuro de la humanidad viene de los últimos de la tierra, de los pequeños, de los pobres.
Así como el Señor entra a Jerusalen en un burrito, en la actualidad, también camina con nosotros, viaja en el bus o el colectivo, y está presente en medio del dolor de su pueblo. Por eso, para encontrar la solución a los problemas, debemos aprender a rastrear al Señor en las situaciones concretas. Con este mensaje, el arzobispo Carlos Castillo ha dado inicio a las celebraciones de Semana Santa en la Arquidiócesis de Lima.

Ahora que el mundo se encuentra al borde de una guerra generalizada, necesitamos orar intensamente por la paz desarmada y desarmante. El Prelado aseguró que Jesús nos desarma con su Palabra y nos enseña un camino de servicio. «En vez de procurar la fama, el poder, la arrogancia, la petulancia, Él se coloca en el corazón de los que más sufren y muere por ellos», afirmó.
Caminemos como Santo Toribio, caminemos con Jesús y celebremos con profundidad y alegría estos días fundamentales de la salvación de la humanidad.
Durante su homilía, el Primado del Perú hizo eco del mensaje que el Papa León XIV ha transmitido en el Domingo de Ramos. El Pontífice invitó a los fieles a acompañar a Cristo en su camino hacia la cruz, describiendo su pasión como un acto de entrega total por amor a la humanidad. En su reflexión, subrayó que Jesús no enfrenta la persecución con fuerza ni venganza, sino con mansedumbre y misericordia, transformando el sufrimiento en un regalo de amor para todos.
León XIV recordó que el Mesías entra en Jerusalén montado en un asno, cumpliendo la profecía de Zacarías, como señal de humildad y como rechazo explícito del poder militar. Además, citó el momento en que Jesús detiene a su discípulo que intenta defenderlo con una espada, reafirmando que la violencia solo genera más violencia.
El Papa insistió en que Dios no puede ser utilizado para justificar conflictos armados ni enfrentamientos. Con palabras contundentes, recordó que el Señor rechaza las plegarias de quienes tienen “las manos llenas de sangre”, en una clara advertencia contra cualquier intento de usar la religión como instrumento para la guerra.
En su último grito dirigido al Padre escuchamos el llanto de quienes están abatidos, de quienes carecen de esperanza, de quienes están enfermos, de quienes están solos. … Escuchamos el gemido de dolor de cada uno de los que están oprimidos por la violencia y de cada víctima de la guerra. Cristo, Rey de la paz, sigue clamando desde su cruz: ¡Dios es amor! ¡Tengan piedad! ¡Depongan las armas, recuerden que son hermanos!
PAPA LEÓN XIV

