Alrededor de cuarenta jóvenes de la Parroquia El Sagrario recibieron el sacramento de la Confirmación en la Basílica Catedral de Lima. Durante su homilía, el Cardenal Carlos Castillo invitó a los confirmantes «a recibir el amor de Dios y los dones del Espíritu Santo para suscitar la responsabilidad, madurez y solidaridad en los momentos más difíciles».

El arzobispo de Lima se dirigió a la jóvenes confirmantes de la parroquia El Sagrario en el marco de la Fiesta de San Juan Apóstol, el discípulo amado y ejemplo de una fe que nace del encuentro cercano con Jesús. Expresó que, al llegar al recibir el sacramento de la Confirmación, «hemos revisado nuestra vida y la hemos compartido con otros», preparando un camino de fe vivido en comunidad y tratando de descubrir un sentido más profundo de la vida.
El Prelado sostuvo que, en las búsquedas de los jóvenes, es posible encontrar nuevas formas y experiencias de vivir la Iglesia, aprendiendo a rastrear al Señor en el corazón de las circunstancias, especialmente, en las vivencias de los más pequeños. Esto es lo que se produjo con el misterio de la Natividad, cuando Dios decidió encarnarse en el seno de una familia pobre y sencilla para decir a la humanidad que «la lógica de la fe no consiste en que ‘yo amo a Dios’, sino ‘me dejo amar por Dios y acepto que Él venga a mi vida'».
Recibir los dones del Espíritu Santo para ser testigos del amor de Cristo
A través del rito de la unción con el Santo Crisma, que simboliza la entrega espiritual y el sí a Cristo, el Primado del Perú exhortó a todos los confirmados a estar dispuestos a acoger los dones del Espíritu Santo:
«La impregnación con el óleo que recibieron es la sabiduría, inteligencia, bondad y piedad de los dones del Espíritu Santo que nace del amor de Dios. Estos dones ayudan a crecer en madurez y a asumir con responsabilidad las decisiones de la vida, incluso en medio de las dificultades», indicó.
Queridos jóvenes, los animo a ser testigos del Señor. El Espíritu Santo acompaña a quienes deciden caminar con fe y compromiso.
Una paz desarmada y desarmante
En otro momento, el arzobispo limeño reflexionó sobre la necesidad de construir un mundo más humano y solidario con el concurso de todos: «Vivimos una crisis de valores en la humanidad y creemos que el dinero y el poder pueden imponerse ante la verdad y el valor de las personas», advirtió.
En esa misma línea, siguiendo el llamado del Papa León XIV, invitó a los jóvenes a ser constructores de paz como signo de esperanza y cambio: «Hagamos que la paz se instale en el mundo, una paz desarmada y desarmante para poner al servicio del bien común”, acotó.
Por su parte, el Padre César Oré, párroco de la Parroquia El Sagrario, alentó a los jóvenes a mantener viva la alegría que los caracteriza, para que «sean perseverantes en el amor de Cristo, logrando mantener esa amistad con Jesús».


