Más de mil religiosos y religiosas de la Arquidiócesis de Lima se congregaron en la Basílica Maria Auxiliadora, en Breña, para celebrar la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada. La Eucaristía fue presidida por el Nuncio Apostólico en el Perú, Monseñor Paolo Rocco Gualtieri, quien animó a los consagrados a perseverar en su servicio frente a la necesidad del país.
«Existe una profunda necesidad de esperanza y paz en el corazón de cada hombre y cada mujer, y ustedes, consagrados y consagradas, están llamados a ser portadores y testigos de ello con su vida», manifestó.

Inspirado en el evangelio de la Presentación del Señor (Lucas 2, 22-40), Monseñor Paolo Rocco destacó las figuras de Simeón y la profetisa Ana, quienes reconocen en el niño Jesús como al salvador. Simeón lo proclama: “luz para alumbrar a las naciones y gloria del pueblo de Israel”, mientras que Ana lo anuncia como “libertador de Jerusalén”.
El Nuncio recordó que, así como Simeón y Ana, los consagrados están llamados a salir al encuentro de Cristo y anunciarlo al mundo: “Cada instituto religioso debe ser como Simeón, que acoge entre sus brazos al Señor y lo muestra como consolación y luz de a las naciones”. Y debemos ser también como la profetisa Ana, hablar de Jesús a todos. Está aquí la misión de la evangelización de la iglesia.
Llamados a seguir al Señor
Monseñor Paolo Rocco resaltó la importancia de participar activamente en la vida de la fe, llevando siempre la luz de Cristo a la comunidad:
Llevamos en nuestras manos cirios encendidos para significar el esplendor divino de aquel que viene a nosotros, iluminando todo con abundancia de la luz eterna.
Por otro lado, Monseñor Rocco se refirió a la carta a los Hebreos destacando dos títulos fundamentales de Cristo: Hijo de Dios y hermano nuestro. Estos títulos – explicó – ayudan a la Iglesia y los institutos religiosos a vivir un equilibrio esencial en la pastoral: «es el Señor quien nos enseña como servir a los hombres y que nos hace partícipe de la vida divina y también de nuestro hermano».
Asimismo, recordó la importancia del mensaje del Santo Padre Francisco a los consagrados en Cristo: «Es el Señor quien nos enseña a cómo servir a los hombres, cada día, y siempre deben ser hombres del tabernáculo para ir a encontrar al Señor porque él nos enseña a servir humildemente».
La misa contó con la participación de diversas asociaciones religiosas entre congregaciones, institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica, que se unieron en oración y celebración desde sus distintos carismas. Concelebraron el Padre Octavio Soto Laredo, OSJ., Vicario Episcopal de la Vida Consagrada, y el Padre Juan Pablo Alcas, inspector de la Familia Salesiana del Perú.

