A la luz del magisterio del Papa León XIV y la encíclica ‘Magnifica Humanitas’, el Padre Guillermo Acero, rector del Seminario Santo Toribio de Mogrovejo, nos invita a mirar la formación integral en el sacerdocio desde la madurez afectiva, la sinodalidad y la valentía de sanar con verdad y ternura las heridas más profundas de nuestra Iglesia.
«El sacerdocio no es una huida de lo que no se quiere enfrentar, ni un refugio ante dificultades afectivas, familiares o sociales; tampoco una promoción o un resguardo, sino un don total de la existencia», estas fueron las palabras que León XIV dirigió a un grupo de jóvenes seminaristas con motivo de los 400 años de fundación del Seminario Mayor San Carlos y San Marcelo, de Trujillo. Y este también fue el punto de partida de un sincero diálogo entre el padre Guillermo Acero y el periodista Juan José Dioses, durante el podcast «Fe y Realidad».
El sacerdote colombiano de la Congregación de Jesús y María (Padres Eudistas) compartió una honda reflexión sobre la identidad del sacerdote en el mundo de hoy, recordando con esperanza que el Señor no deja de llamar y de salir al encuentro de su pueblo en medio de un cambio de época desafiante y marcado por el dominio de la tecnología.

Pedagogía de la libertad y la misión pastoral
El padre Acero reconoció que, si bien la Iglesia occidental y latinoamericana han experimentado un decrecimiento numérico respecto a la «bonanza» vocacional de la década de los 80, esta situación plantea un reto de discernimiento antes que de desánimo, afirmando con convicción que «el Señor llama en todos los tiempos».
La decisión de «abrir las puertas» a la vida misionera y pastoral en parroquias fue otro eje importante de la entrevista. Guillermo Acero explicó que el temor en algunos sectores de la Iglesia por «exponer» a los futuros sacerdotes al mundo real – proponiendo, en cambio, a un aislamiento rígido – desnaturaliza la vocación misionera en el sacerdocio. Optar por la represión o la vigilancia obsesiva, evitando la interacción con mujeres o prohibiendo el uso de redes sociales y dispositivos tecnológicos, por ejemplo, pueden desencandenar un constante temor al castigo o al tabú:
«No hay nada más tormentoso que ver a un pobre muchacho estar todos los días luchando porque miró o no miró, o por el mal pensamiento que tuvo. Esa persona no vive sanamente, vive angustiada todo el tiempo y va desarrollando una serie de problemas psicológicos y morales que puede conducirlos al riesgo de llevar dos vidas: una frente al Señor, al Santísimo; y otra donde siente que puede hacer lo que quiere», advirtió.

Para el rector del seminario, la respuesta a esta alarmante fragmentación interior no radica en hacer más agresiva la custodia, sino en cambiar la mirada del formador: «Dejar que una persona sea libre es dejar que también se muestre como es, y desde lo que es se pueda acompañar esos procesos de sanación, de perdón, de revisión, de discernimiento», acotó.
La vida cristiana no es «luchar» contra el «demonio». La vida cristiana – como la enseña Jesús – es entregarnos por los demás y, por consecuencia, se vence al mal. Es un dedicar la vida al Reino de Dios.
Frivolidad, corrupción y la urgencia de desarmar un «clericalismo de élite»
En otro momento, el padre Acero reflexionó en torno a las situaciones de frivolidad, ambición de poder, abusos y corrupción en algunos grupos de la Iglesia, asegurando que estas tentaciones desfiguran la misión del sacerdocio y corren el riesgo de introducirse en el camino formativo de los seminaristas. Aludiendo a ‘Magnifica Humanitas’, el sacerdote eudista citó el número 86 de la carta encíclica para señalar que es necesario un riguroso «examen de conciencia para la Iglesia, casa y escuela de comunión» como actitud de transparencia y arrepentimiento de los errores históricos.
El reconocimiento de las propias faltas – indicó con voz enfática – implica un acto de humildad como expresión de una «Iglesia honesta» que tiene el valor de asumir el dolor de las víctimas como propio: «Cuando hay pecado, hay que enfrentarlo, claro que sí», precisó.
Cuando una persona usa las cosas de Dios para manipular, destruir vidas, hacer daño, estamos ya en el camino de la corrupción, y eso es lo que queremos evitar a toda costa. El Papa Francisco decía: ‘Pecadores sí, corruptos no’.
Este enfoque pastoral e integral que plantea el rector del seminario pasa por una cultura de la prevención y una auténtica experiencia de cultura vocacional que supere cualquier forma de clericalismo en la Iglesia: «La identidad sacerdotal no debe forjarse de espaldas a los dolores del pueblo, sino compartiendo sus dinámicas sociales e involucrándose en el voluntariado directo, desgastando la vida en las realidades complejas de las periferias geográficas y pastorales», añadió.

Escucha y formación diocesana en clave sinodal
Con miras a la anunciada visita apostólica del Papa León XIV al Perú, y recogiendo los frutos de la II Asamblea Sinodal de la Arquidiócesis de Lima, el padre Guillermo Acero hizo un llamado a «seguir escuchando hasta el cansancio, escuchando la voz de Dios en nuestro pueblo que nos habla».
Para el rector del Seminario Santo Toribio de Mogrovejo, la vocación sacerdotal no puede entenderse como una aventura individual, admitiendo que nadie está exento de la experiencia de la vida comunitaria:
El diocesano no es una especie de isla en un archipiélago, para nada. Está igualmente invitado a la vida común y, desde esa experiencia, proyectar también la misión.
Finalmente, haciendo eco de la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis (2016) y de los frutos emanados en el Sínodo de la Sinodalidad, el padre Acero insistió en que el proceso formativo debe romper con la vieja estructura de «burbuja» o «incubadora» que desconecta al seminarista de las alegrías y dolores del Pueblo de Dios. La sinodalidad, en este sentido, exige una pedagogía de la proximidad y del encuentro con la diversidad:
«Una de las insistencias más grandes es la cercanía del candidato al mundo real, al mundo de la parroquia, al mundo de la calle, al mundo de la diversidad cultural de las personas para que haya una serie de interacciones que ya le van exigiendo, desde aquí y ahora, a ser un auténtico pastor», comentó.
