
Durante la Misa y Te Deum por el 491.° Aniversario de fundación de Lima, Monseñor Juan José Salaverry exhortó a nuestras autoridades a asumir un compromiso creativo y solidario frente a las necesidades de nuestros ciudadanos. El obispo auxiliar de Lima recordó que Dios camina junto a la historia de Lima, animando a servir con esperanza y compromiso a quienes más lo necesitan.
La Celebración Eucarística tuvo como lugar central la Basílica Catedral de Lima y contó con la presencia del Alcalde Metropolitano de Lima, Renzo Reggiardo, miembros del Cabildo Catedralicio, regidores municipales, autoridades civiles y militares, sacerdotes y laicos.
Durante la liturgia, Monseñor Salaverry recordó que, así como Dios acompañó al Pueblo de Israel a lo largo de las diversas etapas de la historia, también ha estado presente en el caminar de Lima a lo largo de los siglos:
«Al conmemorar los 491 años de la fundación de nuestra ciudad, podemos recordar que, a través de las distintas autoridades que han pasado por Lima, Dios ha estado siempre atento a la historia de nuestro pueblo», expresó.
Destacó también que la historia de Lima no se limita a su fundación hace casi cinco siglos, sino que se remonta a tiempos anteriores, y que uno de los valores más profundos de la ciudad es su religiosidad y su fe expresada en sus tradiciones, templos y celebraciones. «Como caminó junto al pueblo de Israel, de la misma manera debemos estar convencidos de que Dios camina en la historia de Lima», afirmó.
Inspirado en el evangelio de Marcos (Marcos 2, 1-12), donde el paralítico es llevado ante Jesús por cuatro camilleros, Monseñor Salaverry exhortó a nuestras autoridades a asumir un compromiso creativo y solidario frente a las necesidades de nuestros ciudadanos. «Ahí donde la vida está en peligro, ahí donde la falta de dinamismo del Espíritu y de la vida están presenten es ahí donde se necesita de personas creativas para encontrar los medios de solución a las realidades de nuestro Pueblo».
El obispo reflexionó en torno a las grandes necesidades y demandas que persisten en nuestra sociedad, como la inseguridad ciudadana, las extorsiones, las muertes, las protestas o manifestaciones, las madres de las ollas comunes, y que requieren de una atención y de un trabajo en conjunto.
Lima necesita de hombres y mujeres con verdadero espíritu de servicio, que no lleguen a los cargos para servirse, sino para servir al pueblo.
Recordando las palabras del Papa Francisco, el obispo auxiliar de Lima enfatizó que lo más importante en la Iglesia y en la sociedad es siempre la persona y su dignidad, continuando así con las enseñanzas del Evangelio. «Necesitamos poner como prioridad a las personas, a su dignidad, a aquella que necesita ser curada y atendida», remarcó.
Finalmente, Monseñor Salaverry expresó su cariño y gratitud por la comunidad limeña, recordando las necesidades y el compromiso que debe continuar y mantener para una ciudad más esperanzadora y acogedora. «Que sea nuestro orgullo ser de Lima y estar al servicio de Lima; de esta Lima santa, religiosa y llena de esperanza», concluyó.

