Santos del Día

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S. GREGORIO VII, PAPA

Hildebrando de Sovana fue elegido Papa en 1073. Vivió una época dura para la Iglesia. Las tensiones con Enrique IV, que quería administrar los nombramientos episcopales, desembocan en la excomunión del monarca, quien va a Canossa a pedir perdón. Pablo V lo proclama Santo en 1606.

S. BEDA VENERABILE, SACERDOTE BENEDICTINO, DOCTOR DE LA IGLESIA

«Yo, Beda, siervo de Cristo y sacerdote del monasterio de los Beatos Apóstoles Pedro y Pablo, que está en Wearmouth y Jarrow… nací en el territorio de dicho monasterio, y a la edad de siete años mis padres me confiaron al cuidado del Reverendísimo Abad Benedicto, y más tarde a Ceolfrid, para ser instruido. Desde ese momento pasé toda mi vida en dicho monasterio». Así escribe el Venerable Beda en 731 en su Historia ecclesiastica gentis Anglorum (una de las mayores obras de la historiografía de la Alta Edad Media). Su nacimiento está fechado entre 672 y 673. Se hizo diácono a los 19 años y fue ordenado sacerdote a los 30 años. Dedicó toda su vida al estudio de la Sagrada Escritura y a la enseñanza «semper aut discere aut docere aut scribere», (siempre aprender o enseñar o escribir), es su único interés y, por eso, sus días están enmarcados en la oración y el canto coral.

Llamado «el Venerable» por su gran sabiduría y conocimiento

Beda debe su grande cultura a la lectura de los libros de las bibliotecas de Wearmouth y Jarrow, por lo que su educación es amplia y articulada y su conocimiento de una vastedad asombrosa. Lee griego y hebreo, se inspira en Cicerón, Virgilio, Lucrecio, Ovidio, Terencio y en particular en los Padres de la Iglesia, especialmente en el estudio de la Biblia. Y así, en sus lecciones, emerge su sabiduría y teología. La didáctica de Beda es una didáctica interdisciplinaria, que explica los Textos Sagrados también a través de autores de la antigüedad pagana y a través del conocimiento científico de su tiempo. Como fruto de su erudición tenemos innumerables escritos teológicos, históricos y científicos, pero también trabajos académicos y pedagógicos. Beda murió el 26 de mayo de 735 en Jarrow donde fue sepultado. En 1022 sus restos fueron trasladados a la catedral de Darham a instancias de Eduardo el Confesor, el penúltimo rey de los anglosajones y rey de Inglaterra. El epíteto «Venerable», con el que Beda era llamado ya en vida gracias a su reputación de santidad y sabiduría, se difundió muy pronto, tanto que el Concilio de Aquisgrán lo describió como «venerabilis et modernis temporibus doctor admirabilis Beda» (el Venerable y maravilloso doctor de nuestro tiempo Beda). El 13 de noviembre de 1899 León XIII lo declaró Doctor de la Iglesia.

Los escritos

Beda es el autor del primer martirologio histórico; escribió manuales; para los monjes copistas, escribió el Liber de loquela per gestum digitorum que enseña a contar con los dedos; compuso poemas y versos. Sin embargo, se interesó sobre todo por la historia y comentó e interpretó en particular la Sagrada Escritura («La Sagrada Escritura es la fuente constante de la reflexión teológica de Beda», precisó Benedicto XVI en la catequesis de la audiencia general del 18 de febrero de 2009 dedicada al monje inglés). Por sus comentarios, tratados y colecciones de homilías, se le considera el mayor exégeta de la Iglesia occidental a partir del final de la era patrística. Su versión de la Biblia fue usada por la Iglesia hasta 1966. Muy conocida es su Historia Eclesiástica de los pueblos anglicanos: unas 400 páginas recogidas en 5 libros, con la narración política y eclesiástica de la historia de Inglaterra desde la época de César hasta sus días.

Antes y después de Cristo… una cuestión de números

Considerando el nacimiento de Cristo como el centro de la historia, Beda fue el primero en contar los años «antes de Cristo» y «después de Cristo». «El cómputo que elaboró científicamente para establecer la fecha exacta de la celebración de la Pascua, y por lo tanto todo el ciclo del año litúrgico, se ha convertido en el texto de referencia para toda la Iglesia Católica» (Benedicto XVI, Audiencia General del 18 de febrero de 2009). Beda inventó también las anotaciones y las notas a pie de página. Finalmente hay que recordar que el lema del Papa Francisco «Miserando atque eligendo», reproducido en el escudo pontificio, está tomado de la Homilía 21 de Beda sobre el episodio evangélico de la vocación de San Mateo: «Vidit ergo Iesus publicanum et quia miserando atque eligendo vidit, ait illi Sequere me» escribe Beda (Jesús vio un publicano y mirándolo con un sentimiento de amor, lo eligió y le dijo: Sígueme).

S. MARÍA MAGDALENA DE’ PAZZI, VIRGEN

La fecha y el lugar del nacimiento de Santa María Magdalena de Pazzi fue la Florencia del Renacimiento, rica ciudad dominada por la poderosa familia de los Medici. Maddalena, sin embargo, el único renacimiento que espera es el de la Iglesia y el único poder que reconoce es el del amor de Dios. Su fuerza es la oración: una oración ferviente y constante que la acompaña a lo largo de su breve vida. Nacida en 1566 en la noble familia florentina del Geri de Pazzi y bautizada con el nombre de Catalina, desde temprana edad sintió la atracción hacia un diálogo íntimo con Dios. A la edad de 16 años, en 1582, entró en el Monasterio de Santa María de los Ángeles y tomó el nombre de María Magdalena.

La intensa temporada mística

En los primeros años de su vida monástica fue sacudida por una enfermedad que le impidió acostarse, tanto que profesó sus votos sentada en una cama, especialmente colocada frente al altar de la Virgen. A partir de ese momento, la futura Santa experimentó un intenso periodo místico que sus hermanas recogieron y documentaron en varios volúmenes de manuscritos, entre ellos Los Cuarenta Días fechado en 1584, Las Conversaciones y las Revelaciones e Inteligencias fechado en 1585. En sus relatos, María Magdalena nos exhorta a corresponder al amor de Cristo por el hombre, manifestado en su Pasión. Las cosas cambian a partir de 1586. María Magdalena comenzó a experimentar un fuerte sufrimiento interior: privada del sentimiento de la gracia, se sintió como «Daniel en el foso de los leones», desgarrada entre pruebas y tentaciones que se describirán más adelante en el volumen sobre las Pruebas de la Vida.

Su compromiso por la renovación de la Iglesia

Es precisamente en este momento difícil de su vida que María Magdalena sintió la necesidad de comprometerse aún más por la renovación de la Iglesia, iniciada por el Concilio de Trento. Por ese motivo la religiosa escribió varias cartas al Papa Sixto V, a los cardenales, a los arzobispos, incluyendo el de Florencia, Alejandro de Medici (el futuro León XI), reafirmando la necesidad de la «renovación de la Iglesia» y para combatir la «tibieza» de muchos bautizados. En total, son doce misivas – dictadas en momentos de éxtasis y tal vez nunca enviadas – donde Magdalena afirma con valentía que escribe motivada por «ser una novia y no una sierva» de Dios, y que actúa en razón de una profundización teológica de la alianza esponsal con el Señor; alianza rica en amor puro que no busca ninguna recompensa, como el amor del Hijo de Dios.

«Â¡Venid y amad el amor!»

En 1590 terminó el período oscuro de María Magdalena que, con nueva energía, decidió dedicarse a la formación de las novicias, convirtiéndose en su punto de referencia. «Â¡Venid y amad el amor!» le pidió a sus hermanas, exhortándolas a difundir la bella noticia del amor de Dios por cada criatura. Poco después, sin embargo, cayó gravemente enferma de tuberculosis: durante tres años sufrió atroces sufrimientos que la obligaron a retirarse de la vida activa de la comunidad y a sumergirse totalmente en el «sufrimiento desnudo», por amor de Dios. La muerte la sorprendió el 25 de mayo de 1607, a sólo 41 años de edad.

La centralidad de la Trinidad

Su reputación de santidad se extendió con mucha prontitud y, ni siquiera veinte años después, en 1626, el Papa Urbano VIII la proclamó beata. Clemente IX la canonizó el 28 de abril de 1669. Hoy sus restos -que han permanecido incorruptos- descansan en el Monasterio dedicado a ella, situado en el barrio de Careggi de Florencia. A la grande mistica florentina le debemos la centralidad de la Trinidad en la vida espiritual y eclesial, y también la experiencia interior como un profundo amor a Dios, pues María Magdalena fue una enamorada del Amor divino.

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