Al iniciarse un nuevo año escolar, más de 200 personas, entre directivos, promotores, docentes y personal administrativo que integran los diferentes colegios de la Asociación de Instituciones Educativas Católicas (AIEC), se congregaron para participar de la Misa de Envío oficiada por Monseñor Juan José Salaverry.
El obispo auxiliar de Lima animó a los educadores a asumir con esperanza y firmeza su misión formadora: «Que el Señor los tenga a ustedes bien atendidos para que se replique en los alumnos y sus familias como signo de comunión e integración», expresó.

Durante su homilía, Monseñor Salaverry reflexionó sobre el compromiso que deben tomar las instituciones educativas católicas ante los desafíos actuales. Recordó la figura de Santo Toribio de Mogrovejo, destacando su cercanía y servicio como modelo para transformar realidades difíciles desde la fe:
«Tenemos un compromiso que asumir y no podemos deshacernos de él, porque ahí se ve la misión de formadores y nuestra vocación como hombres y mujeres de iglesia», apuntó.
Monseñor Salaverry exhortó a iniciar este nuevo año escolar con unidad y entusiasmo, renovando «nuestras labores como un signo de comunión» que debe verse plasmado en las tareas pedagógicas.
Signos de esperanza y ejemplo
El obispo auxiliar de Lima recordó la importancia de valorar los signos de esperanza presentes en la historia y en la vida cotidiana de las instituciones educativas: profesores, personal de apoyo y colaboradores que, con testimonio coherente, han dejado huella en generaciones enteras sin dejarse avasallar por la corrupción:
«Tal vez no recordamos a todos los que nos formaron, pero sí recordamos a aquel profesor que nos trataba bien y nos enriquecía con su ejemplo. Esos son los signos que nos ha regalado el Señor y que nos tiene que alimentar para seguir adelante en este proyecto», indicó.
Educar la cabeza, el corazón y las manos
Por su parte, el Director de AIEC y ODEC Lima, Sixto Galindo, recordó la enseñanza del Papa Francisco sobre el sentido profundo de la educación integral: «Educar es armonizar el lenguaje de la cabeza, el lenguaje del corazón y el lenguaje de las manos».
Galindo explicó que educar la cabeza significa comprender y valorar el conocimiento, educar el corazón implica humanizar lo humano, mientras que educar las manos fomenta el servicio, la solidaridad y el bien común.
Al término de la Misa de Envío, se dedicó un espacio a la presentación de números artísticos a cargo de los colegios San Ignacio, San Ricardo, San Norberto y San Juan María Vianney.
El evento contó con la asistencia del ingeniero Juan Narváez, director de la Sindicatura Eclesiástica del Arzobispado de Lima; el Padre Alfredo Luján, Coordinador de la Pastoral de AIEC; así como miembros directivos y docentes de AIEC.


